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Gabriel García Marquez

El ahogado más hermoso del mundo

Cinco cuentos de Gabo (5 de 5)

Por Gabriel García Márquez

Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.

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Un señor muy viejo con unas alas enormes

Cinco cuentos de Gabo (4 de 5)

Por Gabriel García Márquez

Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas.

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La prodigiosa tarde de Baltazar

Cinco cuentos de Gabo (3 de 5)

Por Gabriel García Márquez

La jaula estaba terminada. Baltazar la colgó en el alero, por la fuerza de la costumbre, y cuando acabó de almorzar ya se decía por todos lados que era la jaula más bella del mundo. Tanta gente vino a verla, que se for­mó un tumulto frente a la casa, y Baltazar tuvo que descolgarla y cerrar la carpintería.
         —Tienes que afeitarte —le dijo Úrsula, su mujer—. Pareces un capuchino.
         —Es malo afeitarse después del almuerzo —dijo Baltazar.

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Un día de éstos

Cinco cuentos de Gabo (2 de 5)

Por Gabriel García Márquez

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.

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Ojos de perro azul

Cinco cuentos de Gabo (1 de 5)

Por Gabriel García Márquez

Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos. Yo mirándola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirándome. Le veía los párpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: «Ojos de perro azul». Ella me dijo, sin retirar la mano del velador: «Eso. Ya no lo olvidaremos nunca». Salió de la órbita suspirando: «Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes».

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Alguien desordena estas rosas

Imagen de la obra La mujer de las rosas del Teatro Hora 25*. Versión libre del cuento de Gabriel Gracía Márquez

 

 

Un cuento de Gabriel García Márquez

 

Como es domingo y ha dejado de llover, pienso llevar un ramo de rosas a mi tumba. Rosas rojas y blancas, de las que ella cultiva para hacer altares y coronas. La mañana estuvo entristecida por este invierno taciturno y sobrecogedor que me ha puesto a recordar la colina donde la gente del pueblo abandona sus muertos. Es un sitio pelado, sin árboles, barrido apenas por las migajas providenciales que regresan después de que el viento ha pasado. Ahora que dejó de llover y que el sol de mediodía debe haber endurecido el jabón de la cuesta, podría llegar hasta el túmulo en cuyo fondo reposa mi cuerpo de niño, ahora confundido, desmenuzado entre caracoles y raíces.

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Cien años de soledad, el Amadís en América*

Foto: Mario Vargas Llosa recibiendo a Gabo en el aeropuerto en 1967

 

A propósito de los 50 años de la primera publicación de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, compartimos este artículo de Mario Vargas Llosa, quien dice haberlo escrito después de haberse leído la novela en el año 1967. “Para mi, leerme Cien años de soledad fue una experiencia deslumbrante”, dice Vargas Llosa. Él mismo que, cuatro años más tarde (1971), publica el libro: García Márquez, Historia de un deicidio. Seguir leyendo “Cien años de soledad, el Amadís en América*”

A los cincuenta años –y contando– de publicación y éxito inmediato de “Cien años de soledad”

Imagen destacada: Graffiti de Toxicómano

 

Por Manuel Hernández Benavides* · Fuente: Le Monde Diplomatique*

 

En este artículo su autor se pregunta por lo que queda en una memoria del año de la publicación de la obra, tocando la dolorosa experiencia de la Matanza de las Bananeras y forzando a imaginar los muertos y la condición humanitaria en Colombia a la luz de las obsesiones del Nobel y de algunos filósofos contemporáneos como Derrida. Seguir leyendo “A los cincuenta años –y contando– de publicación y éxito inmediato de “Cien años de soledad””

Gabriel García Márquez, caballero de la imaginación

Por Álvaro Restrepo Betancur*. Fuente: Le Monde Diplomatique

 

“Lo que permanece lo fundan los poetas”
Hölderlin

 

El lenguaje es otra arquitectura. Gabriel García Márquez, caballero de la imaginación, fue el arquitecto, el fundador de un universo literario con un estilo muy particular. Seguir leyendo “Gabriel García Márquez, caballero de la imaginación”

Dos minicuentos*

De  Gabriel García Márquez

 

I

Dos exploradores lograron refugiarse en una cabaña abandonada, después de haber vivido tres angustiosos días extraviados en la nieve. Al cabo de otros tres días, uno de ellos murió. El sobreviviente excavó una fosa en la nieve, a unos cien metros de la cabaña, y sepultó el cadáver. Al día siguiente, sin embargo, al despertar de su primer sueño apacible, lo encontró otra vez dentro de la casa, muerto y petrificado por el hielo, pero sentado como un visitante formal frente a su cama. Lo sepultó de nuevo, tal vez en una tumba más distante, pero al despertar al día siguiente volvió a encontrarlo sentado frente a su cama. Entonces perdió la razón. Por el diario que había llevado hasta entonces se pudo conocer la verdad de su historia. Entre las muchas explicaciones que trataron de darse al enigma, una parecía ser la más verosímil: el sobreviviente se había sentido tan afectado por su soledad que él mismo desenterraba dormido el cadáver que enterraba despierto. Seguir leyendo “Dos minicuentos*”

Tres minicuentos*

De  Gabriel García Márquez

 

I

Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”. Seguir leyendo “Tres minicuentos*”

Máquina y laberinto de cosas

Por Sergio Ramírez*. Fuente: La Jornada/desde abajo

 

La ruptura provocada por los cuatro escritores fundamentales del boom en los años 60 del siglo pasado tuvo como beneficiarios más inmediatos a quienes pertenecíamos a la generación inmediatamente posterior. Seguir leyendo “Máquina y laberinto de cosas”

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