Por Fernando González Ochoa

 

En Sabaneta, Estanislao, por entre las cañadas de la Doctora, bajo los carboneros somníferos, la carne mía, cuarentona, resurge. La carne me sonríe y se me confunde con el espíritu. No hay antinomia; existe, cuando estamos enfermos, viejos, pues entonces creamos un mundo nuevo, para engañarnos. La carne, Estanislao, es el espíritu; son los instintos los que luchan, bregan, vencen, mueren y renacen, y son ellos los que, pervertidos y flacos, crean las ideas generales, el mundo mejor que éste de la tierra en donde tiemblan las espigas del Yaraguá. Seguir leyendo “Fragmento de Cartas a Estanislao”