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Restauración de la bóveda celeste

Un cuento de Lu Hsun*

 

 

I

Nü-wa se ha despertado sobresaltada. Acaba de tener un sueño espantoso, que no recuerda con mayor exactitud; llena de pena, tiene el sentimiento de algo que falta, pero también de algo que sobra. La excitante brisa lleva indolentemente la energía de Nü-wa para repartirla en el universo. Seguir leyendo “Restauración de la bóveda celeste”

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El niño horticultor*

Pablo González Casanova (compilador) – Cuentos Indígenas – Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas*

 


 

Se cuenta que ésta era una señora que tuvo un hijo. Cuando nació lloraba mucho, ni siquiera quería mamar, sólo estaba llorando. Su mamá empezó a registrarlo buscando qué podía dolerle y no encontró nada.

Entonces ordenó su mamá que se le preparase un atole blanco. En seguida se lo hicieron como había ordenado. Mientras preparaban lo que había de tomar el niño para contentarlo, pues lloraba mucho, la señora madre estaba inquieta. Tan pronto como se coció el atole blanco, en seguida corrió la criada a llevárselo para que lo tomase el niño. Empezaron con mimos para que lo tomase y no quiso; pensaron que quería que se lo endulzaran. “Que se le endulce” [ordenaron], y se lo endulzaron. Mas tampoco quiso tomarlo. Seguir leyendo “El niño horticultor*”

Chaco

Un cuento de Liliana Colanzi* 

 

Decía mi abuelo que cada palabra tiene su dueño y que una palabra justa hace temblar la tierra. La palabra es un rayo, un tigre, un vendaval, decía el viejo mirándome con rabia mientras se servía alcohol de farmacia, pero ay del que usa la palabra a la ligera. ¿Sabés qué pasa con los mentirosos?, decía. Yo quería olvidarme del abuelo mirando por la ventana a los suchas que daban vueltas en el inmundo cielo del pueblo. O le subía el volumen a la tele. La señal llegaba con interferencia, una explosión de puntitos. A veces eso era todo lo que veíamos en la tele: puntitos. ¿Sabés lo que le pasa al que miente?, insistía el abuelo, esquelético, amenazándome con el bastón: la palabra lo abandona, y al que se queda vacío cualquiera lo puede matar. Seguir leyendo “Chaco”

La última visita del caballero enfermo

Un Cuento de Giovanni Papini*

 

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastianbo del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron -yo estoy entre esos pocos- recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos. Seguir leyendo “La última visita del caballero enfermo”

Un teólogo en la muerte

Imagen destacada: Fragmento de El Jardín de las delicias, El Bosco.

 

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de Manuel Swedenborg*

 

Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo:

-He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe. Seguir leyendo “Un teólogo en la muerte”

May Goulding

Imagen destacada: Autorretrato del autor

 

Un microcuento de Jame Joyce

 

La madre de Stephen, extenuada, rígidamente surge del suelo, leprosa y
turbia, con una corona de marchitos azahares y un desgarrado velo de novia,
la cara gastada y sin nariz, verde de moho sepulcral. El pelo es lacio,
ralo. Fija en Stephen las huecas órbitas anilladas de azul y abre la boca
desdentada, diciendo una silenciosa palabra.
La Madre 

(Con la sonrisa sutil de la demencia de la muerte)

Yo fui la hermosa May Goulding. Estoy muerta. Seguir leyendo “May Goulding”

La caja de sorpresas*

Cuento por Juan Carlos Moyano**

 

Descubrimos al payaso parado en una de las esquinas del parque. Tenía instalada la caja sobre un carrito con ruedas de bicicleta y pulsaba una guitarra de cuerdas destempladas.

-¿Cuánto vale? – Le dijimos, mientras nos arremolinábamos llenos de curiosidad.

– Es gratis para los primeros cinco – Sentimos que la voz salía de la caja y no de la boca del payaso.

– Claro – Traté de explicarme el motivo del ofrecimiento – hoy es festivo y usted quiere simpatizar con los niños.

El payaso afirmó con una risita de abuelo bonachón y me señaló la lente. Cerré un ojo y miré con el otro: La caja no tenía fin y cientos de niños diminutos flotaban en el vacío. La visión me produjo miedo y quise apartarme. Di media vuelta y detecté la mirada de uno de mis amigos, que me observaba desde afuera. Seguir leyendo “La caja de sorpresas*”

Un espejo después

Microcuento de Luis Fayad

 

Conocedor de su barrio y de sus lugares secretos, Leoncio recorría sus calles en cada oportunidad. Cuando ni el cansancio ni el trabajo atrasado lo obligaban a marchar a la casa, se bajaba del bus antes de su parada y pensaba en los sitios y en las casas de su recorrido. Su interés aumentaba al comprobar que no había recordado bien los pinos gemelos de una esquina, el estuco en forma de ave sostenido de una cornisa o la existencia de un perro feroz en un antejardín. Una vez, una calle que le había sido de las más familiares se fue oscureciendo a su paso, como si al final no tuviera salida. A medida que él se aproximaba al fondo se hacía más claro, no con una luz sino con un color más transparente que el de su alrededor, y sólo cuando se hallaba a corta distancia le pareció distinguir un espejo, quizá de su tamaño. Lo comprobó de cerca, y asomado a él se sobresaltó. Su reflejo copiaba sus movimientos pero no vestía con su misma ropa. Al observar mejor descubrió que la expresión de su rostro era distinta y que el vestido y la corbata que tenía puestos eran los que él pensaba llevar al día siguiente. Cuando quiso indagar más, el espejo desapareció, y volvió a aparecérsele alguna que otra vez en sus recorridos posteriores por el barrio, siempre con un día de adelanto y apenas para enterarlo de cómo iría vestido y de la expresión de su rostro en ese día. Seguir leyendo “Un espejo después”

Pesadilla en el hipotálamo*

Un cuento de Julio César Londoño

 

Primero, un antecedente necesario. Soy un humanista, un erudito, uno de los últimos representantes de estas especies que morirán con el siglo y serán con los años una reliquia académica, una romántica entelequia. Tal vez por esto mismo no le temo a la muerte. Tiemblo, en cambio, de sólo pensar en un traumatismo cerebral, el golpe preciso que borre de un tajo información atesorada en años de aplicación. Imaginen lo que puede sentir una persona que al despertarse una mañana y abrir el periódico encuentre que el castellano de cada día es casi tan indescifrable como el sánscrito o el pali; o que el álgebra elemental, la poética de Occidente, le resulta de pronto más abstrusa que los diagramas del estructuralismo, esa matemática del verbo; o que una serie de palabras ya oscura —agua, cilantro, Rulfo, junio y las alondras— le duele sin saber por que. Seguir leyendo “Pesadilla en el hipotálamo*”

Los crímenes de la calle Morgue

Imagen destacada: Portada del libro Los crímenes de la calle Morgue. FV Éditions

 

Un cuento de Edgar Allan Poe*

 

Las características de la inteligencia que suelen calificarse de analíticas son en sí mismas poco susceptibles de análisis. Sólo las apreciamos a través de sus resultados. Entre otras cosas sabemos que, para aquel que las posee en alto grado, son fuente del más vivo goce. Así como el hombre robusto se complace en su destreza física y se deleita con aquellos ejercicios que reclaman la acción de sus músculos, así el analista halla su placer en esa actividad del espíritu consistente en desenredar. Goza incluso con las ocupaciones más triviales, siempre que pongan en juego su talento. Le encantan los enigmas, los acertijos, los jeroglíficos, y al solucionarlos muestra un grado de perspicacia que, para la mente ordinaria, parece sobrenatural. Seguir leyendo “Los crímenes de la calle Morgue”

La pata de mono

>Cuentos de terror<

Por W.W Jacobs*

I

La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea. Seguir leyendo “La pata de mono”

El gato

Un cuento de Elkin Restrepo*

 

El gato apareció una mañana, dos meses después de la muerte de Ovidio, cuando a Brígida la vida se le hacía algo muy difícil de sobrellevar. El animal aprovechó que la puerta estaba entreabierta y se metió al apartamento, donde empezó a pasearse orondo, como si aquélla fuera su casa. Era negro como el ónix y parecía hambriento. Aunque, en un primer momento, Brígida quiso echarlo, el tono lastimero de sus maullidos la contuvo. Entonces, fue a la cocina, sirvió leche con migas de pan en un plato y lo colocó afuera, en el patio de ropas. El animal se acercó y comió hasta dejar el plato limpio. Brígida jamás lo había visto, en la urbanización estaban prohibidas las mascotas, así que no dejó de pensar que era un gato extraviado, que le traería mala suerte. Seguir leyendo “El gato”

Rashomon

Imagen destacada: Detalle de una representación de la obra Chuko Buyuden (guerreros leales), por Gosotei Hirosada

 

 

Un cuento de Ryünosuke Akutagawa*

 

Ya casi era de noche y hacía mucho frío. El sirviente de un samurai esperaba, bajo el Rashomon, que dejara de llover.

No había nadie más bajo el portal. En la gruesa columna, cuya laca carmesí se descascaraba por todas partes, solamente se había posado un grillo. Puesto que el Rashomon estaba situado en la avenida Suyaku, era concebible que otras personas —gente común con sombreros de paja o nobles con finos gorros— se protegieran allí de la tormenta. Sin embargo, no había nadie alrededor, excepto el sirviente. Seguir leyendo “Rashomon”

El pañuelo que se teje solo

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de W.W Skeat

 

La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistah kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo. Seguir leyendo “El pañuelo que se teje solo”

La mirada onírica de Luis Buñuel

Imagen destacada: Fotograma del cortometraje Un chien andalou*

 

Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento* · Fuente: FronteraD 

 

 

III. Juego de asociaciones libres o pintura de aproximación al buñuelismo (que no es el arte de hacer buñuelos… sino cine)

Casi ojo de la libertad/ Prefiguración/ Adivinación/ Casualidad/ Premonición/ Anticonformismo/ Inconformismo/ Desinterés/ Caos/ Filosofía de la muerte/ Herejía/ Anarquismo/ Surrealismo/ Marxismo/ Irreverencia/ Disfraz/ Contradicción/ Ambigüedad/ Dualidad/ Insatisfacción/ Condenación/ Generosidad/ Fraternidad/ Caridad/ Peligro/ Seguir leyendo “La mirada onírica de Luis Buñuel”

La pagoda de Babel

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de G.K. Chesterton

 

Ese cuento del agujero en el suelo, que baja quién sabe hasta dónde, siempre me ha fascinado. Ahora es una leyenda musulmana; pero no me asombraría que fuera anterior a Mahoma. Trata del sultán Aladino; no el de la lámpara, por supuesto, pero también relacionado con genios o con gigantes. Dicen que ordenó a los gigantes que le erigieran una especie de pagoda, que subiera y subiera hasta sobrepasar las estrellas. Algo como la Torre de Babel. Pero los arquitectos de la Torre de Babel eran gente doméstica y modesta, como ratones, comparada con Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo. Aladino quería una torre que rebasara el cielo, y se elevara encima y siguiera elevándose para siempre. Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra abriendo interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma del soberbio Sultán se desmorona para siempre. Seguir leyendo “La pagoda de Babel”

El árbol de piedra y agua. Mito Kofán

Relatos ancestrales (3 de 5)

 

El árbol de piedra y agua

 

Hubo una vez, hace mucho tiempo, en la que en la tierra no existían peces. Pero por esos días vivía un indígena de la tribu Kofán, un ser muy extraño, llamado Tururú, que conocía acerca de un árbol de piedra y agua en donde habitan diferentes y numerosos peces. Seguir leyendo “El árbol de piedra y agua. Mito Kofán”

Tres cuentos colombianos. (1) La desaparición…

Obra de portada del artista plástico Nicolas De la Hoz

 

 

La desaparición…

 

Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento* · Especial para El Magazín de El Espectador

 

A mi padre, como siempre, no a su memoria…

A mi madre, su Chatita, por su lealtad hacia él.

A mis hijos, Santiago & Valentina, dignos herederos de las virtudes de aquéllos…

Y a Lisandro Duque, por su lealtad hacia Fernando, su hermano.

 

 

Ese día, como siempre en los últimos nueve años, él se había levantado muy temprano, afeitado y bañado gracias a la colaboración de su hija menor y de su hijo preferido, desayunado y salido a la calle. Solo. Se había dirigido a la tienda, donde le había pedido a don Jorge, ya que no cargaba dinero en sus bolsillos, que le fiara unos pielroja sin filtro, los únicos que fumaba desde que lo había perdido todo, desde aquellos lejanos días en los que podía escoger entre chester, picadilly, camel, todos también sin filtro. Seguir leyendo “Tres cuentos colombianos. (1) La desaparición…”

La creación. Mito Uitoto

Foto por Dominic Bracco II (editada)

 

Relatos ancestrales (2 de 5)

 

La creación*

Era la nada, no había cosa alguna. Allí el Padre palpaba lo imaginario, lo misterioso. No había nada. ¿Qué cosa habría? Naainuema[1], el Padre, en estado de trance, se concentró, buscaba dentro de sí mismo. Seguir leyendo “La creación. Mito Uitoto”

El hallazgo

Un cuento de Sergio Ramírez*

 

 

     –Amigo, ¿no le han dicho a usted que se parece en penca a G.P.?

     Él se sonrió de mala gana. No le gustó la comparación y apenas contestó.

     –No, nunca me habían dicho…

     Y siguió limpiando loas vasos del bar y acomodándolos en el estante.

     –Jodido, pero sí es exacto, ¿verdad que es exacto?

     El tipo le examinaba minuciosamente y llamó a los demás parroquianos para constatar su dicho. Uno de ellos sacó sus anteojos y se los colocó con cuidado y al cabo de un rato todos afirmaban que sí era cierto, con sonrisas de descubrimiento, como si el fenómeno hubiera permanecido entre ellos durante tanto tiempo y hasta ahora alguien diera en el clavo. Seguir leyendo “El hallazgo”

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