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Literatura

A mí me está pasando algo raro dentro de mí

Imagen destacada: Ilustración de Cristhian Ramírez de la portada del libro La Vida me vive amargando la vida.

 

Un cuento de David Betancourt*

 

Yo no entiendo cómo pude convertirme en un querendón y mantenerme en esa vida tanto tiempo. Es que uno no se va resistiendo y arranca a querer a un prójimo desconocido que se le atraviesa en el camino y le dice que lo quiere y así porque sí, sin antes darte un abrazo o las gracias tan siquiera, te agarra a tiestazos o te mienta la madre o te grita voltiao y puras cosas feas como si en vez de afecto le estuvieras ofreciendo bala. Esa debilidad de ser querendón es cosa seria y nace así, espontánea, porque se le dio la gana. A mí me poseyó el día de mi cumpleaños, en el que por casualidades de la vida conocí a Roberto. Seguir leyendo “A mí me está pasando algo raro dentro de mí”

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La mosca

Obra destacada: Mi retrato, David Manzur

 

 

Un cuento de Katherine Mansfield*

 

-Pues sí que está usted cómodo aquí -dijo el viejo señor Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo haría un bebé desde su cochecito. Su conversación había terminado; ya era hora de marchar. Pero no quería irse. Desde que se había retirado, desde su… apoplejía, la mujer y las chicas lo tenían encerrado en casa todos los días de la semana excepto los martes. El martes lo vestían y lo cepillaban, y lo dejaban volver a la ciudad a pasar el día. Aunque, la verdad, la mujer y las hijas no podían imaginarse qué hacía allí. Suponían que incordiar a los amigos… Bueno, es posible. Sin embargo, nos aferramos a nuestros últimos placeres como se aferra el árbol a sus últimas hojas. De manera que ahí estaba el viejo Woodifield, fumándose un puro y observando casi con avidez al jefe, que se arrellanaba en su sillón, corpulento, rosado, cinco años mayor que él y todavía en plena forma, todavía llevando el timón. Daba gusto verlo. Seguir leyendo “La mosca”

El coyote hambriento aúlla en el jardín

Imagen destacada: Mural en el Centro Cultural Plurifuncional

 

“He venido a estar triste, me aflijo.

Ya no estás aquí, ya no,

En la región donde de algún modo se existe,

Nos dejaste sin provisión en la tierra,

Por esto, a mí mismo me desgarro”.

Nezahualcóyotl

 

 

Por Daniel Ángel · Fuente: Desde Abajo*

 

El coyote hambriento aúlla en el jardín. Mira hacia la luna llena y cree que allí un dios misericordioso lo contempla, mira hacia la montaña y cree ver la silueta de un lobo que huye de la frontera de la noche. Recuerda a su padre y el hambre crece como un pozo insondable dentro de su pecho, lo recuerda valiente, erguido, blandiendo su lanza en contra del enemigo, él solo, su padre solo luchando contra una veintena de guerreros tepanecas de Azcapotzalco que había enviado el malvado rey Tezozómoc para destronarlo. Hasta que cayó, con la mirada repleta de fulgor, aferrándose a su lanza como si fuera la vara que lo unía a la vida, entretanto él, su hijo, el príncipe debía contemplar la escena más terrible para cualquier hombre: ver morir a su padre. Por eso, se convirtió en el coyote hambriento, el coyote que no conoció jamás un límite, que jamás sació su hambre, al que jamás se le agotaron ni la tristeza ni las lágrimas al sentirse derrotado y perseguido, el gran poeta maya Nezahualcóyotl, que aullando a la luna cantó, “¿Con qué he de irme?/ ¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?/ ¿Cómo ha de actuar mi corazón?/ ¿Acaso en vano venimos a vivir,/ a brotar sobre la tierra?/ Dejemos al menos flores/ Dejemos al menos cantos”. Seguir leyendo “El coyote hambriento aúlla en el jardín”

Ni era vaca ni era caballo*

Imagen destacada: Portada del libro Ni era vaca ni era caballo, Ediciones Ekaré

 

Por Miguel Ángel Jusayú*

 

En aquel día yo era pequeño. Era yo el único que estaba, no había en la casa otro muchacho conmigo. Mis familiares me querían mucho: mis abuelos y mis abuelas. Ellos no me tocaban ni me hacían nada, me acariciaban:“nene, nene” –me decían ellos. ¡Quién sabe qué edad tenía yo en aquellos días! Pues no había nadie que llevase la cuenta de la edad. Seguir leyendo “Ni era vaca ni era caballo*”

Alí, el gran desobediente*

Por Reinaldo Spitaletta*

 

Era un héroe de la Guerra Fría, un adalid de la contracultura de los sesenta, un emblema de la lucha por los derechos de los negros en los Estados Unidos, tanto que, tras ser campeón olímpico, tiró su medalla de oro a un río en protesta porque no le quisieron servir en un restaurante de blancos. Seguir leyendo “Alí, el gran desobediente*”

V. Características de la novela contemporánea

Las letras y las artes en la crisis de nuestro tiempo*

 

Por Ernesto Sabato*

 

Ahora estamos en condiciones de apreciar debidamente el sentido y la trascendencia de la novela actual, y de juzgar hasta qué punto se equivocan algunos de sus críticos. Hace unos treinta años, T. S. Eliot afirmó que el género había terminado con Flaubert y Henry James. En una forma o en otra, diferentes ensayistas reiteraron ese juicio funerario. Fenómenos tan considerables como Proust, Joyce y Kafka no los arredran, pues raramente los autores de esquemas racionales se dejan apabullar por los simples hechos: si velocísimos caballos no le impidieron a Parménides demostrar que la realidad es inmóvil ¿cómo Kafka le va a estorbar la tesis a Eliot? Seguir leyendo “V. Características de la novela contemporánea”

Chaco

Un cuento de Liliana Colanzi* 

 

Decía mi abuelo que cada palabra tiene su dueño y que una palabra justa hace temblar la tierra. La palabra es un rayo, un tigre, un vendaval, decía el viejo mirándome con rabia mientras se servía alcohol de farmacia, pero ay del que usa la palabra a la ligera. ¿Sabés qué pasa con los mentirosos?, decía. Yo quería olvidarme del abuelo mirando por la ventana a los suchas que daban vueltas en el inmundo cielo del pueblo. O le subía el volumen a la tele. La señal llegaba con interferencia, una explosión de puntitos. A veces eso era todo lo que veíamos en la tele: puntitos. ¿Sabés lo que le pasa al que miente?, insistía el abuelo, esquelético, amenazándome con el bastón: la palabra lo abandona, y al que se queda vacío cualquiera lo puede matar. Seguir leyendo “Chaco”

Elogio del huracán

Un cuento de Alejandro Morellón*

 

Siempre he disfrutado de la violencia de lo cotidiano: por ejemplo, la de un vaso que se rompe en la oscuridad. A veces me pregunto si este recuerdo es realmente mío. Revivo la escena con una alegría difícil de contener: el objeto que cae y se desintegra y se hace estrépito sordo y luego tumulto de voces en mitad de la noche. Mi madre le da al interruptor para que se iluminen los vidrios desperdigados. Su mano abierta en el aire, por encima de mí. El sonido de la bofetada que no se parece en nada al sonido del cristal contra el suelo y la sensación de comprender que todo forma parte de la ceremonia. La violencia que empieza en un vaso y termina con el dolor que una madre le impone a su hijo. Seguir leyendo “Elogio del huracán”

La ley de la vida

Imagen destacada: Nieve en Louveciennes, Alfred Sisley

 

Un cuente breve de Jack London

 

El viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojaba tras su arrugada frente, pese a que ya no la aplicara a las cosas del mundo. ¡Ah! Aquélla era Sit-cum-to-ha, que estaba riñendo con voz aguda a los perros mientras les ponía las correas entre puñetazos y puntapiés. Sit-cum-to-ha era la hija de su hija. En aquel momento estaba demasiado atareada para pensar en su achacoso abuelo, aquel viejo sentado en la nieve, solitario y desvalido. Había que levantar el campamento. El largo camino los esperaba y el breve día moría rápidamente. Ella escuchaba la llamada de la vida y la voz del deber, y no oía la de la muerte. Pero él tenía ya a la muerte muy cerca.

Seguir leyendo “La ley de la vida”

La confianza es algo espléndido

Imagen destacada: Robert Wasler paseando 

 

Por Robert Walser* –  Fuente: Mecánica Celeste

 

La confianza es algo espléndido, me hizo pensar una voz poderosa que brotaba de labios de un paseante. Era una voz redonda. Una muchacha me advirtió que estaba dando un rodeo. «No es en el camino recto, sino en los rodeos donde se encuentra la vida», le repliqué. «Sólo cuando nos desvían de nuestro objetivo nos damos cuenta y somos capaces, en caso necesario, de demostrar que no lo hemos perdido de vista, es decir, que atesoramos una suerte de entereza de carácter.» En una pradera se veían unas cuantas losas sepulcrales. Eran tumbas familiares. Qué solitarias estaban. Parecía no haberlas rozado una mirada humana desde hacía una eternidad. Así que fue un detalle por mi parte prestarles atención. Pasé por delante de una iglesia. Quizá precisamente en ese instante al párroco le apetecía tomar el té con los suyos. Tal vez esa mañana había pronunciado un sermón impresionante. Para un paseante guardar siempre la compostura frente a todas las personas con las que se tropieza supone un trabajo anímico. La gente sensible comprenderá mis sentimientos. Por fortuna, no escribo para los insensibles o faltos de sensibilidad. Ellos tampoco leen mis artículos. Seguir leyendo “La confianza es algo espléndido”

La última visita del caballero enfermo

Un Cuento de Giovanni Papini*

 

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastianbo del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron -yo estoy entre esos pocos- recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos. Seguir leyendo “La última visita del caballero enfermo”

Palabras y sangre: la imaginación desgarradora de Giovanni Papini

Por Salvador E. Venegas Andraca* 

 

Nuestra civilización tiene en la palabra su piedra angular y en la literatura un medio supremo de expresión. Además de invitarnos a imaginar vidas arrebatadoras, la literatura es un instrumento idóneo para plasmar los deseos, miedos y aspiraciones de la raza humana. Por ejemplo, Octavio Paz y Carlos Fuentes son referentes obligados en el estudio del pueblo mexicano, la obra de Susan Sontag nos permite analizar algunas relaciones existentes entre la creación literaria y las enfermedades mortales, y Giovanni Papini es indispensable para abrirse camino en el estudio de la Europa de la primera mitad del siglo XX y del alma humana en cualquier tiempo. Seguir leyendo “Palabras y sangre: la imaginación desgarradora de Giovanni Papini”

10 cuentos mexicanos para este Día de muertos

Imagen destacada: Sueño de una tarde dominical en la alameda central, de Diego Rivera

 

Por Melissa Campos* · Fuente: Revista Milmesetas

 

El día de muertos es una celebración que se lleva a cabo todos los 2 de noviembre de cada año aquí en nuestro país: las ofrendas, los altares, las flores de cempasúchil, las veladoras, las calaveritas de dulce, el papel picado, las catrinas y demás inundan las calles de México desde los días finales del mes anterior. Pero también esta tradición, sobretodo la muerte y el magnetismo que la rodea, es un tema recurrente en la literatura mexicana, aunque los puntos de vista son tan variados como el gusto de cada escritor.

En este artículo se recopilan algunos cuentos de narradores mexicanos que abordan la muerte desde su propia pluma. Cabe advertir que la selección no sigue una línea cronológica ni estilística sino que está más cercana a lo caprichoso pero igual de disfrutable para leer un rato en compañía de la huesuda. (Los títulos en negritas conducen al cuento en línea.) Seguir leyendo “10 cuentos mexicanos para este Día de muertos”

IV. Fenomenología y Literatura

Las letras y las artes en la crisis de nuestro tiempo*

 

Por Ernesto Sabato*

 

Las doctrinas no aparecen al azar: por un lado prolongan y ahondan el diálogo que mantienen a través de las edades; por otro, son la expresión de la época en qué se enuncian. Así como una filosofía estoica nace siempre en el despotismo, así como el marxismo expresa el espíritu de una sociedad que violentamente nace a la industrialización, así el existencialismo tradujo las angustias del hombre que vive el derrumbe de una civilización tecnolátrica.

Lo que no quiere decir que lo traduzca unívoca y literalmente, pues una doctrina se elabora de manera compleja y siempre polémica. Mientras que el racionalismo fue el tema dominante a partir del Renacimiento, el irracionalismo irrumpió una y otra vez, con creciente poderío, hasta alcanzar la hegemonía. Y aunque el existencialismo actual no es (como muchos suponen) un simple irracionalismo, es cierto que se formó en la lucha que los hombres del siglo pasado iniciaron contra la razón. Seguir leyendo “IV. Fenomenología y Literatura”

Los días perdidos

Imagen destacada: Talking heads, 1982, Lorenzo Jaramillo

 

Por Daniel Ángel · Fuente: Desde Abajo

 

Su madre Yolanda Mora era antropóloga y su padre Jaime Jaramillo Uribe historiador. Ambos profesores universitarios. Nació en Hamburgo en 1955. Creció en un ambiente académico, rodeado por el arte y los libros. Cuando su madre lo llevaba en el vientre pintó. Ella pintaba todos los días. Y él, por una marca indeleble del destino hizo lo mismo desde que abrió los ojos al mundo. A los quince años recibió clases de Roda. A los dieciocho ya estaba en la escuela de artes de la Universidad Nacional. Se retiró. A los veinte estaba en Londres, luego París. Se enamoró de París como Silva, pero no tuvo la oportunidad –como bien lo hizo el poeta–, de conocer a Mallarmé ni mucho menos a Moreau. También estaba enamorado de un hombre que lo decepcionó y del cine de Rosseti. Sobre todo le gustaba la película Alemania año 0. Era un gran dibujante. Eso lo dijo el otro pintor, Caballero, con quien compartió durante algunos años en París. Leía, leía mucho, sobre todo historia del arte y literatura, cada cosa en su lengua natural. No creo que tuviese muchos amigos, ¿cómo una persona con su genio puede tener muchos amigos? Seguir leyendo “Los días perdidos”

Alguien desordena estas rosas

Imagen de la obra La mujer de las rosas del Teatro Hora 25*. Versión libre del cuento de Gabriel Gracía Márquez

 

 

Un cuento de Gabriel García Márquez

 

Como es domingo y ha dejado de llover, pienso llevar un ramo de rosas a mi tumba. Rosas rojas y blancas, de las que ella cultiva para hacer altares y coronas. La mañana estuvo entristecida por este invierno taciturno y sobrecogedor que me ha puesto a recordar la colina donde la gente del pueblo abandona sus muertos. Es un sitio pelado, sin árboles, barrido apenas por las migajas providenciales que regresan después de que el viento ha pasado. Ahora que dejó de llover y que el sol de mediodía debe haber endurecido el jabón de la cuesta, podría llegar hasta el túmulo en cuyo fondo reposa mi cuerpo de niño, ahora confundido, desmenuzado entre caracoles y raíces.

Seguir leyendo “Alguien desordena estas rosas”

Tiempo de sequía*

Imagen destacada: El arroyo, de Arthur Streeton

 

Un cuento de Manuel Mejía Vallejo*

 

 

—Ni agua siquiera.

La voz suena a polvo de largo verano, a sed antigua. El sudor estampa el corpiño contra los senos.

—Cuánta espera, Sebastián, ¡y ni pa una taza de café!

Descarga la tinaja después de sacudirla ante su invisible interlocutor, y echa a lo alto su mirada en súplica violenta. El reverberar del aire chamusca los ojos. Ni nubes para atajar el sol, ni brisa para airear los árboles que estiran sus ramazones en llamarada.

—No sirve pa beber —dice la mujer sentándose sobre un tablón rajado. Hunde un trapo en el fondo de la vasija, lo escurre y lo adhiere al rostro. Más parecen sudor tres gotas al resbalar por la piel brillante, distendida de pómulo a pómulo para dar clima de verano a su figura. Seguir leyendo “Tiempo de sequía*”

El triunfo*

Un cuento de Clarice Lispector*

 

El reloj da las nueve. Un golpe alto, sonoro, seguido de una campanada suave, un eco. Después, el silencio. La clara mancha de sol se extiende poco a poco por el césped del jardín. Trepa por el muro rojo de la casa, haciendo brillar la hiedra con mil luces de rocío. Encuentra una abertura, la ventana. Penetra. Y se apodera de repente del aposento, burlando la vigilancia de la cortina leve.

Luísa sigue inmóvil, tendida sobre las sábanas revueltas, el pelo esparcido sobre la almohada. Un brazo aquí, otro allí, crucificada por la languidez. El calor del sol y su claridad llenan el cuarto. Luísa parpadea. Frunce las cejas. Seguir leyendo “El triunfo*”

La pasión según la literatura de Clarice Lispector

Fotografía por Claudia Andujar

 

Por Melissa Campos · Fuente: Revista Milmesetas

 

Clarice Lispector (1920-1977) fue una de las escritoras brasileñas mejor reconocidas internacionalmente, con una fructuosa producción literaria en la que destacan sus novelas y cuentos. También era colaboradora en periódicos, revistas y suplementos donde escribía artículos de diversos temas, en especial dirigidos a mujeres. Y no sólo eso, sus obras también retratan una mente femenina —la mayoría de sus protagonistas son mujeres— tan compleja que transciende fronteras de género y se vuelve una voz universal. Seguir leyendo “La pasión según la literatura de Clarice Lispector”

Holderlin y la esencia de la poesía*

Imagen destacada: Obra de la artista Rosenell Baud

 

Por Martin Heidegger*

 

En memoria de Norber Von Helligrath caido el 14 de diciembre de 1916

 

Las cinco palabras-guía

1. Poetizar: la más inocente de todas las ocupaciones (III, 377).
2. Y se le ha dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje… para que muestre lo que es… (IV,
246).
3. El hombre ha experimentado mucho. Nombrado a muchos celestes, desde que somos un diálogo y podemos oír
unos de otros (IV, 343).
4. Pero lo que queda, lo instauran los poetas (IV, G3).
5. Pleno de méritos, pero es poéticamente como el hombre habita esta tierra (VI, 25).

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