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desorbita

Un poema de Raúl Gómez Jattin

 

 

Si las nubes no anticipan en sus formas la historia de los hombres

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Tres poemas de Constantino Cavafis

Monotonía

A un día monótono sigue

otro monótono, idéntico. Ocurrirá

lo mismo, de nuevo volverá a ocurrir

instantes iguales nos encuentran y nos dejan. Seguir leyendo “Tres poemas de Constantino Cavafis”

El diario de un loco

Imagen destacada: Lámina 1 test de Rorschach*

 

Por Lu Hsun**

 

Dos hermanos, cuyos nombres me callaré, fueron mis amigos íntimos en el liceo, pero después de una larga separación, perdí sus huellas. No hace mucho supe que uno de ellos estaba gravemente enfermo y, como iba de viaje hacia mi aldea natal, decidí hacer un rodeo para ir a verlo. Solo encontré en casa al primogénito, quien me dijo que era su hermano menor el que había estado mal. Seguir leyendo “El diario de un loco”

Las vacas de quiviquinta

Obra destacada: Amamanto, Victoria Pareja

 

Un cuento de Francisco Rojas González*

 

Los perros de Quiviquinta tenían hambre; con el lomo corvo y la nariz
hincada en los baches de las callejas, el ojo alerta y el diente agresivo, iban los
perros de Quiviquinta; iban en manadas, gruñendo a la luna, ladrando al sol,
porque los perros de Quiviquinta tenían hambre…

 
Y también tenían hambre los hombres, las mujeres y los niños de
Quiviquinta, porque en las trojes se había agotado el grano, en los zarzos se
había consumido el queso y de los garabatos ya no colgaba ni un pingajo de
cecina…

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La Tona

Imagen destacada: Madre Otomí, Adolfo Quintero

 

Un cuento de Francisco Rojas González*

 

Crisanta descendía por la vereda que culebreaba entre los peñascos de la loma clavada entre la alde­huela y el río, de aquel río bronco al que tributaban los torrentes que, abriéndose paso entre jarales y yerbajos, se precipitaban arrastrando tras si costras de roble hurtadas al monte. Tendido en la hondo­nada, Tapijulapa, el pueblo de indios pastores. Las torrecillas de la capilla, patinadas de fervores y lamo­sas de años, perforaban la nube aprisionada entre los brazos de la cruz de hierro. Seguir leyendo “La Tona”

Pierrot

Un cuento de Guy de Maupassant

 

La señora Lefèvre era una dama de pueblo. Era una viuda de esas medio campesinas, de cintas y sombreros aparatosos, que hablan con dureza y adoptan en público aires grandiosos; de esas que ocultan, bajo aspectos cómicos y expresivos, un alma de pretenciosa estúpida y esconden, bajo guantes de seda, sus inmensas manos rojas.

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Fragmento de Cartas a Estanislao

Por Fernando González Ochoa

 

En Sabaneta, Estanislao, por entre las cañadas de la Doctora, bajo los carboneros somníferos, la carne mía, cuarentona, resurge. La carne me sonríe y se me confunde con el espíritu. No hay antinomia; existe, cuando estamos enfermos, viejos, pues entonces creamos un mundo nuevo, para engañarnos. La carne, Estanislao, es el espíritu; son los instintos los que luchan, bregan, vencen, mueren y renacen, y son ellos los que, pervertidos y flacos, crean las ideas generales, el mundo mejor que éste de la tierra en donde tiemblan las espigas del Yaraguá. Seguir leyendo “Fragmento de Cartas a Estanislao”

Ciencia y tecnología para el futuro. Elementos para una propuesta.

Imagen destacada: El hombre. Santiago Ibañez

 

Por Carlos Eduardo Maldonado* · Fuente: Le Monde Diplomatique

 

No es posible que un país avance con vocación de cambio y aporte global, sin unas políticas claras y ambiciosas en ciencia y tecnología. ¿Cómo está en ello Colombia y qué debería hacer ahora y hacia el futuro inmediato? Seguir leyendo “Ciencia y tecnología para el futuro. Elementos para una propuesta.”

El niño horticultor*

Pablo González Casanova (compilador) – Cuentos Indígenas – Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas*

 


 

Se cuenta que ésta era una señora que tuvo un hijo. Cuando nació lloraba mucho, ni siquiera quería mamar, sólo estaba llorando. Su mamá empezó a registrarlo buscando qué podía dolerle y no encontró nada.

Entonces ordenó su mamá que se le preparase un atole blanco. En seguida se lo hicieron como había ordenado. Mientras preparaban lo que había de tomar el niño para contentarlo, pues lloraba mucho, la señora madre estaba inquieta. Tan pronto como se coció el atole blanco, en seguida corrió la criada a llevárselo para que lo tomase el niño. Empezaron con mimos para que lo tomase y no quiso; pensaron que quería que se lo endulzaran. “Que se le endulce” [ordenaron], y se lo endulzaron. Mas tampoco quiso tomarlo. Seguir leyendo “El niño horticultor*”

Comer higos frescos

Por Walter Benjamin*

 

Quien siempre comió con moderación nunca experimentó lo que es una comida, nunca sufrió una comida. Así a lo sumo se conoce el placer de comer pero no la voracidad, el desvío desde la llana avenida del apetito hacia la selva de la gula. Porque en la gula se juntan ambas cosas: la desmesura del deseo y la uniformidad de aquello con que se lo sacia. Comer desaforadamente es ante todo: comer cualquier cosa, sin distinción. No caben dudas de que se penetra con mayor profundidad en lo deglutido que mediante el placer. Eso sucede cuando se muerde la mortadela como si fuera un sándwich, cuando uno se hunde en el melón como en una almohada, lame caviar del papel crujiente y simplemente olvida todas las demás cosas comestibles en presencia de una horma de queso holandés. Seguir leyendo “Comer higos frescos”

A mí me está pasando algo raro dentro de mí

Imagen destacada: Ilustración de Cristhian Ramírez de la portada del libro La Vida me vive amargando la vida.

 

Un cuento de David Betancourt*

 

Yo no entiendo cómo pude convertirme en un querendón y mantenerme en esa vida tanto tiempo. Es que uno no se va resistiendo y arranca a querer a un prójimo desconocido que se le atraviesa en el camino y le dice que lo quiere y así porque sí, sin antes darte un abrazo o las gracias tan siquiera, te agarra a tiestazos o te mienta la madre o te grita voltiao y puras cosas feas como si en vez de afecto le estuvieras ofreciendo bala. Esa debilidad de ser querendón es cosa seria y nace así, espontánea, porque se le dio la gana. A mí me poseyó el día de mi cumpleaños, en el que por casualidades de la vida conocí a Roberto. Seguir leyendo “A mí me está pasando algo raro dentro de mí”

La mosca

Obra destacada: Mi retrato, David Manzur

 

 

Un cuento de Katherine Mansfield*

 

-Pues sí que está usted cómodo aquí -dijo el viejo señor Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo haría un bebé desde su cochecito. Su conversación había terminado; ya era hora de marchar. Pero no quería irse. Desde que se había retirado, desde su… apoplejía, la mujer y las chicas lo tenían encerrado en casa todos los días de la semana excepto los martes. El martes lo vestían y lo cepillaban, y lo dejaban volver a la ciudad a pasar el día. Aunque, la verdad, la mujer y las hijas no podían imaginarse qué hacía allí. Suponían que incordiar a los amigos… Bueno, es posible. Sin embargo, nos aferramos a nuestros últimos placeres como se aferra el árbol a sus últimas hojas. De manera que ahí estaba el viejo Woodifield, fumándose un puro y observando casi con avidez al jefe, que se arrellanaba en su sillón, corpulento, rosado, cinco años mayor que él y todavía en plena forma, todavía llevando el timón. Daba gusto verlo. Seguir leyendo “La mosca”

No se puede disciplinar la investigación

Por Carlos Eduardo Maldonado · Fuente: Palmiguía

 

Una tendencia peligrosa tiende a hacer carrera en muchas universidades hoy en día, con paso cada vez más apretado y voz cada vez más elevada. Se trata de los intentos por disciplinar la investigación. Esto es, que los economistas deben publicar en revistas de economía, los administradores en revistas de administración, los politólogos en revistas de su disciplina y los médicos, por ejemplo, en las revistas de su área. Seguir leyendo “No se puede disciplinar la investigación”

El coyote hambriento aúlla en el jardín

Imagen destacada: Mural en el Centro Cultural Plurifuncional

 

“He venido a estar triste, me aflijo.

Ya no estás aquí, ya no,

En la región donde de algún modo se existe,

Nos dejaste sin provisión en la tierra,

Por esto, a mí mismo me desgarro”.

Nezahualcóyotl

 

 

Por Daniel Ángel · Fuente: Desde Abajo*

 

El coyote hambriento aúlla en el jardín. Mira hacia la luna llena y cree que allí un dios misericordioso lo contempla, mira hacia la montaña y cree ver la silueta de un lobo que huye de la frontera de la noche. Recuerda a su padre y el hambre crece como un pozo insondable dentro de su pecho, lo recuerda valiente, erguido, blandiendo su lanza en contra del enemigo, él solo, su padre solo luchando contra una veintena de guerreros tepanecas de Azcapotzalco que había enviado el malvado rey Tezozómoc para destronarlo. Hasta que cayó, con la mirada repleta de fulgor, aferrándose a su lanza como si fuera la vara que lo unía a la vida, entretanto él, su hijo, el príncipe debía contemplar la escena más terrible para cualquier hombre: ver morir a su padre. Por eso, se convirtió en el coyote hambriento, el coyote que no conoció jamás un límite, que jamás sació su hambre, al que jamás se le agotaron ni la tristeza ni las lágrimas al sentirse derrotado y perseguido, el gran poeta maya Nezahualcóyotl, que aullando a la luna cantó, “¿Con qué he de irme?/ ¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?/ ¿Cómo ha de actuar mi corazón?/ ¿Acaso en vano venimos a vivir,/ a brotar sobre la tierra?/ Dejemos al menos flores/ Dejemos al menos cantos”. Seguir leyendo “El coyote hambriento aúlla en el jardín”

Ni era vaca ni era caballo*

Imagen destacada: Portada del libro Ni era vaca ni era caballo, Ediciones Ekaré

 

Por Miguel Ángel Jusayú*

 

En aquel día yo era pequeño. Era yo el único que estaba, no había en la casa otro muchacho conmigo. Mis familiares me querían mucho: mis abuelos y mis abuelas. Ellos no me tocaban ni me hacían nada, me acariciaban:“nene, nene” –me decían ellos. ¡Quién sabe qué edad tenía yo en aquellos días! Pues no había nadie que llevase la cuenta de la edad. Seguir leyendo “Ni era vaca ni era caballo*”

Alí, el gran desobediente*

Por Reinaldo Spitaletta*

 

Era un héroe de la Guerra Fría, un adalid de la contracultura de los sesenta, un emblema de la lucha por los derechos de los negros en los Estados Unidos, tanto que, tras ser campeón olímpico, tiró su medalla de oro a un río en protesta porque no le quisieron servir en un restaurante de blancos. Seguir leyendo “Alí, el gran desobediente*”

Chaco

Un cuento de Liliana Colanzi* 

 

Decía mi abuelo que cada palabra tiene su dueño y que una palabra justa hace temblar la tierra. La palabra es un rayo, un tigre, un vendaval, decía el viejo mirándome con rabia mientras se servía alcohol de farmacia, pero ay del que usa la palabra a la ligera. ¿Sabés qué pasa con los mentirosos?, decía. Yo quería olvidarme del abuelo mirando por la ventana a los suchas que daban vueltas en el inmundo cielo del pueblo. O le subía el volumen a la tele. La señal llegaba con interferencia, una explosión de puntitos. A veces eso era todo lo que veíamos en la tele: puntitos. ¿Sabés lo que le pasa al que miente?, insistía el abuelo, esquelético, amenazándome con el bastón: la palabra lo abandona, y al que se queda vacío cualquiera lo puede matar. Seguir leyendo “Chaco”

Elogio del huracán

Un cuento de Alejandro Morellón*

 

Siempre he disfrutado de la violencia de lo cotidiano: por ejemplo, la de un vaso que se rompe en la oscuridad. A veces me pregunto si este recuerdo es realmente mío. Revivo la escena con una alegría difícil de contener: el objeto que cae y se desintegra y se hace estrépito sordo y luego tumulto de voces en mitad de la noche. Mi madre le da al interruptor para que se iluminen los vidrios desperdigados. Su mano abierta en el aire, por encima de mí. El sonido de la bofetada que no se parece en nada al sonido del cristal contra el suelo y la sensación de comprender que todo forma parte de la ceremonia. La violencia que empieza en un vaso y termina con el dolor que una madre le impone a su hijo. Seguir leyendo “Elogio del huracán”

La ley de la vida

Imagen destacada: Nieve en Louveciennes, Alfred Sisley

 

Un cuente breve de Jack London

 

El viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojaba tras su arrugada frente, pese a que ya no la aplicara a las cosas del mundo. ¡Ah! Aquélla era Sit-cum-to-ha, que estaba riñendo con voz aguda a los perros mientras les ponía las correas entre puñetazos y puntapiés. Sit-cum-to-ha era la hija de su hija. En aquel momento estaba demasiado atareada para pensar en su achacoso abuelo, aquel viejo sentado en la nieve, solitario y desvalido. Había que levantar el campamento. El largo camino los esperaba y el breve día moría rápidamente. Ella escuchaba la llamada de la vida y la voz del deber, y no oía la de la muerte. Pero él tenía ya a la muerte muy cerca.

Seguir leyendo “La ley de la vida”

La confianza es algo espléndido

Imagen destacada: Robert Wasler paseando 

 

Por Robert Walser* –  Fuente: Mecánica Celeste

 

La confianza es algo espléndido, me hizo pensar una voz poderosa que brotaba de labios de un paseante. Era una voz redonda. Una muchacha me advirtió que estaba dando un rodeo. «No es en el camino recto, sino en los rodeos donde se encuentra la vida», le repliqué. «Sólo cuando nos desvían de nuestro objetivo nos damos cuenta y somos capaces, en caso necesario, de demostrar que no lo hemos perdido de vista, es decir, que atesoramos una suerte de entereza de carácter.» En una pradera se veían unas cuantas losas sepulcrales. Eran tumbas familiares. Qué solitarias estaban. Parecía no haberlas rozado una mirada humana desde hacía una eternidad. Así que fue un detalle por mi parte prestarles atención. Pasé por delante de una iglesia. Quizá precisamente en ese instante al párroco le apetecía tomar el té con los suyos. Tal vez esa mañana había pronunciado un sermón impresionante. Para un paseante guardar siempre la compostura frente a todas las personas con las que se tropieza supone un trabajo anímico. La gente sensible comprenderá mis sentimientos. Por fortuna, no escribo para los insensibles o faltos de sensibilidad. Ellos tampoco leen mis artículos. Seguir leyendo “La confianza es algo espléndido”

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