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El sueño de los insectos

Imagen destacada: Fotografia de un escarabajo amazonico por Levon Biss

 

Un microcuento de Álvaro Mutis

 

El sueño de los insectos está hecho de metales desconocidos que penetran en delgados taladros hasta el reino más oscuro de la geología. Seguir leyendo “El sueño de los insectos”

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(No quiero rosas, desde que haya rosas)

Un poema de Fernando Pessoa

Compilación y traducción de Carlos Ciro*

 

 

No quiero rosas, desde que haya rosas.

Las quiero cuando no las pueda haber.

¿Qué habré yo de hacer con cosas

que cualquier mano pueda coger? Seguir leyendo “(No quiero rosas, desde que haya rosas)”

Yo digo Calarcá

Un poema de Luis Vidales

 

Yo digo Calarcá y el sueño viene,
lento el paso en el aire de la alcoba.
Cara de niño ausente el niño tiene
y el año 7 corre por la hora.

Y digo Calarcá y algo me sabe
a lulo y granadilla y dulumoca.
Y digo “Pescador”, y la quebrada
en mis corrientes años desemboca. Seguir leyendo “Yo digo Calarcá”

La Vela

Imagen destacada: “Fuego Sanador y Limpiador, Cubriendome 1”  del artista plástico Nicolas de la Hoz

 

Un poema de Mijail Lermontov

Traducción y adaptación personal de Norberto Gómez Ramírez.

(Revisión de 02/11/2018).

 

 


 

 

Una vela blanca solitaria otea,

En lejano, inquietante, y brumoso mar…

¿Qué buscas marino en aguas ignotas?

¿por qué te alejaste del cielo natal?

Seguir leyendo “La Vela”

Un poema de Raúl Gómez Jattin

 

 

Si las nubes no anticipan en sus formas la historia de los hombres

Seguir leyendo “Un poema de Raúl Gómez Jattin”

Tres poemas de Constantino Cavafis

Monotonía

A un día monótono sigue

otro monótono, idéntico. Ocurrirá

lo mismo, de nuevo volverá a ocurrir

instantes iguales nos encuentran y nos dejan. Seguir leyendo “Tres poemas de Constantino Cavafis”

El diario de un loco

Imagen destacada: Lámina 1 test de Rorschach*

 

Por Lu Hsun**

 

Dos hermanos, cuyos nombres me callaré, fueron mis amigos íntimos en el liceo, pero después de una larga separación, perdí sus huellas. No hace mucho supe que uno de ellos estaba gravemente enfermo y, como iba de viaje hacia mi aldea natal, decidí hacer un rodeo para ir a verlo. Solo encontré en casa al primogénito, quien me dijo que era su hermano menor el que había estado mal. Seguir leyendo “El diario de un loco”

Las vacas de quiviquinta

Obra destacada: Amamanto, Victoria Pareja

 

Un cuento de Francisco Rojas González*

 

Los perros de Quiviquinta tenían hambre; con el lomo corvo y la nariz
hincada en los baches de las callejas, el ojo alerta y el diente agresivo, iban los
perros de Quiviquinta; iban en manadas, gruñendo a la luna, ladrando al sol,
porque los perros de Quiviquinta tenían hambre…

 
Y también tenían hambre los hombres, las mujeres y los niños de
Quiviquinta, porque en las trojes se había agotado el grano, en los zarzos se
había consumido el queso y de los garabatos ya no colgaba ni un pingajo de
cecina…

Seguir leyendo “Las vacas de quiviquinta”

La Tona

Imagen destacada: Madre Otomí, Adolfo Quintero

 

Un cuento de Francisco Rojas González*

 

Crisanta descendía por la vereda que culebreaba entre los peñascos de la loma clavada entre la alde­huela y el río, de aquel río bronco al que tributaban los torrentes que, abriéndose paso entre jarales y yerbajos, se precipitaban arrastrando tras si costras de roble hurtadas al monte. Tendido en la hondo­nada, Tapijulapa, el pueblo de indios pastores. Las torrecillas de la capilla, patinadas de fervores y lamo­sas de años, perforaban la nube aprisionada entre los brazos de la cruz de hierro. Seguir leyendo “La Tona”

Pierrot

Un cuento de Guy de Maupassant

 

La señora Lefèvre era una dama de pueblo. Era una viuda de esas medio campesinas, de cintas y sombreros aparatosos, que hablan con dureza y adoptan en público aires grandiosos; de esas que ocultan, bajo aspectos cómicos y expresivos, un alma de pretenciosa estúpida y esconden, bajo guantes de seda, sus inmensas manos rojas.

Seguir leyendo “Pierrot”

Fragmento de Cartas a Estanislao

Por Fernando González Ochoa

 

En Sabaneta, Estanislao, por entre las cañadas de la Doctora, bajo los carboneros somníferos, la carne mía, cuarentona, resurge. La carne me sonríe y se me confunde con el espíritu. No hay antinomia; existe, cuando estamos enfermos, viejos, pues entonces creamos un mundo nuevo, para engañarnos. La carne, Estanislao, es el espíritu; son los instintos los que luchan, bregan, vencen, mueren y renacen, y son ellos los que, pervertidos y flacos, crean las ideas generales, el mundo mejor que éste de la tierra en donde tiemblan las espigas del Yaraguá. Seguir leyendo “Fragmento de Cartas a Estanislao”

Ciencia y tecnología para el futuro. Elementos para una propuesta.

Imagen destacada: El hombre. Santiago Ibañez

 

Por Carlos Eduardo Maldonado* · Fuente: Le Monde Diplomatique

 

No es posible que un país avance con vocación de cambio y aporte global, sin unas políticas claras y ambiciosas en ciencia y tecnología. ¿Cómo está en ello Colombia y qué debería hacer ahora y hacia el futuro inmediato? Seguir leyendo “Ciencia y tecnología para el futuro. Elementos para una propuesta.”

El niño horticultor*

Pablo González Casanova (compilador) – Cuentos Indígenas – Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas*

 


 

Se cuenta que ésta era una señora que tuvo un hijo. Cuando nació lloraba mucho, ni siquiera quería mamar, sólo estaba llorando. Su mamá empezó a registrarlo buscando qué podía dolerle y no encontró nada.

Entonces ordenó su mamá que se le preparase un atole blanco. En seguida se lo hicieron como había ordenado. Mientras preparaban lo que había de tomar el niño para contentarlo, pues lloraba mucho, la señora madre estaba inquieta. Tan pronto como se coció el atole blanco, en seguida corrió la criada a llevárselo para que lo tomase el niño. Empezaron con mimos para que lo tomase y no quiso; pensaron que quería que se lo endulzaran. “Que se le endulce” [ordenaron], y se lo endulzaron. Mas tampoco quiso tomarlo. Seguir leyendo “El niño horticultor*”

Comer higos frescos

Por Walter Benjamin*

 

Quien siempre comió con moderación nunca experimentó lo que es una comida, nunca sufrió una comida. Así a lo sumo se conoce el placer de comer pero no la voracidad, el desvío desde la llana avenida del apetito hacia la selva de la gula. Porque en la gula se juntan ambas cosas: la desmesura del deseo y la uniformidad de aquello con que se lo sacia. Comer desaforadamente es ante todo: comer cualquier cosa, sin distinción. No caben dudas de que se penetra con mayor profundidad en lo deglutido que mediante el placer. Eso sucede cuando se muerde la mortadela como si fuera un sándwich, cuando uno se hunde en el melón como en una almohada, lame caviar del papel crujiente y simplemente olvida todas las demás cosas comestibles en presencia de una horma de queso holandés. Seguir leyendo “Comer higos frescos”

A mí me está pasando algo raro dentro de mí

Imagen destacada: Ilustración de Cristhian Ramírez de la portada del libro La Vida me vive amargando la vida.

 

Un cuento de David Betancourt*

 

Yo no entiendo cómo pude convertirme en un querendón y mantenerme en esa vida tanto tiempo. Es que uno no se va resistiendo y arranca a querer a un prójimo desconocido que se le atraviesa en el camino y le dice que lo quiere y así porque sí, sin antes darte un abrazo o las gracias tan siquiera, te agarra a tiestazos o te mienta la madre o te grita voltiao y puras cosas feas como si en vez de afecto le estuvieras ofreciendo bala. Esa debilidad de ser querendón es cosa seria y nace así, espontánea, porque se le dio la gana. A mí me poseyó el día de mi cumpleaños, en el que por casualidades de la vida conocí a Roberto. Seguir leyendo “A mí me está pasando algo raro dentro de mí”

La mosca

Obra destacada: Mi retrato, David Manzur

 

 

Un cuento de Katherine Mansfield*

 

-Pues sí que está usted cómodo aquí -dijo el viejo señor Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo haría un bebé desde su cochecito. Su conversación había terminado; ya era hora de marchar. Pero no quería irse. Desde que se había retirado, desde su… apoplejía, la mujer y las chicas lo tenían encerrado en casa todos los días de la semana excepto los martes. El martes lo vestían y lo cepillaban, y lo dejaban volver a la ciudad a pasar el día. Aunque, la verdad, la mujer y las hijas no podían imaginarse qué hacía allí. Suponían que incordiar a los amigos… Bueno, es posible. Sin embargo, nos aferramos a nuestros últimos placeres como se aferra el árbol a sus últimas hojas. De manera que ahí estaba el viejo Woodifield, fumándose un puro y observando casi con avidez al jefe, que se arrellanaba en su sillón, corpulento, rosado, cinco años mayor que él y todavía en plena forma, todavía llevando el timón. Daba gusto verlo. Seguir leyendo “La mosca”

No se puede disciplinar la investigación

Por Carlos Eduardo Maldonado · Fuente: Palmiguía

 

Una tendencia peligrosa tiende a hacer carrera en muchas universidades hoy en día, con paso cada vez más apretado y voz cada vez más elevada. Se trata de los intentos por disciplinar la investigación. Esto es, que los economistas deben publicar en revistas de economía, los administradores en revistas de administración, los politólogos en revistas de su disciplina y los médicos, por ejemplo, en las revistas de su área. Seguir leyendo “No se puede disciplinar la investigación”

El coyote hambriento aúlla en el jardín

Imagen destacada: Mural en el Centro Cultural Plurifuncional

 

“He venido a estar triste, me aflijo.

Ya no estás aquí, ya no,

En la región donde de algún modo se existe,

Nos dejaste sin provisión en la tierra,

Por esto, a mí mismo me desgarro”.

Nezahualcóyotl

 

 

Por Daniel Ángel · Fuente: Desde Abajo*

 

El coyote hambriento aúlla en el jardín. Mira hacia la luna llena y cree que allí un dios misericordioso lo contempla, mira hacia la montaña y cree ver la silueta de un lobo que huye de la frontera de la noche. Recuerda a su padre y el hambre crece como un pozo insondable dentro de su pecho, lo recuerda valiente, erguido, blandiendo su lanza en contra del enemigo, él solo, su padre solo luchando contra una veintena de guerreros tepanecas de Azcapotzalco que había enviado el malvado rey Tezozómoc para destronarlo. Hasta que cayó, con la mirada repleta de fulgor, aferrándose a su lanza como si fuera la vara que lo unía a la vida, entretanto él, su hijo, el príncipe debía contemplar la escena más terrible para cualquier hombre: ver morir a su padre. Por eso, se convirtió en el coyote hambriento, el coyote que no conoció jamás un límite, que jamás sació su hambre, al que jamás se le agotaron ni la tristeza ni las lágrimas al sentirse derrotado y perseguido, el gran poeta maya Nezahualcóyotl, que aullando a la luna cantó, “¿Con qué he de irme?/ ¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?/ ¿Cómo ha de actuar mi corazón?/ ¿Acaso en vano venimos a vivir,/ a brotar sobre la tierra?/ Dejemos al menos flores/ Dejemos al menos cantos”. Seguir leyendo “El coyote hambriento aúlla en el jardín”

Ni era vaca ni era caballo*

Imagen destacada: Portada del libro Ni era vaca ni era caballo, Ediciones Ekaré

 

Por Miguel Ángel Jusayú*

 

En aquel día yo era pequeño. Era yo el único que estaba, no había en la casa otro muchacho conmigo. Mis familiares me querían mucho: mis abuelos y mis abuelas. Ellos no me tocaban ni me hacían nada, me acariciaban:“nene, nene” –me decían ellos. ¡Quién sabe qué edad tenía yo en aquellos días! Pues no había nadie que llevase la cuenta de la edad. Seguir leyendo “Ni era vaca ni era caballo*”

Alí, el gran desobediente*

Por Reinaldo Spitaletta*

 

Era un héroe de la Guerra Fría, un adalid de la contracultura de los sesenta, un emblema de la lucha por los derechos de los negros en los Estados Unidos, tanto que, tras ser campeón olímpico, tiró su medalla de oro a un río en protesta porque no le quisieron servir en un restaurante de blancos. Seguir leyendo “Alí, el gran desobediente*”

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