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El diario de un loco

Imagen destacada: Lámina 1 test de Rorschach*

 

Por Lu Hsun**

 

Dos hermanos, cuyos nombres me callaré, fueron mis amigos íntimos en el liceo, pero después de una larga separación, perdí sus huellas. No hace mucho supe que uno de ellos estaba gravemente enfermo y, como iba de viaje hacia mi aldea natal, decidí hacer un rodeo para ir a verlo. Solo encontré en casa al primogénito, quien me dijo que era su hermano menor el que había estado mal. Seguir leyendo “El diario de un loco”

El matrimonio del cielo y el infierno

Imagen destacada: Llamas de deseos furiosos, W.B

 

Por William Blake

 

Argumento

Rintrah ruge y sacude sus fuegos en el aire opresor.
Nubes hambrientas oscilan sobre el abismo.

Ayer sumiso, en el sendero peligroso
El hombre justo siguió su camino a través
Del valle de la muerte. Seguir leyendo “El matrimonio del cielo y el infierno”

La muerte feliz de Alborada Almanza

Por Leonardo Padura Fuentes*

 

Alborada Almanza despertó suavemente con la sensación de que algo extraordinario iba a ocurrirle ese día. Apenas abrió los ojos, recibió la punzada de la premonición y trató de encontrar la causa de aquel alborozo que la embargaba después de otra mala noche, plagada como siempre de pesadillas calientes y en colores que ya ni se preocupaba por recordar. Seguir leyendo “La muerte feliz de Alborada Almanza”

Las vacas de quiviquinta

Obra destacada: Amamanto, Victoria Pareja

 

Un cuento de Francisco Rojas González*

 

Los perros de Quiviquinta tenían hambre; con el lomo corvo y la nariz
hincada en los baches de las callejas, el ojo alerta y el diente agresivo, iban los
perros de Quiviquinta; iban en manadas, gruñendo a la luna, ladrando al sol,
porque los perros de Quiviquinta tenían hambre…

 
Y también tenían hambre los hombres, las mujeres y los niños de
Quiviquinta, porque en las trojes se había agotado el grano, en los zarzos se
había consumido el queso y de los garabatos ya no colgaba ni un pingajo de
cecina…

Seguir leyendo “Las vacas de quiviquinta”

La Tona

Imagen destacada: Madre Otomí, Adolfo Quintero

 

Un cuento de Francisco Rojas González*

 

Crisanta descendía por la vereda que culebreaba entre los peñascos de la loma clavada entre la alde­huela y el río, de aquel río bronco al que tributaban los torrentes que, abriéndose paso entre jarales y yerbajos, se precipitaban arrastrando tras si costras de roble hurtadas al monte. Tendido en la hondo­nada, Tapijulapa, el pueblo de indios pastores. Las torrecillas de la capilla, patinadas de fervores y lamo­sas de años, perforaban la nube aprisionada entre los brazos de la cruz de hierro. Seguir leyendo “La Tona”

Pierrot

Un cuento de Guy de Maupassant

 

La señora Lefèvre era una dama de pueblo. Era una viuda de esas medio campesinas, de cintas y sombreros aparatosos, que hablan con dureza y adoptan en público aires grandiosos; de esas que ocultan, bajo aspectos cómicos y expresivos, un alma de pretenciosa estúpida y esconden, bajo guantes de seda, sus inmensas manos rojas.

Seguir leyendo “Pierrot”

La mosca

Obra destacada: Mi retrato, David Manzur

 

 

Un cuento de Katherine Mansfield*

 

-Pues sí que está usted cómodo aquí -dijo el viejo señor Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo haría un bebé desde su cochecito. Su conversación había terminado; ya era hora de marchar. Pero no quería irse. Desde que se había retirado, desde su… apoplejía, la mujer y las chicas lo tenían encerrado en casa todos los días de la semana excepto los martes. El martes lo vestían y lo cepillaban, y lo dejaban volver a la ciudad a pasar el día. Aunque, la verdad, la mujer y las hijas no podían imaginarse qué hacía allí. Suponían que incordiar a los amigos… Bueno, es posible. Sin embargo, nos aferramos a nuestros últimos placeres como se aferra el árbol a sus últimas hojas. De manera que ahí estaba el viejo Woodifield, fumándose un puro y observando casi con avidez al jefe, que se arrellanaba en su sillón, corpulento, rosado, cinco años mayor que él y todavía en plena forma, todavía llevando el timón. Daba gusto verlo. Seguir leyendo “La mosca”

Ni era vaca ni era caballo*

Imagen destacada: Portada del libro Ni era vaca ni era caballo, Ediciones Ekaré

 

Por Miguel Ángel Jusayú*

 

En aquel día yo era pequeño. Era yo el único que estaba, no había en la casa otro muchacho conmigo. Mis familiares me querían mucho: mis abuelos y mis abuelas. Ellos no me tocaban ni me hacían nada, me acariciaban:“nene, nene” –me decían ellos. ¡Quién sabe qué edad tenía yo en aquellos días! Pues no había nadie que llevase la cuenta de la edad. Seguir leyendo “Ni era vaca ni era caballo*”

Chaco

Un cuento de Liliana Colanzi* 

 

Decía mi abuelo que cada palabra tiene su dueño y que una palabra justa hace temblar la tierra. La palabra es un rayo, un tigre, un vendaval, decía el viejo mirándome con rabia mientras se servía alcohol de farmacia, pero ay del que usa la palabra a la ligera. ¿Sabés qué pasa con los mentirosos?, decía. Yo quería olvidarme del abuelo mirando por la ventana a los suchas que daban vueltas en el inmundo cielo del pueblo. O le subía el volumen a la tele. La señal llegaba con interferencia, una explosión de puntitos. A veces eso era todo lo que veíamos en la tele: puntitos. ¿Sabés lo que le pasa al que miente?, insistía el abuelo, esquelético, amenazándome con el bastón: la palabra lo abandona, y al que se queda vacío cualquiera lo puede matar. Seguir leyendo “Chaco”

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