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La ley de la vida

Imagen destacada: Nieve en Louveciennes, Alfred Sisley

 

Un cuente breve de Jack London

 

El viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojaba tras su arrugada frente, pese a que ya no la aplicara a las cosas del mundo. ¡Ah! Aquélla era Sit-cum-to-ha, que estaba riñendo con voz aguda a los perros mientras les ponía las correas entre puñetazos y puntapiés. Sit-cum-to-ha era la hija de su hija. En aquel momento estaba demasiado atareada para pensar en su achacoso abuelo, aquel viejo sentado en la nieve, solitario y desvalido. Había que levantar el campamento. El largo camino los esperaba y el breve día moría rápidamente. Ella escuchaba la llamada de la vida y la voz del deber, y no oía la de la muerte. Pero él tenía ya a la muerte muy cerca.

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La confianza es algo espléndido

Imagen destacada: Robert Wasler paseando 

 

Por Robert Walser* –  Fuente: Mecánica Celeste

 

La confianza es algo espléndido, me hizo pensar una voz poderosa que brotaba de labios de un paseante. Era una voz redonda. Una muchacha me advirtió que estaba dando un rodeo. «No es en el camino recto, sino en los rodeos donde se encuentra la vida», le repliqué. «Sólo cuando nos desvían de nuestro objetivo nos damos cuenta y somos capaces, en caso necesario, de demostrar que no lo hemos perdido de vista, es decir, que atesoramos una suerte de entereza de carácter.» En una pradera se veían unas cuantas losas sepulcrales. Eran tumbas familiares. Qué solitarias estaban. Parecía no haberlas rozado una mirada humana desde hacía una eternidad. Así que fue un detalle por mi parte prestarles atención. Pasé por delante de una iglesia. Quizá precisamente en ese instante al párroco le apetecía tomar el té con los suyos. Tal vez esa mañana había pronunciado un sermón impresionante. Para un paseante guardar siempre la compostura frente a todas las personas con las que se tropieza supone un trabajo anímico. La gente sensible comprenderá mis sentimientos. Por fortuna, no escribo para los insensibles o faltos de sensibilidad. Ellos tampoco leen mis artículos. Seguir leyendo “La confianza es algo espléndido”

Daniel Herrera Restrepo. Filósofo del mundo de la vida

Obra destacada del artista Víctor Hugo Ruíz

 

Por Nelson F. Roberto* · Fuente: Le Monde Diplomatique

 

El pasado viernes 28 de julio falleció en Bogotá el filósofo Daniel Herrera Restrepo, maestro de la fenomenología en Iberoamérica, destacado académico e intelectual y gran promotor del quehacer filosófico en el país. 

 

El maestro Daniel Herrera nació en Santa Rosa de Osos (Antioquia) en 1930, estudió filosofía en la Universidad de San Buenaventura en Bogotá (1947-1950). Viajo a Europa en plena posguerra, se licenció en Filosofía en la Universidad Católica de Lovaina con la tesis “Filosofía de la historia en Husserl” (1955-1958), cursó una Especialización en Filosofía Alemana en la Universidad de Friburgo (1959-1960) y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Católica de Lovaina (1959-1961) con la tesis “Dinamismo teleológico de la conciencia según Husserl”.

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La última visita del caballero enfermo

Un Cuento de Giovanni Papini*

 

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastianbo del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron -yo estoy entre esos pocos- recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos. Seguir leyendo “La última visita del caballero enfermo”

Palabras y sangre: la imaginación desgarradora de Giovanni Papini

Por Salvador E. Venegas Andraca* 

 

Nuestra civilización tiene en la palabra su piedra angular y en la literatura un medio supremo de expresión. Además de invitarnos a imaginar vidas arrebatadoras, la literatura es un instrumento idóneo para plasmar los deseos, miedos y aspiraciones de la raza humana. Por ejemplo, Octavio Paz y Carlos Fuentes son referentes obligados en el estudio del pueblo mexicano, la obra de Susan Sontag nos permite analizar algunas relaciones existentes entre la creación literaria y las enfermedades mortales, y Giovanni Papini es indispensable para abrirse camino en el estudio de la Europa de la primera mitad del siglo XX y del alma humana en cualquier tiempo. Seguir leyendo “Palabras y sangre: la imaginación desgarradora de Giovanni Papini”

10 cuentos mexicanos para este Día de muertos

Imagen destacada: Sueño de una tarde dominical en la alameda central, de Diego Rivera

 

Por Melissa Campos* · Fuente: Revista Milmesetas

 

El día de muertos es una celebración que se lleva a cabo todos los 2 de noviembre de cada año aquí en nuestro país: las ofrendas, los altares, las flores de cempasúchil, las veladoras, las calaveritas de dulce, el papel picado, las catrinas y demás inundan las calles de México desde los días finales del mes anterior. Pero también esta tradición, sobretodo la muerte y el magnetismo que la rodea, es un tema recurrente en la literatura mexicana, aunque los puntos de vista son tan variados como el gusto de cada escritor.

En este artículo se recopilan algunos cuentos de narradores mexicanos que abordan la muerte desde su propia pluma. Cabe advertir que la selección no sigue una línea cronológica ni estilística sino que está más cercana a lo caprichoso pero igual de disfrutable para leer un rato en compañía de la huesuda. (Los títulos en negritas conducen al cuento en línea.) Seguir leyendo “10 cuentos mexicanos para este Día de muertos”

Diálogo entre un vendedor de calendarios y un transeúnte

Imagen destacada: Venditore di almanacchi. Portada: Le colporteur; Escuela francesa – siglo XVII

 

Un cuento breve de Giacomo Leopardi*

 

VENDEDOR. ¡Almanaques, almanaques, almanaques nuevos! ¡Calendarios nuevos! ¿Un almanaque, señor?
TRANSEÚNTE. ¿Son para el año nuevo?
VENDEDOR. Sí, señor.
TRANSEÚNTE. ¿Crees que tendremos un año nuevo feliz? Seguir leyendo “Diálogo entre un vendedor de calendarios y un transeúnte”

IV. Fenomenología y Literatura

Las letras y las artes en la crisis de nuestro tiempo*

 

Por Ernesto Sabato*

 

Las doctrinas no aparecen al azar: por un lado prolongan y ahondan el diálogo que mantienen a través de las edades; por otro, son la expresión de la época en qué se enuncian. Así como una filosofía estoica nace siempre en el despotismo, así como el marxismo expresa el espíritu de una sociedad que violentamente nace a la industrialización, así el existencialismo tradujo las angustias del hombre que vive el derrumbe de una civilización tecnolátrica.

Lo que no quiere decir que lo traduzca unívoca y literalmente, pues una doctrina se elabora de manera compleja y siempre polémica. Mientras que el racionalismo fue el tema dominante a partir del Renacimiento, el irracionalismo irrumpió una y otra vez, con creciente poderío, hasta alcanzar la hegemonía. Y aunque el existencialismo actual no es (como muchos suponen) un simple irracionalismo, es cierto que se formó en la lucha que los hombres del siglo pasado iniciaron contra la razón. Seguir leyendo “IV. Fenomenología y Literatura”

Los días perdidos

Imagen destacada: Talking heads, 1982, Lorenzo Jaramillo

 

Por Daniel Ángel · Fuente: Desde Abajo

 

Su madre Yolanda Mora era antropóloga y su padre Jaime Jaramillo Uribe historiador. Ambos profesores universitarios. Nació en Hamburgo en 1955. Creció en un ambiente académico, rodeado por el arte y los libros. Cuando su madre lo llevaba en el vientre pintó. Ella pintaba todos los días. Y él, por una marca indeleble del destino hizo lo mismo desde que abrió los ojos al mundo. A los quince años recibió clases de Roda. A los dieciocho ya estaba en la escuela de artes de la Universidad Nacional. Se retiró. A los veinte estaba en Londres, luego París. Se enamoró de París como Silva, pero no tuvo la oportunidad –como bien lo hizo el poeta–, de conocer a Mallarmé ni mucho menos a Moreau. También estaba enamorado de un hombre que lo decepcionó y del cine de Rosseti. Sobre todo le gustaba la película Alemania año 0. Era un gran dibujante. Eso lo dijo el otro pintor, Caballero, con quien compartió durante algunos años en París. Leía, leía mucho, sobre todo historia del arte y literatura, cada cosa en su lengua natural. No creo que tuviese muchos amigos, ¿cómo una persona con su genio puede tener muchos amigos? Seguir leyendo “Los días perdidos”

El destierro de la memoria*

Imagen destacada: Obra del artista plástico Eduardo Esparza

 

Por Carlos Fajardo Fajardo*

 

Hoy por hoy ha cambiado nuestra noción de historia y de memoria. “Antes, nos dice Umberto Eco, nos interesaba mucho el pasado porque las noticias sobre el presente no abundaban (…). Con los medios de información de masas se ha difundido una inmensa información sobre el presente”1. Esto, junto a la fatal reducción de horas en la enseñanza de la historia como área disciplinar en el bachillerato colombiano, ha dejado a la memoria refundida en el cuarto de San Alejo. Lo paradójico es que el joven ha llegado a confundir los hechos reales, sucedidos en un tiempo relativamente cercano, con hechos de fantasía o de ficción. Es en realidad la influencia de la pantallización de los hechos históricos, su mediatización efusiva, que los falsea y espectaculariza. Tal es la historia aprendida sólo en el cine Hollywoodesco. Seguir leyendo “El destierro de la memoria*”

Alguien desordena estas rosas

Imagen de la obra La mujer de las rosas del Teatro Hora 25*. Versión libre del cuento de Gabriel Gracía Márquez

 

 

Un cuento de Gabriel García Márquez

 

Como es domingo y ha dejado de llover, pienso llevar un ramo de rosas a mi tumba. Rosas rojas y blancas, de las que ella cultiva para hacer altares y coronas. La mañana estuvo entristecida por este invierno taciturno y sobrecogedor que me ha puesto a recordar la colina donde la gente del pueblo abandona sus muertos. Es un sitio pelado, sin árboles, barrido apenas por las migajas providenciales que regresan después de que el viento ha pasado. Ahora que dejó de llover y que el sol de mediodía debe haber endurecido el jabón de la cuesta, podría llegar hasta el túmulo en cuyo fondo reposa mi cuerpo de niño, ahora confundido, desmenuzado entre caracoles y raíces.

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Tiempo de sequía*

Imagen destacada: El arroyo, de Arthur Streeton

 

Un cuento de Manuel Mejía Vallejo*

 

 

—Ni agua siquiera.

La voz suena a polvo de largo verano, a sed antigua. El sudor estampa el corpiño contra los senos.

—Cuánta espera, Sebastián, ¡y ni pa una taza de café!

Descarga la tinaja después de sacudirla ante su invisible interlocutor, y echa a lo alto su mirada en súplica violenta. El reverberar del aire chamusca los ojos. Ni nubes para atajar el sol, ni brisa para airear los árboles que estiran sus ramazones en llamarada.

—No sirve pa beber —dice la mujer sentándose sobre un tablón rajado. Hunde un trapo en el fondo de la vasija, lo escurre y lo adhiere al rostro. Más parecen sudor tres gotas al resbalar por la piel brillante, distendida de pómulo a pómulo para dar clima de verano a su figura. Seguir leyendo “Tiempo de sequía*”

El triunfo*

Un cuento de Clarice Lispector*

 

El reloj da las nueve. Un golpe alto, sonoro, seguido de una campanada suave, un eco. Después, el silencio. La clara mancha de sol se extiende poco a poco por el césped del jardín. Trepa por el muro rojo de la casa, haciendo brillar la hiedra con mil luces de rocío. Encuentra una abertura, la ventana. Penetra. Y se apodera de repente del aposento, burlando la vigilancia de la cortina leve.

Luísa sigue inmóvil, tendida sobre las sábanas revueltas, el pelo esparcido sobre la almohada. Un brazo aquí, otro allí, crucificada por la languidez. El calor del sol y su claridad llenan el cuarto. Luísa parpadea. Frunce las cejas. Seguir leyendo “El triunfo*”

La pasión según la literatura de Clarice Lispector

Fotografía por Claudia Andujar

 

Por Melissa Campos · Fuente: Revista Milmesetas

 

Clarice Lispector (1920-1977) fue una de las escritoras brasileñas mejor reconocidas internacionalmente, con una fructuosa producción literaria en la que destacan sus novelas y cuentos. También era colaboradora en periódicos, revistas y suplementos donde escribía artículos de diversos temas, en especial dirigidos a mujeres. Y no sólo eso, sus obras también retratan una mente femenina —la mayoría de sus protagonistas son mujeres— tan compleja que transciende fronteras de género y se vuelve una voz universal. Seguir leyendo “La pasión según la literatura de Clarice Lispector”

Holderlin y la esencia de la poesía*

Imagen destacada: Obra de la artista Rosenell Baud

 

Por Martin Heidegger*

 

En memoria de Norber Von Helligrath caido el 14 de diciembre de 1916

 

Las cinco palabras-guía

1. Poetizar: la más inocente de todas las ocupaciones (III, 377).
2. Y se le ha dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje… para que muestre lo que es… (IV,
246).
3. El hombre ha experimentado mucho. Nombrado a muchos celestes, desde que somos un diálogo y podemos oír
unos de otros (IV, 343).
4. Pero lo que queda, lo instauran los poetas (IV, G3).
5. Pleno de méritos, pero es poéticamente como el hombre habita esta tierra (VI, 25).

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Leonard Cohen: como un pájaro en un cable*

Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento*

 

A Santiago y a Valentina, hijos leales, siempre leales, como buenos Muñoz que son.

 

 

Como un pájaro en un cable · Leonard Cohen (Traducción: Susana R. Verano)

Como un pájaro en un cable,/ como un borracho en un coro de medianoche,/ he intentado ser libre a mi manera./ Como un gusano en un anzuelo,/ como un caballero vencido en un libro anticuado,/ fue la forma de nuestro amor lo que me confundió.// Si he sido poco amable,/ oh, espero que puedas solo… dejarlo pasar./ Si no he sido sincero, si no he sido sincero,/ es solo porque creí que un amante/ tenía que ser también una especie de mentiroso.// Si no he sido amable/ espero que puedas dejarlo pasar/ Si no he sido sincero/ espero que sepas desde ahora mi amor/ que nunca fue por ti./ Como un bebé malogrado,/ como una bestia con su cuerno,/ he destrozado a todo aquél que intentó acercarse a mí./ Pero juro por esta canción/ y por todo lo que he hecho mal/ que lo voy a hacer todo por ti.// Vi a un mendigo apoyado en su muleta de madera./ Me dijo: “No debes pedirle tanto”./ Y una bella mujer apoyada en el quicio oscuro de su puerta,/ me gritó: “Oye, ¿por qué no pides un poco más?”// Como un pájaro en un cable,/ como un borracho en un coro de medianoche,/ he intentado ser libre a mi manera.

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Una mirada a la pintura de Fernando de Szyszlo

Obra destacada de Fernando de Szyszlo

 

Por Juan Gustavo Cobo*

 

¿De qué noche primordial brota esta pintura? ¿En qué oscura energía se nutre para extender ese fondo sombrío sobre el cual asoman, se insinuan o se recortan esas formas hirientes o aguzadas o esos colores, en ocasiones sutiles y delicados o en otras plenos de fosforescencias submarinas o transparencias propias de los espejismos del desierto o quizá de las atmósferas andinas. Pero hay más: la costa, la sierra o la selva del Perú, dos mil años antes de llamarse así, se unirían en peregrinaje hasta el Chavin de Huantar para adorar al ídolo de piedra donde felino, serpiente y pájaro, alucinógenos y sangre, confluían en esos ojos fríos y sus cuatro colmillos cruzados, como recuerda Mario Vargas Llosa, para suplicar protección contra la muerte, los desastres naturales o las guerras tribales. Ya allí escalinatas, terrazas, oratorios, aposentos, túneles, niebla y color se conjugaban en la ceremonia, en el ritual propiciatorio, en el sacrificio, que ahora, no hay duda, la pintura de Fernando de Szyszlo evoca, convoca e invoca solo con la magia de sus pinceles, en esas cartas astronómicas o sensores subterráneos que son sus óleos. Seguir leyendo “Una mirada a la pintura de Fernando de Szyszlo”

El viejo manuscrito

Imagen destacada del artista Otto Dix
Un cuento breve de Franz kafka

 

 

Podría decirse que el sistema de defensa de nuestra patria adolece de serios defectos. Hasta el momento no nos hemos ocupado de ellos sino de nuestros deberes cotidianos; pero algunos acontecimientos recientes nos inquietan.

Soy zapatero remendón; mi negocio da a la plaza del palacio imperial. Al amanecer, apenas abro mis ventanas, ya veo soldados armados, apostados en todas las bocacalles que dan a la plaza. Pero no son soldados nuestros; son, evidentemente, nómades del Norte. De algún modo que no llego a comprender, han llegado hasta la capital, que, sin embargo, está bastante lejos de las fronteras. De todas maneras, allí están; su número parece aumentar cada día. Seguir leyendo “El viejo manuscrito”

Un día de gloria (III)

Por Gonzalo Arango*

 

Por azar estoy en el Ley, como parte de un in-cierto itinerario en este recorrido “triunfal” que hago por la ciudad, el día de la publicación de mi libro. Estoy desolado, pues nada me ha sucedido, nadie me ha felicitado. Vagabundeo por este populoso almacén en un perfecto anonimato, sin ninguna esperanza de ser admirado.

Ya me iba cuando veo, a través de un espejo, el rostro de un joven serio, con gafas, que me mira con una tímida, pero respetuosa admiración. Quizás me ha reconocido. Su porte es severo, intelectual. Pienso que tal vez me quiere felicitar. Le regalo una sonrisa cómplice para darle ánimo a que me felicite. Pero el joven se hace el bobo, y rehúsa mi invitación. Bueno, allá él. Yo no soy petulante, pero él debería ir al psiquiatra a que le quite el complejo de inferioridad. Me dirijo a la salida perdiendo el tiempo mirando chucherías en los estantes. Me entero, por otro espejo, que el joven admirador me sigue a distancia. Lo miro, vuelvo a sonreírle para darle coraje, pero él vuelve a hacerse el bobo. Definitivamente este cretino debe ser un tímido sexual, o un “ye-ye”. Lo olvido. Seguir leyendo “Un día de gloria (III)”

Un teólogo en la muerte

Imagen destacada: Fragmento de El Jardín de las delicias, El Bosco.

 

Antología de la literatura fantástica*

 

Microcuento de Manuel Swedenborg*

 

Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo:

-He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe. Seguir leyendo “Un teólogo en la muerte”

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