Por Mario Méndez

 

Parece que en todas las escrituras alfabéticas existe este pequeño rabillo – semejante el filamento impulsor de algunos protozoos – que suele encontrarse donde no debe estar o faltar cuando su presencia es verdaderamente imprescindible.

 

Se parece al cilio o filamento impulsor de algunos protozoos, enroscándose en su minúscula cabeza.

Sirve para darle cadencia a un texto y, aunque no siempre resulta atractivo en poesía, en el lenguaje escrito en general es necesario no sólo para que el lector pueda respirar sino también para precisar el sentido de las oraciones y evitar equívocos, a veces enojosos, a veces simpáticos.

Parece que en todas las escrituras alfabéticas existe este pequeño rabillo que suele encontrarse donde no debe estar o faltar cuando su presencia es verdaderamente imprescindible.

Su manejo no resulta fácil: es elusiva la coma (,), se esconde, transita a su antojo por ese mundo complicado de las palabras, pero es imposible ignorarlo si no se quiere correr el riesgo de decir, como en el caso de un mensaje infortunado: “llegamos bien burros, enfermos de muerte, los niños preocupados”. O peor aún: “Llegamos bien, burros enfermos, de muerte los niños; preocupados”. Cuando el mensaje quería y debía decir: “Llegamos bien, burros enfermos de muerte, los niños preocupados”.

Veamos algunos ejemplos de correcto uso de este signo de pausa breve:

  1. En enumeraciones, separando partes iguales de la oración: Los candidatos del Partido Verde eran Pérez, Ramírez, Martínez y Rodríguez.
  2. En expresiones en vocativo: ¡Animo, muchacho! ¡Oh, cariño mío, cómo me haces falta!
  3. Para separar oraciones dentro de un conjunto de palabras con sentido completo: Soraya canta, Isabel escucha, el tiempo pasa y el recuerdo queda./ Llegue extenuado, terminando la noche, con el pensamiento fijo en la tragedia, y ya era tarde para descansar.

Observe aquí el uso de la coma antes de la conjunción copulativa y, a diferencia del primer ejemplo de las oraciones enumerativas (casi 1).

  1. Para separar elementos de carácter explicativo: Lleras, presidente de aquella época, decretó la medida.
  2. Para separa oraciones incidentales, complementarias: Rolando, todavía muchacho, cursaba quinto año.
  3. En frases con supresión (elipsis) de verbo (éste va tácito, evitando recargo y dándole agilidad al texto): Hommes es ministro de Hacienda y Crédito Público; y Posada, de Trabajo y Seguridad Social (también se hace tácito el cargo).
  4. En los casos de frases con carácter condicional: Si me lo permites, yo me encargo del asunto.
  5. En frases iniciadas con gerundio, con carácter adverbial: Pensando que llegabas, Sandra alistó la mesa.
  6. En ciertas frases regidas por adverbio o expresión adverbial: Finalmente, todo terminó de manera satisfactoria./En efecto nada sucedió./No obstante, Iraq seguía en Kuwait./Por último, les ofrezco disculpas (No: “les pido”, cuando el sujeto ha cometido una supuesta falta)./ En consecuencia (conforme a lo acordado), los contratantes cubren los costos por partes iguales.
  7. Antes de las conjunciones “pues”, “porque”, “luego”, “mas” (pero): “Ladran, luego cabalgamos”. “Pienso, luego existo”. “Sí lo sé, mas no lo digo”.
  8. En frases antecedidas por locución conjuntiva: Por consiguiente, no se acepta la explicación.

Esta relación es apenas una aproximación. Para puntuar en forma apropiada debe apelarse, de todos modos, al sentido de lo que se desea expresar, con el fin de eliminar, en lo posible, el peligro de caer en confusiones como las señaladas, todo por una simple coma, el esencial signo trágico, dolor de cabeza de escritores y otros usuarios de esta culebrilla del demonio.

Para terminar, veamos dos contrapuestas y justificadas notas:

  1. Obligatorio “barroquismo” en el uso del signo o el lenguaje por viacrucis de comas: Esperamos, naturalmente, haber, así, ayudado, ojalá, al ¡siempre!, sin duda, complicado uso de la coma.
  2. Para decir lo mismo sin pausa gráfica o lenguaje sobre autopista: Esperamos haber ayudado con estas líneas a una más educada y conveniente destreza en la exigente y siempre complicada utilización de un elemento tan importante de la escritura.

Todo depende del camino elegido.

 

 

 

 


 

 

(Tomado de la revista Cromos, Edición del 3 de diciembre de 1990)

 

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