Por Salvador E. Venegas Andraca* 

 

Nuestra civilización tiene en la palabra su piedra angular y en la literatura un medio supremo de expresión. Además de invitarnos a imaginar vidas arrebatadoras, la literatura es un instrumento idóneo para plasmar los deseos, miedos y aspiraciones de la raza humana. Por ejemplo, Octavio Paz y Carlos Fuentes son referentes obligados en el estudio del pueblo mexicano, la obra de Susan Sontag nos permite analizar algunas relaciones existentes entre la creación literaria y las enfermedades mortales, y Giovanni Papini es indispensable para abrirse camino en el estudio de la Europa de la primera mitad del siglo XX y del alma humana en cualquier tiempo.

Giovanni Papini, nacido en Florencia el 9 de enero de 1881 y muerto en la misma ciudad el 8 de julio de 1956, es uno de los escritores más controversiales que Italia ha dado al mundo. Papini se distinguió por la claridad, firmeza y precisión quirúrgica con la que sus letras exponían las caras del alma humana y sus más íntimos sentimientos, como la esperanza, el dolor, la ira y la religiosidad.

Como todas las almas en constante desasosiego, Papini fue un hombre pasional, entregado a sus causas: por una parte, su búsqueda desesperada por encontrar sentido a la existencia del hombre le llevó primero a ser ateo y después al catolicismo; además, Papini tuvo una obsesión incurable respecto de la grandeza de Italia y el papel que su patria debía jugar en el concierto mundial. La búsqueda de sentido llevó a Papini a su gran acierto, escribir textos que hicieron su nombre inmortal, en tanto que la segunda le condujo a un error craso: apoyar a Mussolini en su ascenso y permanencia al frente del Estado italiano.

Estas palabras que entrego a usted, estimado lector, buscan invitarle a estudiar al Papini literato, sobre todo al articulador de cuentos, género en el que el florentino fue excelso. En particular, deseo recomendarle Palabras y Sangre, una colección de cuentos fantásticos, llenos de poder descriptivo, sentimientos y pasiones, publicado en 1912. Por ejemplo, el cuento “El hombre que se ha perdido a sí mismo” relata la historia de un hombre que, después de perder su identidad en un baile de disfraces, encuentra que la única manera de mantener la cordura es cubriendo su cara, permanentemente, con una máscara. “Sin ninguna razón” es la historia de Sieroska, quien quiso ser el primer humano en suicidarse sin razón alguna, y que termina aniquilándose por una causa muy común: la vergüenza. En “El que no pudo amar” se da cuenta de la historia de Don Juan Tenorio en un diálogo crudo y honesto con Juan Buttadeo, el judío errante.

Para terminar, quisiera contarle una anécdota. Giovanni Papini fue tan bueno escribiendo cuentos que, muchos años después de su muerte, continuó cosechando premios: en 1997, Daniel Azetti fue premiado en un concurso de cuento del diario argentino “La Nación”… con un cuento plagiado. El cuento original fue escrito por Papini bajo el título “El espejo que huye”, el cual forma parte de Palabras y Sangre.

 

Para saber más:

http://www.giovannipapini.it/Gianfalco/

http://fisicarecreativa.net/libronegro/index.html

http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/fondo2000/vol1/memorias/html/portada.html

 


 

 

*Acerca del autor: El autor es un científico dedicado al cómputo cuántico y al emprendedurismo tecnológico. sva@mindsofmexico.org