Obra destacada del artista Víctor Hugo Ruíz

 

Por Nelson F. Roberto* · Fuente: Le Monde Diplomatique

 

El pasado viernes 28 de julio falleció en Bogotá el filósofo Daniel Herrera Restrepo, maestro de la fenomenología en Iberoamérica, destacado académico e intelectual y gran promotor del quehacer filosófico en el país. 

 

El maestro Daniel Herrera nació en Santa Rosa de Osos (Antioquia) en 1930, estudió filosofía en la Universidad de San Buenaventura en Bogotá (1947-1950). Viajo a Europa en plena posguerra, se licenció en Filosofía en la Universidad Católica de Lovaina con la tesis “Filosofía de la historia en Husserl” (1955-1958), cursó una Especialización en Filosofía Alemana en la Universidad de Friburgo (1959-1960) y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Católica de Lovaina (1959-1961) con la tesis “Dinamismo teleológico de la conciencia según Husserl”.


En el convulsionado ambiente intelectual de Lovaina tuvo acceso privilegiado a los Archivos-Husserl, creados en 1939 tras la muerte del filósofo alemán por el padre franciscano Hermann Leo Van Breda quien evitó que los más de 45000 folios de las obras completas, editadas y publicadas posteriormente en la famosa Husserliana: Edmund Husserl Gesammelte Werke, fueran destruidos por los nazis en Friburgo. Los Archivos-Husserl se constituirían en su mayor escuela pues, además de acceder a textos inéditos que desvirtuaban la extendida lectura de un Husserl idealista para la época, tuvo contacto directo con filósofos como Emmanuel Lévinas, Gabriel Marcel, Jean Paul Sartre y Merleau-Ponty. En Lovaina, epicentro de los estudios en sociología en el momento, conoció también a Camilo Torres con quien estableció una fraterna amistad y compartió una profunda preocupación por los problemas sociales del país que no dejaría de expresar hasta en el último de sus escritos.

 
Regresó a Colombia en la década del sesenta y se desempeñó en varios cargos administrativos: decano de la Facultad de Filosofía y Rector de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá (1966-1969); decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle (1970-1982); Vice-rector Académico de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD (1984-1985); decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Santo Tomás (1983-1985) y Vicedecano de la Facultad de Filosofía (1993-1996). En 1978 participó en la refundación de la Sociedad Colombiana de Filosofía junto a otros destacados académicos de la época como Juan José Botero, Rafael Carrillo, Víctor Florián, Carlos B. Gutiérrez, Guillermo Hoyos, Ramón Pérez Mantilla y Rubén Sierra Mejía.

 
En su extensa trayectoria académica fue profesor titular e invitado en varias universidades del país como la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá (1966-1969), la Universidad Pedagógica Nacional (1962-1967), la Universidad La Gran Colombia (1962-1988), la Universidad del Valle (1969-1983), la Universidad Nacional de Colombia (1988-1994) y la Universidad Santo Tomás, entre otras. De su experiencia docente en la época del sesenta nos legó Teoría del conocimiento (Universidad de San Buenaventura, 1962) y Lógica (Universidad de San Buenaventura, 1963), siendo aquel uno de los primeros tratados sistemáticos en Colombia sobre este tópico escrito en una perspectiva fenomenológica, según lo refiere su discípulo el filósofo German Vargas Guillén (1).

 
Maestro humanista por excelencia, Daniel Herrera formó a varias generaciones de maestros, académicos e intelectuales en una Colombia sometida a la violencia del conflicto armado, que se recrudeció en los años ochenta por el narcotráfico, el paramilitarismo, los excesos del Estado y una abrumadora inequidad social. En este sentido, fue un filósofo que no solamente pensó su tiempo, sino que puso a pensarlo a muchos en una perspectiva reflexiva. Tal era la concepción de su quehacer: “la filosofía es una reflexión sistemática, critica y prospectiva sobre las diversas practicas del hombre frente a la realidad; es decir, sobre los diversos procesos de producción que lleva a cabo el hombre a partir de lo que encuentra en su alrededor: practicas económicas, políticas, ideológicas, científicas…” (2).

 
El filósofo, “conciencia crítica de la sociedad”, es un “funcionario de la humanidad” y en tanto tal asume la responsabilidad de negar la actitud objetivista del mundo y de la historia en los que está inmerso. La invitación de Daniel Herrera siempre fue a salir del estado ingenuo e irreflexivo del mundo de las cosas en el que vivimos. Su filosofía era una filosofía del mundo de la vida, de la experiencia concreta, del mundo de las tradiciones, los factores culturales y los valores éticos en construcción, como el de la democracia que tanto nos recalcó. Su invitación a proyectarnos al mundo de la vida [Lebenswelt] la hizo siempre de forma clara y concisa, lejos de toda pretensión personal y con una calidez y humanidad tal que nunca pasaba desapercibida.

 
Como lector de nuestra tradición, Daniel Herrera sostuvo posiciones críticas frente a la precariedad histórica de nuestro pasado colonial, negó la existencia de una filosofía latinoamericana y colombiana, toda vez que la filosofía aquí no se ha visto avocada a recuperar las estructuras fundamentales de nuestra existencia en la vida cotidiana, aquellas de una unidad espiritual que se expresa en nuestras formas de ser, pensar y actuar como latinoamericanos y colombianos. Así las cosas, le resultó siempre problemático afirmar la solidez de los proyectos identitarios y democráticos, más aún cuando estos no se correspondían con las prácticas políticas, económicas y culturales de la historia reciente del país.

 
A la perspectiva crítica de Daniel Herrera subyace toda una propuesta que él mismo explicitó en la década de los noventa. En efecto, en ausencia de una teleología o unidad esencial en Latinoamérica y en Colombia es necesario señalar la existencia de otros tipos de racionalidad: “¿Hasta qué punto estamos conscientes que de hecho en nosotros pesan más otras dimensiones, otras disposiciones que, de acuerdo con las categorías del “logos” occidental, son dimensiones irracionales? ¿Acaso nuestro ser integral no entra en relación y contacto con la realidad a través de dimensiones como lo corporal, lo emotivo, lo intuicional, lo estético, lo mítico, lo subconsciente?” (3).

 
Es imperativo hacer una “Crítica de la razón latinoamericana”, esto es, explicitar nuestra unidad espiritual y a partir de ella delimitar los problemas que deben ser objeto de reflexión filosófica y establecer categorías y métodos de reflexión que respondan a nuestras vivencias: “es necesario poner en claro que en nosotros, quizás más que en hombres de otros pueblos, no se da un cogito puro, sino un cogito encarnado; que para nosotros pensamiento y consciencia no coinciden; que para nosotros la capacidad discursiva es solo uno de nuestros posibles modos de presencia en el mundo, que la experiencia no se deja racionalizar” (4).

 
A la tarea crítica de la filosofía se sigue necesariamente la formulación de una lógica propia de la razón de la que se sirve el latinoamericano para elaborar su visión del mundo y dar razones de sus prácticas culturales. Sin embargo, la explicitación de esta lógica no basta para la tarea de la crítica de la razón latinoamericana, hay que elaborar nuestras propias categorías para expresar filosóficamente dicha visión del mundo: “¿no será, acaso, que hemos sido incapaces de elaborar las categorías que nos permitirían expresar, aunque sea limitadamente, la riqueza de nuestra experiencia de la realidad?” (5).

 
En esta perspectiva, el maestro Daniel Herrera siempre fue receptivo al diálogo con otras orientaciones teóricas como en el caso de la mal llamada “posmodernidad”. En una ponencia presentada en Pasto en 1996 el filósofo señalaba: “¿no será posible ampliar el concepto de razón de tal manera que incluya todas aquellas dimensiones mediante las cuales el hombre capta el sentido de la realidad y que tradicionalmente se consideraron irracionales?” (6).

 
Buena parte de su producción intelectual fue dedicada al estudio de filósofos clásicos como Tomás de Aquino, Ockham, Descartes, Kant, Sartre y especialmente la fenomenología de Husserl. En esta perspectiva, los artículos, ensayos y notas hacen parte del inconmensurable legado que nos deja el filósofo. Fácilmente se podría señalar más de un centenar de publicaciones en revistas de Latinoamérica y Colombia. Particularmente, sus contribuciones fueron constantes en Franciscanum, Ideas y Valores, Praxis Filosófica y Cuadernos de Filosofía Latinoamericana; revistas que, junto a otras que no es posible señalar aquí, le abrieron paso a la filosofía moderna y contemporánea en el país en la segunda mitad del siglo XX.

 
Por su parte, son numerosos sus estudios sobre fenomenología: Fenomenología del yo (1966), Hombre y filosofía (1970), Los orígenes de la fenomenología (1980), Escritos sobre fenomenología (1986), La fenomenología y Latinoamérica (1999), La persona y el mundo de su experiencia (2002). El estado y desarrollo de la filosofía en Colombia fue otra de sus grandes inquietudes: la bibliografía sobre La Filosofía en Colombia publicada en 1975 por la Universidad del Valle arriesga un arqueo de más de 3.000 publicaciones de corte filosófico en el país entre 1620 y 1975 en revistas y boletines de América y Europa. A su vez, los estudios publicados en la Biblioteca Colombiana de Filosofía (BCF) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás -colección que dirigió entre 1985 y 1998- son significativos para entender el trasegar del pensamiento en Colombia: La filosofía en la cosa caribeña. Textos y bibliografía (1993) El pensamiento filosófico de José Félix de Restrepo (2006).

 
Cómo no recordar la entrevista que con la profesora Tatiana Castañeda le hicimos al maestro Daniel Herrera en mayo de 2013. Con la amabilidad y cercanía que siempre lo caracterizó discutimos varias horas sobre algunos presupuestos de su trabajo filosófico y sobre el estado de la filosofía en Colombia. En una completa calma el filósofo no dudo en señalar el desarrollo problemático de la filosofía en el país a propósito de los diversos estudios que hizo en una perspectiva historiográfica; reconoció el arduo trabajo que varias generaciones de pensadores y académicos colombianos han realizado: la primera llamada generación del Rosario de 1900 a 1930 (Baldomero Sanín Cano, Carlos Arturo Torres, Agustín Nieto Caballero, Luis López de Mesa y Julio Enrique Blanco de quien afirmaba ser “el único filosofo en Colombia antes de 1930” (7); la segunda generación de 1930 a 1960 conocida por ser la de los fundadores del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional (Danilo Cruz Vélez, Rafael Carrillo, Luis Eduardo Nieto Arteta y Cayetano Betancourt); la tercera generación, de 1960 en adelante que, como el filósofo, regresó al país tras una formación posgradual en el viejo continente o Norteamérica (Carlos B. Gutiérrez, Guillermo Hoyos, Jorge Aurelio Díaz, Víctor Florián, entre otros).

 
En cuanto a afirmar la existencia de la llamada “normalización de la filosofía” en Colombia se mostraba reacio; aseguraba, por su parte, que ésta difícilmente se ha dado como reconocimiento de la filosofía en la función ordinaria de la cultura, a pesar de los órganos de difusión, programas de formación, eventos de filosofía, bibliotecas y cierta movilidad docente y estudiantil que se empezaron a dar en algunas universidades colombianas a finales del siglo pasado. Se mostraba optimista de cara al futuro de la filosofía en el país y, particularmente, por un nutrido grupo de investigadores comprometidos en darle continuidad al trabajo que él como otros de su generación iniciaron décadas atrás.

 
El mismo año de la entrevista la Unesco declaró la obra del maestro Daniel Herrera patrimonio de la humanidad por lo cual sus escritos empezaron a ser digitalizados y dispuestos en una plataforma en Internet de acceso libre. El maestro fue homenajeado en varias ocasiones, reconocido por su intensa labor en pro de la filosofía: Doctor Honoris Causa por la Universidad Santo Tomás (2006) y por la Universidad de San Buenaventura (2014), cuya Facultad de Filosofía creó en el año 2015 la “Catedra Daniel Herrera”.

 

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1. Vargas Guillén, G. “Daniel Herrera Restrepo: Maestro de Filosofía. Algunas claves para la interpretación de su obra” en: Revista de Estudios Latinoamericanos, N° 14-15, Universidad de Nariño, San Juan de Pasto, 2004, p. 4.
2. Herrera Restrepo, D. “Sobre la posibilidad de una filosofía latinoamericana” en Jaramillo, C. & Villamil, M. (Comp.), Por los senderos del filosofar, p. 213.
3. Ibíd., p. 212.
4. Ibíd., p. 213.
5. Ibíd., p. 214
6. Herrera Restrepo, D. “Posmodernidad: ¿Ruptura con la modernidad?”, en: Por los senderos del filosofar, op. cit., p. 193-194.
7. Castañeda, T. Alba, F. “La filosofía como humanización de la persona. Entrevista al maestro Daniel Herrera Restrepo” en Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, Universidad Santo Tomás, Vol. 34, N° 109 (julio-diciembre 2013), p. 33.

 

 

*Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Santo Tomás.

 


 

 

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*Artículo publicado bajo autorización del periódico Le Monde Diplomatique, edición Colombia Nº 168

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