Buscar

Etiqueta

microrrelato

El sueño de los insectos

Imagen destacada: Fotografia de un escarabajo amazonico por Levon Biss

 

Un microcuento de Álvaro Mutis

 

El sueño de los insectos está hecho de metales desconocidos que penetran en delgados taladros hasta el reino más oscuro de la geología. Seguir leyendo “El sueño de los insectos”

Anuncios

Un teólogo en la muerte

Imagen destacada: Fragmento de El Jardín de las delicias, El Bosco.

 

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de Manuel Swedenborg*

 

Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo:

-He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe. Seguir leyendo “Un teólogo en la muerte”

May Goulding

Imagen destacada: Autorretrato del autor

 

Un microcuento de Jame Joyce

 

La madre de Stephen, extenuada, rígidamente surge del suelo, leprosa y
turbia, con una corona de marchitos azahares y un desgarrado velo de novia,
la cara gastada y sin nariz, verde de moho sepulcral. El pelo es lacio,
ralo. Fija en Stephen las huecas órbitas anilladas de azul y abre la boca
desdentada, diciendo una silenciosa palabra.
La Madre 

(Con la sonrisa sutil de la demencia de la muerte)

Yo fui la hermosa May Goulding. Estoy muerta. Seguir leyendo “May Goulding”

La caja de sorpresas*

Cuento por Juan Carlos Moyano**

 

Descubrimos al payaso parado en una de las esquinas del parque. Tenía instalada la caja sobre un carrito con ruedas de bicicleta y pulsaba una guitarra de cuerdas destempladas.

-¿Cuánto vale? – Le dijimos, mientras nos arremolinábamos llenos de curiosidad.

– Es gratis para los primeros cinco – Sentimos que la voz salía de la caja y no de la boca del payaso.

– Claro – Traté de explicarme el motivo del ofrecimiento – hoy es festivo y usted quiere simpatizar con los niños.

El payaso afirmó con una risita de abuelo bonachón y me señaló la lente. Cerré un ojo y miré con el otro: La caja no tenía fin y cientos de niños diminutos flotaban en el vacío. La visión me produjo miedo y quise apartarme. Di media vuelta y detecté la mirada de uno de mis amigos, que me observaba desde afuera. Seguir leyendo “La caja de sorpresas*”

Tres microcuentos de José Joaquín Duque M. Ilustración por Tobías Arboleda

Imagen destacada: Ilustración de “Equilibrio” por Tobías Arboleda

 

 

EQUILIBRIO

 
El tipo fuma tanto en la noche como va al gimnasio en el día. Ve porno y lee poesía. Ama a su esposa y a su amante. Bebe licor pero come saludable. Se persigna con la derecha y se masturba con la izquierda. Un tipo contradictorio dicen algunos. Para otros, admirablemente equilibrado. Seguir leyendo “Tres microcuentos de José Joaquín Duque M. Ilustración por Tobías Arboleda”

Un espejo después

Microcuento de Luis Fayad

 

Conocedor de su barrio y de sus lugares secretos, Leoncio recorría sus calles en cada oportunidad. Cuando ni el cansancio ni el trabajo atrasado lo obligaban a marchar a la casa, se bajaba del bus antes de su parada y pensaba en los sitios y en las casas de su recorrido. Su interés aumentaba al comprobar que no había recordado bien los pinos gemelos de una esquina, el estuco en forma de ave sostenido de una cornisa o la existencia de un perro feroz en un antejardín. Una vez, una calle que le había sido de las más familiares se fue oscureciendo a su paso, como si al final no tuviera salida. A medida que él se aproximaba al fondo se hacía más claro, no con una luz sino con un color más transparente que el de su alrededor, y sólo cuando se hallaba a corta distancia le pareció distinguir un espejo, quizá de su tamaño. Lo comprobó de cerca, y asomado a él se sobresaltó. Su reflejo copiaba sus movimientos pero no vestía con su misma ropa. Al observar mejor descubrió que la expresión de su rostro era distinta y que el vestido y la corbata que tenía puestos eran los que él pensaba llevar al día siguiente. Cuando quiso indagar más, el espejo desapareció, y volvió a aparecérsele alguna que otra vez en sus recorridos posteriores por el barrio, siempre con un día de adelanto y apenas para enterarlo de cómo iría vestido y de la expresión de su rostro en ese día. Seguir leyendo “Un espejo después”

El pañuelo que se teje solo

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de W.W Skeat

 

La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistah kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo. Seguir leyendo “El pañuelo que se teje solo”

Pesadilla lejana

Un minicuento de Luis Fayad

 

A medianoche Leoncio se despertó estremecido por una pesadilla. El efecto volvió a despertarlo antes del amanecer y su recuerdo lo inquietó durante la mañana. A la noche siguiente soñó que estaba soñando la misma pesadilla, y un instante después soñó la pesadilla. A la otra noche soñó que estaba soñando soñándose la pesadilla, y dos instantes después soñó la pesadilla, y cada noche siguiente necesitó en su sueño más tiempo para encontrarla, de modo que en algún momento desapareció y Leoncio pudo iniciar un nuevo sueño. Seguir leyendo “Pesadilla lejana”

Lingüistas

Minicuento de Mario Benedetti

 

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del congreso internacional de lingüística y afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y sus papeles y se dirigió a la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, eniólogos, críticos estructuralistas y deconstruccionalistas, todos los cuales siguieron su barboso desplazamiento con una admiración rallana en la grosemática. De pronto, las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica: ¡Qué sintagma, qué polisemia, qué significante, qué diacronía, qué centrar ceterorum, qué zungespitze, qué morfema! La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas. Solo se la vio sonreír, halagada y, tal vez, vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ¡Cosita linda! Seguir leyendo “Lingüistas”

Definición del fantasma

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de James Joyce

 

¿Qué es un fantasma? preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.

Ulysses (1921) Seguir leyendo “Definición del fantasma”

La pagoda de Babel

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de G.K. Chesterton

 

Ese cuento del agujero en el suelo, que baja quién sabe hasta dónde, siempre me ha fascinado. Ahora es una leyenda musulmana; pero no me asombraría que fuera anterior a Mahoma. Trata del sultán Aladino; no el de la lámpara, por supuesto, pero también relacionado con genios o con gigantes. Dicen que ordenó a los gigantes que le erigieran una especie de pagoda, que subiera y subiera hasta sobrepasar las estrellas. Algo como la Torre de Babel. Pero los arquitectos de la Torre de Babel eran gente doméstica y modesta, como ratones, comparada con Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo. Aladino quería una torre que rebasara el cielo, y se elevara encima y siguiera elevándose para siempre. Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra abriendo interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma del soberbio Sultán se desmorona para siempre. Seguir leyendo “La pagoda de Babel”

Glotonería mística

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de Alexandra David-Neel

 

A orillas de un río, un monje tibetano se encontró con un pescador que cocía en una marmita una sopa de pescados. El monje, sin decir palabra, se bebió la marmita de sopa hirviendo. El pescador le reprochó su glotonería. El monje entró en el agua y orinó: Salieron los peces que había comido y se fueron nadando. Seguir leyendo “Glotonería mística”

Dos minicuentos*

De  Gabriel García Márquez

 

I

Dos exploradores lograron refugiarse en una cabaña abandonada, después de haber vivido tres angustiosos días extraviados en la nieve. Al cabo de otros tres días, uno de ellos murió. El sobreviviente excavó una fosa en la nieve, a unos cien metros de la cabaña, y sepultó el cadáver. Al día siguiente, sin embargo, al despertar de su primer sueño apacible, lo encontró otra vez dentro de la casa, muerto y petrificado por el hielo, pero sentado como un visitante formal frente a su cama. Lo sepultó de nuevo, tal vez en una tumba más distante, pero al despertar al día siguiente volvió a encontrarlo sentado frente a su cama. Entonces perdió la razón. Por el diario que había llevado hasta entonces se pudo conocer la verdad de su historia. Entre las muchas explicaciones que trataron de darse al enigma, una parecía ser la más verosímil: el sobreviviente se había sentido tan afectado por su soledad que él mismo desenterraba dormido el cadáver que enterraba despierto. Seguir leyendo “Dos minicuentos*”

Tres minicuentos*

De  Gabriel García Márquez

 

I

Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”. Seguir leyendo “Tres minicuentos*”

Traición

Cuentos brevísimos*

Microcuento de Janeth Posada

 

El hombre, atraído por la leyenda de la flor que en las noches se convertía en un bella mujer, quiso cultivar la suya para apaciguar la soledad de su lecho. Así lo hizo, y la planta floreció. Una hermosa Nepenthe, la flor carnívora, fue lo último que sus manos tocaron.

Seguir leyendo “Traición”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑