Obra destacada: Sandía cubista con Valentin (2001). Ana Mercedes Hoyos 

 

>Cuentos nadaístas

 

Por Elmo Valencia*

 

En Cali hay una estatua que los pájaros no cagan por respeto al romanticismo.

Y por respeto a sí mismos. La estatua de Efraín y María. Efraín de pie, elegantemente vestido e inclinado sobre la diosa del amor del siglo XIX, todas las mañanas le dirige palabras tiernas: “¿Cómo estas querida?”

“Me has pensado?

Ella senada, su vestido hasta los tobillos y sus largas trenzas acariciándole los hombros, lo escucha con mucha emoción. A lo lejos, la música de un bolero que viene de un transistor. “Bésame, bésame mucho”.

Esta mañana apenas salió el sol, Efraín le dijo: “Anoche soñé contigo”.

– ¿Y que soñaste?

– Que estábamos en el cine viendo una película y en eso se fue la luz.

– ¿Y que pasó?

– Te besé en la boca, María. Estoy muy apenado contigo.

– Pero fue un sueño.

– Precisamente por eso, por que te besé en un sueño.

Se quedaron callados durante varias horas. La gente empezó a inundar.

La cotidianidad. La búsqueda cruel de significados a la vida.

De pronto un lotero que viene por el puente España grita:

“Lotería para hoy. Gánese el mayor”. Efraín al oírlo, gira su esbelto cuerpo y lo llama. Mira los números y se compra un billete. Lo guarda con mucho cuidado en el bolsillo de su pantalón de corte inglés. María le da una amplia sonrisa aunque en el fondo de su corazón sabe que ganarse la lotería es muy difícil y más con estos calores que están haciendo.

“Si me la gano, mañana nos asamos”, le dice el apuesto galán de corbatín blanco y unas manos tan suaves que acarician el aire con solo levantarlas. Ella lo desea, quiere estar con el íntimamente. Sin embargo, no le contesta nada. Como si entendiera que la suerte no tiene nada que ver con su destino.

Minutos más tarde pasa una negra vendiendo jugos. María, al oírla, la llama.

– Tengo de lulo, de guanábana, de níspero, de mango, de chirimoya y de bojojó. ¿De qué lo quiere mi reina?

– De borojó – contesta la pálida doncella.

– El borojó cura el paludismo, la anemia, el cáncer, la leucemia, la tuberculosis, la diarrea, saca los gusanos, la bilis y además, mi reina, es afrodisíaco.

Cuando la negra termina de decir afrodisíaco los ojos de María se vuelven brillantes. Le sirve un vaso y María se lo bebe. Le sirve dos. Se bebe tres. Efraín la mira aterrado. Saca el pañuelo de seda para limpiarle el sudor que aparece en su rostro. Se va poniendo rosadita. Siente como si por los músculos le fueran subiendo miles de hormigas. Y cuando ya no reste más, abre la boca y exclama:

– Efrainsito, casémoslo ya. Ahora. En este instante.

Y Efraín le contesta: “No María, ahora no. Mañana cuando me gane la lotería.

 

 

 

 


 

 

Elmo Valencia ok

Acerca del autor: Cali, 1933. Fue cofundador del movimiento nadaísta colombiano, junto a Gonzalo Arango, Jotamario Arbeláez, Eduardo Escobar y otros escritores. Poeta, novelista y ensayista. Se graduó en ingeniería electrónica. Estuvo como jurado en el concurso literario “Casa de las Américas”, La Habana, 1966, en unión de Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela y participó en los Recitales de Poesía en Praga con Allen Ginsberg. Obtuvo en 1967 el Premio Nadaísta de Novela por su obra Islanada. En 2010 publicó Bodas sin oro, Cincuenta años del Nadaísmo. En Antología de cuento colombiano, “El universo humano”, bella y delicada metáfora de la maternidad. (Biografía tomada de http://eltriunfodearciniegas.blogspot.com.co/)

*Este cuento hace parte del libro homónimo El universo humano y Cuentos Nadaístas*.

 

Cuentos Nadaístas. Compilador Elmo Valencia Franco; Panamericana Editorial, 2001. 264 p.: il; 20 cm. (Colección El pozo y el péndulo)

 

 

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