Imagen destacada: Retrato de Eduardo Carranza por Oswaldo Guayasamín

 

Un poema de Eduardo Carranza*

 

Me asomo a este recuerdo desde fuera
como uno que llega de lejos,
después de muchos años, a su antigua casa
y sube la calle andando casi con el corazón
y, casi furtivo, en la noche
se acerca a la ventana iluminada
y mira, desde fuera, lo suyo tan ajeno,
mira lo conocido, tan extraño.

Los dos que están allí, dentro, como alelados,
como escuchándose mutuamente el corazón
no pueden verme desde la estancia iluminada
porque es de noche y está oscuro
en las calles de la pequeña ciudad antigua.
Y los dos son ya transparentes.
Pero se sabe que, ligeramente inclinados,
escuchan una mutua melodía
y ella sonríe como prolongando la luna.

El fuego está encendido y todo está en suspenso.
Las cosas esperan algo inminente, al otro instante,
y callan como recordando
algo que acaba de pasar ha mucho tiempo.
Hay un perfume.
Mi frente toca el cristal
y mi rostro se deshace y confunde
con el pasado y el futuro, con los dos seres
transparentes,
con el fuego, con el libro entreabierto.
En los rincones se agrupan las palabras
como a veces en los nostálgicos poemas,
y brillan los besos apenumbrados
levemente cubiertos de tiempo y de silencio.

Me asomo a este recuerdo alzándome
en puntillas sobre el corazón:

¡Oh, Dios clemente! Dime
si el fantasma soy yo, en la noche oscura,
o lo es el de la estancia iluminada.

 

 

 

 

 


 

 

 

Acerca del autor: Eduardo Carranza Fernández Poeta colombiano, uno de los animadores del grupo “Piedra y Cielo”, surgido en la década de 1930. Su niñes transcurrió en diversos pueblos del centro del país; la tierra de la infancia, edén perdido asociado a la imagen materna, es un tema recurrente en su poesía. Wikipedia

 

*Poema del libro Los pasos cantados

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