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El policía y el himno

Un cuento breve de O. Henry

 

Soapy se removió nervioso en su banco de Madison Square. Cuando los gansos salvajes graznan con fuerza por la noche y las mujeres con abrigos de piel de foca tratan con amabilidad a sus maridos y cuando Soapy se remueve nervioso en su banco del parque, no hay duda de que el invierno anda cerca.

 
Una hoja seca cayó sobre el regazo de Soapy. Era la tarjeta de presentación del señor Escarcha. El señor Escarcha es amable con los inquilinos habituales de Madison Square y los avisa con tiempo de su visita anual. En las esquinas de cuatro calles entrega su tarjeta al Viento del Norte, lacayo de la mansión de Al Airelibre, para que sus inquilinos se preparen.

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La caja de sorpresas*

Cuento por Juan Carlos Moyano**

 

Descubrimos al payaso parado en una de las esquinas del parque. Tenía instalada la caja sobre un carrito con ruedas de bicicleta y pulsaba una guitarra de cuerdas destempladas.

-¿Cuánto vale? – Le dijimos, mientras nos arremolinábamos llenos de curiosidad.

– Es gratis para los primeros cinco – Sentimos que la voz salía de la caja y no de la boca del payaso.

– Claro – Traté de explicarme el motivo del ofrecimiento – hoy es festivo y usted quiere simpatizar con los niños.

El payaso afirmó con una risita de abuelo bonachón y me señaló la lente. Cerré un ojo y miré con el otro: La caja no tenía fin y cientos de niños diminutos flotaban en el vacío. La visión me produjo miedo y quise apartarme. Di media vuelta y detecté la mirada de uno de mis amigos, que me observaba desde afuera. Seguir leyendo “La caja de sorpresas*”

El hombre de Solano

Imagen destacada: Bret Harte, por Sarony, 1872.

 

Cuentos breves

 

Un cuento de Francis Bret Harte*

 

Se me acercó en el entreacto, en uno de los pasillos del teatro de la ópera. Era un personaje tan notable como los que actuaban en el espectáculo. Su traje de distintos colores parecía recién comprado, tal vez una o dos horas antes de la función, lo cual quedaba expuesto en la etiqueta de la sastrería que seguía adherida al cuello del saco, mostrando al espectador indiferente, de modo indiscreto, el número, el talle y el precio de la prenda. Seguir leyendo “El hombre de Solano”

Las damas

>>Cuentos breves<<

 

Por Atón Chéjov

 

Fyódor Petróvich, director de Escuelas Primarias del distrito, que se consideraba a sí mismo un hombre justo y genero, entrevistaba ese día en su despacho al maestro Vermensky.

—No, señor Vermensky —decía—, su retiro es inevitable. ¡No puede usted continuar su tarea como maestro con semejante voz! ¿Cómo fue que la perdió?

—Tomé cerveza fría cuando estaba muy transpirado —susurró.

—¡Qué calamidad! ¡Después de haberse desempeñado como maestro por catorce años, viene a suceder esta desgracia! Toda una carrera amainada por semejante tontería… ¿Y qué va a hacer usted ahora? Seguir leyendo “Las damas”

Sombra desobediente

Imagen destacada: Monólogos. Serie: Asombrados. Técnica Mixta. Artista Adriana Gómez

 

Un cuento breve de Manuel Mejía Vallejo*

 

Yo, el solitario. Por lo menos tenía mi sombra: ni grande ni pequeña -a veces alargada, recogida a veces-; la que merecía, la exacta para mi soledad. Pero ocurren cosas extrañas al viajero y su sombra, aunque ya nos habíamos acostumbrado al pequeño misterio de cada día. Si caían a nuestro lado otras sombras, distinguíamos en ellas el ala o el cuerno o el rostro o el árbol, hasta la sombra del agua en algunos días, cuando la lluvia juega al sol y los pájaros sueñan entre ella aulas de juguete. Seguir leyendo “Sombra desobediente”

El bergantín holandés

Imagen destacada: Guillaume Apollinaire. Collection Marboeuf. Alain Riviere

 

>>Cuentos breves<<

 

por Guillaume Apollinaire

 

 

El bergantín holandés Alkmann regresaba de Java, cargado de especias y otros productos preciosos.

Hizo escala en Southampton, y se les dio permiso a los marineros para que descendieran a tierra. Seguir leyendo “El bergantín holandés”

La nada

>>Cuentos breves<<

 

por Leonid Andréiev*

 

Agonizaba un alto funcionario. Era ya un hombre viejo, poderoso, y amaba profundamente la vida. Le daba una gran tristeza saber que iba a morir. No creía en Dios ni podía comprender por qué habría de marcharse de este mundo; estaba aterrorizado y daba pena verlo sumido en tal sufrimiento. Seguir leyendo “La nada”

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