Imagen destacada: Melancolia (1894) de Edvard Munch

 

Por Leo Löwental* 

 

La interpretación sociológica de la literatura –y ciertamente tanto de la culta como también la  determinada para las masas– es un campo al que las ciencias sociales no han consagrado hasta ahora una especial atención.

Desde que el estudio de la literatura se emancipó de las estrechas prescripciones metodológicas Y de la forzosa normatividad histórica de la filología, se siente autorizado, todo el que es suficientemente instruido y culto, a ejercer una crítica desde el punto de vista histórico, estético o sociológico o sacar las consecuencias generales de ello. Las disciplinas académicas, cuyas tareas tradicionales descansaban en la exposición de la historia de la literatura y en el análisis de las obras literarias, fueron completamente sorprendidas por la avalancha de la literatura de masas, de los bestsellers, de las revistas populares, de los comics, etc. Hasta ahora también ellas han tomado una posición de arrogante indiferencia frente a todas las obras de tercera y cuarta categoría. Por tanto un campo de conocimiento importante está aún inexplorado, una demanda aún incumplida, y ya es tiempo que los sociólogos se ocupen de estos problemas no solucionados. (2).

Las siguientes consideraciones no pretenden ser sistemáticas o completas. Ellas significan un ensayo destinado a ofrecer un panorama de los trabajos hasta ahora más significativos y de trazar nuevas, tareas futuras.

l. Literatura y sistema social

La cuestión de la relación entre literatura y sistema social nos conduce a un doble planteamiento. La primera tarea consiste en clasificar la literatura en el sistema de ordenamiento funcional dentro de una sociedad y de aquí de nuevo dentro de las diversas capas de esa sociedad. En muchas sociedades primitivas, pero también en algunas sociedades culturales altamente desarrolladas está integrada la literatura a otras formas de expresión social. Ella no posee allí una existencia autónoma frente al ceremonial ritual y religioso. Es ella más bien una emanación de las instituciones del culto y de la religión, como se muestran por ejemplo en los coros (canciones o estrofas que se repiten) de la temprana tragedia griega o en los misterios medioevales. Completamente diferente a esto, la literatura en el mundo burgués está separada de otras actividades culturales y puede ella misma cumplir tareas muy diferentes. Puede ella servir como en el Romanticismo de huída al escapismo de los grupos políticamente desilusionados, o puede convertirse en huída de las masas socialmente frustradas como se muestra en el fenómeno de la literatura de entretenimiento de la actualidad. Pues de nuevo puede convertirse la literatura en un instrumento de una ideología en el sentido preciso del término, en el que ella glorifica un sistema de poder determinado o contribuye a la consecución de sus objetivos educativos, como fue el caso de los dramaturgos españoles y franceses en la época del Absolutismo. Otra tarea consiste en la investigación de las formas literarias. Si el material de investigación de este trabajo es todavía menos rico, éste conduce, sin embargo, a un examen tan significativo en las relaciones sociales como las investigaciones arriba mencionadas. La poesía tanto épica como lírica, el drama como la novela están en una relación muy específica respecto al destino social particular del hombre. La soledad del individuo o el sentimiento de la seguridad colectiva, el optimismo o la incertidumbre social, el interés en la autoreflexión psicológica o la perseveración en una escala de valores objetivos son todos estas expresiones del hombre que deben ser consideradas como punto de partida para nuestras reflexiones, si investigamos renovadoramente las formas literarias del pasado a la luz de las situaciones sociales correspondientes. (3) El capítulo IV es un ejemplo de investigación de este estilo.

II. La posición del escritor en la sociedad

El escritor creador es el intelectual en sí. El material objetivo de fuentes no es para él otra cosa que un cofre enorme de estímulos que él, en caso de que (lo haga), usa caprichosamente conforme a sus propios objetivos estéticos. El encarna, pues, el prototipo del proceder intelectual, y la viva discusión entre los sociólogos sobre el papel de los intelectuales podría tal vez ser elevada a un nivel mucho más alto de hechos comprensibles, si se considera con mayor intensidad una de los oficios más viejos del espíritu.

Para ello se debería realizar ante todo un análisis documentado históricamente tanto de las funciones específicas como de las autocomprensión del escritor -en la medida en que fue relevante socialmente.

Basta enumerar aquí algunos pocos puntos de partida. Al lado de la autocomprensión subjetiva encontramos el fenómeno del escritor profético, el misionero, el que entretiene, el estrictamente artístico, el político y el que busca sólo beneficios. En el ámbito objetivo tenemos que investigar las fuentes de prestigio e ingresos, además la presión de los órganos institucionales de control social, no importa si actúan pública o anónimamente, y finalmente las influencias que son ejercidas por la técnica y el marketing. En estas se hace válida nuestra observación del estímulo y difusión de las obras literarias, como de la situación social, económica y cultural en las que el escritor se encuentra en las diferentes épocas históricas. Como ejemplo de temas importantes que requieren de una investigación sistemática, indicamos aquí sólo la relación de las cortes principescas, de las academias y salones, de los clubes de libros y la industria del cine con los escritores (4). Al lado de ello hay también problemas en los que se entrecruzan los aspectos subjetivos y objetivos, en qué medida, por ejemplo, bajo las condiciones de la producción moderna de libros y periódicos, es el escritor aún un individuo independiente de una profesión libre o más bien un dependiente de su editorial.

 

III. Sociedad y problemas sociales como materia literaria.

Con este tema entramos al campo tradicional de la sociología de la literatura. Hay un número incontable de libros y contribuciones sobre cómo escritores de cualquier país o lengua han tratado el Estado, la sociedad, la economía o este o aquel fenómeno social. No obstante que estas relaciones más o menos seguras de hechos proceden en gran parte de los escritores y que están más o menos arbitrariamente en todas las formulaciones de la teoría de las sociedades, sin embargo, no se puede sin más dejarlas a un lado. Ellas usan la literatura como fuente secundaria, y su valor es tanto más alto cuanto más escasas sean las fuentes originales de la época. Además contribuyen a nuestro conocimiento de la idea que tiene un determinado grupo social – en este caso el escritor- de determinado fenómeno social, y pertenecen por ello a los estudios propedeúticos de una historia y sociología de la conciencia social.

Pese a ello el sociólogo, que tiene intereses literarios y experiencia analítica en el campo de las bellas letras, no puede satisfacerse con interpretar el material literario, que es per definitionem sociológico. Su tarea también es la de investigar las implicaciones sociales de esos temas y motivos literarios que están muy apartados de los fenómenos estatales y sociales. El tratamiento específico que un escritor aplica a la naturaleza o el amor, a determinados gestos o sentimientos, a la sociabilidad o soledad humana, además del peso que en su obra ocupan las reflexiones, descripciones o diálogos- todo estos fenómenos pueden parecer a primera vista poco provechosos sociológicamente. Ellos son en realidad fuentes puras y originales, si queremos investigar en qué medida los ámbitos privado e íntimo de la vida individual están penetrados del clima social, en el que esa vida en últimas se realiza plenamente. Para las épocas pasadas es la literatura frecuentemente la única fuente disponible de la cual podemos obtener conocimientos de las costumbres y usos privados.

La miseria de las biografías populares contemporáneas consiste en parte en el intento de aclarar el personaje literario (y en gran medida también toda la situación social en la que él fue creado) a través de la psicología del hombre de nuestro tiempo. Pero mujeres como Madame Bovary, Anna Karerina o la Grechen del Fausto no se pueden explicar por simple analogía: sus problemas no pueden ser hoy fácilmente revivibles, porque la atmósfera en la que surge el conflicto, pertenece al pasado. Los fenómenos sociales de la época, en la que ellas se crearon, y el análisis social de los caracteres mismos nos proporcionan el material con cuya ayuda puede ser entendidos el sentido y la función de la obra de arte. Si los presuntos psicólogos de la literatura fueran honestos, deberían ellos reconocer que cada una de esas mujeres si viviera hoy, sería  vista como una estúpida, frustrada, neurótica que debería buscarse un trabajo agradabilísimo o someterse a un tratamiento psiquiátrico, para liberarse de sus de sus sugestiones e inhibiciones.

La tarea de la sociología de la literatura consiste en poner en relación los personajes imaginarios de la literatura con las situaciones históricas específicas de las que ellos surgen, y hacer de la hermenéutica literaria una parte de la ciencias sociales. En cierta medida, debe transferir los componentes privados de los temas y medios estilísticos a los componentes sociales (5). ( … )(6)

Como ejemplo de un análisis pormenorizado de un escritor moderno, hago mención de un estudio que yo emprendí hace casi 30 años sobre Knut Hamsun y más tarde se manifestó como un exitoso pronóstico sociológico en el campo de la literatura (7). La tarea principal descansó en el análisis de los temas y motivos que no tenían una relación inmediata con los problemas sociales, pues ellos eran propios de la esfera privada. La investigación mostró que Hamsun era un fascista por disposición natural. Los resultados demostraron esta vez que al menos para un sociólogo de la literatura son posibles los pronósticos. Para sorpresa de la mayoría de los contémporáneos se reveló Hamsun como un colaborador voluntario del Nacionalsocialismo.

Aquí sólo puedo dar un par de ejemplos de esta forma de análisis. Especialmente instructivo es el tratamiento de Hamsun de la naturaleza. En el Estado autoritario al individuo se le obliga a la fuerza a ver el sentido de su vida en los factores naturales como la raza y la tierra. Siempre se le repite que él no es nada más que naturaleza, raza y la comunidad de vida “natural” a la que él pertenece. El lirismo panteísta de la naturaleza tal como es descrito y aceptado por Hamsun, conduce directamente a esta identidad predeterminada de individuo y fuerza  natural. El camino de uno al otro es sólo en apariencia algo más largo.

El tránsito del mundo de ensoñaciones del lirismo de la naturaleza a la realidad social de fascismo está fundada ya en el giro con el que el llamamiento de los elementos, la brutal violencia de la naturaleza, es descrito. Hamsun escribe (y lo siguiente es sólo una muestra que se repite en infinitas variaciones):

“Un viento se eleva, y de pronto retumba a lo lejos …
Entonces centellea, y… el rayo retumba como una enorme avalancha allá entre las montañas … Nuevamente relampaguea, y el trueno se acerca, empieza a llover; un chubasco, el eco es muy fuerte, toda la naturaleza es convocada… Más rayos y truenos, más aguaceros … ” (8).

Kant había demostrado en la experiencia de la tormenta el concepto de la majestad en la naturaleza, y por cierto examinó detenidamente que el hombre, en la experiencia de su impotencia como simple ser natural frente al poder de los hechos naturales, tiene precisamente la experiencia de la futilidad de lo que en el hombre no es más que naturaleza. Cierto que el hombre puede sucumbir a las fuerzas naturales, pero ello constituye una contingencia y una exterioridad frente a sus fuerzas espirituales y a su riqueza intelectual (9).
La conciencia social de Kant hace silenciar, por así decirlo, la naturaleza sobre lo que recibe del hombre y lo que ella puede hacer al hombre. En Hamsun, por el contrario, la tormenta no puede bramar lo suficiente como para hacer olvidar la incapacidad individual y social. La tormenta ofrece la ocasión de experimentar y formular la insignificancia del individuo. La concepción de Hamsun es, pues, justamente, la contraria de la de Kant. “Cuando me invade un instante de tristeza y la conciencia de mi propia futilidad frente a todas las fuerzas de mi alrededor, protesto y pienso: ¿qué clase de persona soy yo, o me he extraviado o acaso no soy más que esto? Y hablo fuerte y pronuncio mi nombre, para oir si él todavía está ahí” (10). Como afecto oculto, el miedo parece ser inseparable de este panteísmo tardío. El orgullo burgués de la autonomía del hombre de Kant no cede ningún espacio al miedo sentimental que se oculta pavorosamente ante la tormenta y que en Hamsun aparece como una mezcla indiferenciada de compasión sentimental y penuria moral. Los estrépitos de los truenos de Hamsun permiten vislumbrar la estrecha afinidad entre sentimentalismo y brutalidad que son inseparables en el fascismo.

De especial significación para la concepción de la naturaleza en Hamsun frecuencia, como si se tratara de una imitación del fenómeno mismo, “y así llegó el otoño, y así el invierno” (12). ” … pero la vida sigue, era primavera y verano en el mundo … ” (13).Finalmente el principio rítmico adopta un carácter normativo. El error de muchos hombres es “que ellos no desean ir al compás con la vida… pero nadie debe ir en contra de la vida”. También las relaciones eróticas se orientan por el ciclo de la naturaleza. En otoño pasa de largo la pastorci11a con toda seguridad por la cabaña del cazador, como ella en primavera va hacia él. “El otoño, el invierno la había dominado, ya sus sentidos dormitaban” (15).

Si el ciclo natural no puede ni debe ser quebrantado en ninguna de sus momentos, la autoconciencia del hombre frente a la naturaleza queda completamente subrogada. En esta nueva ideología, en la que impotencia y subordinación buscan glorificarse, el individuo rinde las armas en una forma aparentemente voluntaria ante un poder más elevado. Al hombre le espera el horror dentro de una vida sin sentido, si él no acepta sumisamente primero la ley de la naturaleza antes que la suya propia. La solución social del acertijo por el ritmo natural es la disciplina ciega, los ritmos y los compases de las marchas y desfiles.

La concepción de Hamsun del amor y el puesto de la mujer se puede formular así: la mujer logra su propia determinación y su propia felicidad sólo si ella, en su función de ama de casa y madre aúna a la intimidad del hogar, la adherencia de la naturaleza de la vida natural. Inconfundiblemente se encuentran en Hamsun tendencias que reducen el papel de la mujer a sus puras funciones biológicas, a la obligación a dar una numerosa prole. Esas (tendencias) completan otro rasgo de Hamsun como contraimagen de la sociedad liberal que llegó a ser una realidad en el fascismo: “Una verdadera muchacha debe casarse, debe llegar a ser mujer de su marido, debe ser madre, debe tener mucha prole” (16). De esta fetichización de las funciones naturales hay incluso maliciosas observaciones sobre la reforma, emancipación y capacidad intelectual a que aspiran las mujeres, y aun burlas sobre la “mujer moderna” (17). Pura satisfacción individual parece darse sólo en la esfera de la sexualidad. Pero no es que esta felicidad sensual signifique que ella está en una determinada relación con el desarrollo de la individualidad; por el contrario, domina aquí una repugnancia y una malicia, frecuentemente vinculadas con un especial desprecio a la mujer: “Ven y muéstrame donde crecen las moras, dijo Gustaf. ¡Quién hubiera podido resisitir a ello!…¡Quién no lo hubiera hecho! Las mujeres no pueden diferenciar un hombre de otro, no siempre, no frecuentemente” (18).

Hamsun arropa esta sexualidad gozada indiferenciadamente dentro del ritmo natural. Pero también en esta concesión no hay interés en el compañero de felicidad y satisfacción; domina una completa pasividad, por así decirlo, una ley del servicio que ejecuta el hombre:”…deja al lado todos los escrúpulos y se vuelve cariñoso, Heuhalme lee sobre su pecho, Heuhalme le pasa las manos por su rodillas, acaricia, acaricia, la abraza. Algunos llaman esto la libre volunt.ad ” (19). Donde los hombres están determinados por el amor, son ellos considerados por Hamsun, alumno aplicado del Relativismo moral del Fascismo, solapadamente como condenados a la pura naturaleza.

Aparece en Hamsun un tipo (personaje), que, al lado del campesino, despierta evidentemente su especial simpatía: el vagabundo. Como en los comienzos del Nacionalsocialismo alemán juega un papel una capa altiva individualista de literatos -que se las daban de héroes- de ningún modo autóctonos, así también en la antesala de la realidad nacionalsocialista es en la obra de Hamsun el vagabundo, un precursor del tipo del hombre brutal que llora en el bosque sobre los leños secos y muestra a su mujer los puños. En el coqueteo con el carácter anarquista del vagabundo se esconde una expresión social frívola y espiritualizada de la veneración de la fuerza heroica. Se encuentra en todos los periodos de Hamsun muchos documentos de ello. Por ejemplo, en una de las últimas novelas, donde August, el vagabundo, aspira a dispararle a “un hombre que deseaba robar billeteras, le quita el cuchillo de las manos”, lo que sin duda hubiera significado un “milagro para los hombres de esta época” (20); o más aún, en sus escritos de poco antes de la Primera Guerra Mundial, donde él maneja un similar jugueteo con la carencia de los criminales demoníacos (21) o donde el concepto de la astucia burguesa es escarnecido por verdaderamente miserable –”nunca cae el rayo” (22)–, pero ya en los comienzos donde él vocifera igual que “semidioses gigantes” y divulga inconcientemente una praxis política, en la que toda esta ideología heroica es el paso previo y preparación: “El gran terrorista es lo más grande, su dimensión es una palanca fabulosa que puede levantar el mundo” (23). A la glorificación del Führer hay sólo un paso.

Para terminar basta un palabra sobre la relación de Hamsun con la humanidad como un todo. Es un ironía increíble que una comparación biológica que había sido elegida con complacencia en la literatura liberal cándidamente reformista como el signo de una de las más altas y útiles organizaciones sociales, contribuya a representar en Hamsun precisamente lo contrario: la falta de plan de la totalidad del género humano: “¡Oh, el pequeño cúmulo de hormigas! Todos los hombres son soportados por sí mismo, se encuentran en el camino, uno empuja al otro hacia un lado, a veces pasan por encima del otro. No pasa nada distinto, a veces pasan por encima del otro.” (24)

Esta imagen de la vida y del hormiguear sin sentido del hombre cierra el círculo de la ideología antiliberal. El punto de partida, el mito de la naturaleza, ha quedado atrás.

 

IV. Determinaciones sociales del éxito

La verdadera contribución de la sociología de la literatura a la investigación de los medios de comunicación de masas está preferentemente en el desarrollo de las hipótesis para la indagación empírica de la significación de la lectura para el hombre. Pero él no puede satisfacerse tan sólo con el trabajo histórico, biográfico y analítico y dejar a cargo de sus colegas todo el resto de la investigación empírica. Pues hay determinados factores de una gran significación social que son de decisiva influencia en los efectos de gran escala, que requieren, empero, para su investigación sociológica de una indagación teorética y documentada.

Esto es válido, en primer lugar, para poner de relieve lo que nosotros sabemos sobre la influencia de toda la complejidad social sobre el escritor y el lector. ¿Son la guerra o la paz, las coyunturas económicas o las depresiones más favorables para la producción literaria? ¿Predominan obras literarias más o menos de determinado nivel, de determinada forma o determinado contenido? ¿Cómo aparece en torno al mercado de consumo, las editoriales, las tiradas y la competencia entre el libro y las revistas en las diferentes épocas? ¿Qué sabemos nosotros sobre el número de lectores de las bibliotecas populares y universitarias, en el ejército y en los hospitales -y por otra parte, sobre su distribución según las cambiantes relaciones sociales? ¿Qué sabemos cuantitativa y cualitativamente sobre las relaciones entre el consumo de la literatura y otros medios masivos dentro de las formas no habladas de la estructura organizada del tiempo libre? (26).

Una segunda tarea complementaria hace referencia al campo de los controles sociales. ¿Qué sabemos nosotros de la influencia de los productores y distribuidores de la literatura? Tenemos que ocuparnos, sólo para mencionar un par de ejemplos, con el fenómeno extendido en todo el mundo, a saber, los impuestos gastados para las bibliotecas públicas, además con la praxis (europea) de la subvención de teatros estatales y con la experiencia (norteamericana) en el apoyo de escritores con recursos oficiales (durante el New Deal). Debemos investigar la influencia que ejercen los premios públicos exclusivos y codiciados, desde los premios Nobel hasta concursos que dan las editoriales, desde los premios Pulitzer hasta los premios que otorgan las ciudades y Estados a autores exitosos que tienen la suerte de haber nacido en esa región. Naturalmente se debe también investigar los “controles manipuladores”: la publicidad de las editoriales, las perspectivas de ganancias que son dadas por los clubes de lectores o la filmación, el enorme mercado de las novelas seriadas en las revistas, las editoriales que edita libros de bolsillo, etc. También el complejo problema de la censura no podría ser descuidado. El comprende las barreras institucionales, desde los comienzos del Index de la iglesia católica hasta los ordenamientos locales que prohiben la venta de determinados libros y revistas. Finalmente, debemos analizar y sistematizar lo que nos es conocido sobre los controles informales, la influencia de las reseñas y emisiones radiales, de los artículos de divulgación de los escritores, de los agitadores políticos, de los chismorreos literarios y conversaciones privadas.

Un tercer determinante social y seguramente el no menos significativo del éxito de un escritor tiene que ver con las transformaciones técnicas y sus consecuencias sociales y económicas (27). El desarrollo sorprendente del mundo editorial que hoy se permite ofrecer productos literarios de toda calidad a precios muy bajos, es superado sólo por los procedimientos de producción impresionantes de los otros medios de comunicación de masas. Valdría la pena investigar si los ingresos del escritor durante las últimas décadas pueden ser abonados en gran medida al mejoramiento de los procesos técnicos, dentro del ambiente de trabajo mismo de los autores, o si este desarrollo de las técnicas ha cambiado el estatus social del escritor como grupo. Proporcionalmente es poco conocido en qué medida el mejoramiento técnico en uno de los medios de masas produce un efecto acumulativo en otro. ¿Lee un número grande de personas más libros porque ellos ven más cine u oyen más radio, o es precisamente lo contrario? ¿O no hay ningún efecto de intercambio? (28). ¿Hay una relación entre la fácil accesibilidad de los productos editoriales en el mercado y los métodos de que se sirven las instituciones de enseñanza en todos los niveles?

Como ejemplo de los determinantes sociales que están condicionados para el éxito de un escritor, puede servir de ejemplo la amplia recepción, fuertemente matizada y claramente reconocible, de Dostoweski en Alemania. Una investigación del material disponible en libros, revistas y periódicos mostró que evidentemente ciertas necesidades psicológicas de la burguesía alemana se satisfacieron en una alta medida con la lectura de Dostoweski (29). A diferencia de la investigación en el caso de Hamsun nuestro interés no se orientó en la obra, sino en el trasfondo social de su recepción.
La burguesía alemana no había podido ganar aún en la época clásica del liberalismo una influencia decisiva en la política. Ello condujo a una permanente vacilación entre la identificación con los grupos dominantes agresivos e imperialistas y una actitud de derrotismo y pasividad que llevó una y otra vez, pese a toda la tradición de la filosofía idealista, a una sumisión voluntaria, tan pronto se creía percibir una personalidad directiva dominante. Las reacciones sadistas y masoquistas de ello resultantes encontraron en los héroes de las novelas de Dostoweski, que se torturaban a sí mismo y a los otros, un rico material para experiencias de identificación.

Desde el campo visual de amplias capas de la burguesía alemana, estuvo proscrito el proceso de vida activo de la sociedad humana, todas las fuerzas impulsoras fundadas en ella e, incluso, el ámbito general de las fuerzas productivas. En la recepción de Dostowiski se expresa ello, por ejemplo, aun en uno de los vacíos de su obra: falta la categoría de la felicidad terrena. La felicidad, en escala social, exige propiamente una transformación activa de la realidad en sentido del apartamiento de sus contradicciones extremas. Para ello sería necesario no sólo una transformación completa de las relaciones de poder existentes, sino también una reconstrucción de la conciencia social. En esencia, su impulso último se dirige a la realización de la felicidad social, cayendo en oposición inmediata con todo el aparato de poder existente. El papel insignificante que juega la categoría de la felicidad en toda conciencia social burguesa, debe ser entendido desde la totalidad de las relaciones de esta clase. Una constitución social satisfactoria le estaba cerrada como clase en ascenso y por tanto tenía que clausurársele la conciencia de la felicidad, en la significación propia de la palabra.

Esta concepción, que mostraba a Dostoweski como justificante de una ideología inactiva sustraída de la acción moral y de la solidaridad social, podría ser objetada, ya que era justamente muy poco propia de Dostoiwiski, pues él era el profeta de amor y la compasión para los hombres. De hecho, casi todas las manifestaciones literarias sobre Dostowiski varían este tema del amor y la compasión, pudiendo expresarse con elegancia en fórmulas como: “el descanso provechoso, por el que palpita no sólo algo así como una honda tristeza, como una compasión infinita” (30), o popularmente penosas como:”le temblaba el corazón de misericordia, de compasión” (31). Un pasaje muy ingenuo puede servir como indicativo de la significación social:
“Su debilidad por los oprimidos y corruptos adopta la forma enfermiza de la “compasión rusa”, de una compasión que aparta a todos los hombres honrados, verdaderos trabajadores, y se limita sólo a las prostitutas, asesinos, alcohólicos y a otros de la misma especie del género humano” (32).

Por más simple que sea esta manifestación, apunta a algo ciertamente correcto. La recepción no se escandaliza de ninguna manera con que en Dostowiski el amor sea un asunto de puros sentimientos, una débil palpitación del alma, que sólo es de entender bajo el presupuesto de la defensa furiosa de todo cambio social, bajo el presupuesto de la pasividad fundamental frente a cualquier acción moral fáctica. En la pretensión hacia el amor y la compasión, podría descansar en sí una indicación de las contradicciones sociales y la necesidad de reforma; con esto se podría, igualmente, tender una salida afectiva hacia la actividad del hombre en sus pensamientos y obras. Aquí descansa tal vez la más precisa característica del lugar ideológico de este concepto del amor. El permanece como fenómeno de puro sentimiento: un tolerar, pero sin exigencias. A la conciencia social de capas relativamente impotentes no puede adherirse la exigencia -que ellas deberían manejar- y la idea que tendrían del poder. Igualmente tampoco pueden hacer una confesión de justicia que debería romper no sólo su solidaridad con la clase dominante, sino al contrario apuntar a sus intereses generales de clase con los dominados.

 

V. Algunas tareas urgentes.

Si el sociólogo de la literatura desea llegar a ser tomado en cuenta en la moderna investigación en la campo de los medios de comunicación de masas, tiene él que suministrar al menos un programa investigativo, cuya planteamiento de tareas se refiera a un círculo de problemas que surjan de de este campo, y al mismo tiempo él considere los conocimientos ya trabajados científicamente para los otros medios masivos. Si hasta ahora hemos señalado cuatro temas para los análisis teóricos, a continuación bosquejaremos igualmente cuatro campos sobre los cuales es posible emprender una investigación empírica.

Análisis funcional del contenido

Si se quiere conocer qué satisfacción esperan los hombres de la literatura de masas en una determinada situación social, o mejor, en un determinado momento histórico, es el presupuesto fundamental el que se tenga un conocimiento preciso del contenido de estas obras. Para ello requerimos de un inventario cuantitativo y cualitativo del contenido de la literatura de masas; ella tendría que proceder comparativamente y podríamos introducirnos no antes de los comienzos del siglo 19. Hay hasta ahora pocas investigaciones de este tipo (34), pese a que no se carece de descripciones especulativas del contenido hipotético de estas obras.

Si aceptamos tan sólo la opinión generalmente común que la tarea fundamental de la literatura de masas está en el proporcionar una salida a los impulsos escapistas del hombre frustrado, queda la pregunta de: ¿cómo sabemos que ello fue realmente cierto o si aún hoy es correcto? Tal vez el contenido funcional de la novela actual es más bien aleccionadoramente escapista: la literatura se ha convertido en una medio muy barato y fácilmente asequible, que se orienta hacia un mundo exterior e interiormente perturbado. El lector busca recetas para la superación de sus problemas interiores, él se confía, en alguna medida, a una cura muy breve y psicoanalítica entendible, que le posibilita encontrar una salida de sus perturbaciones internas por medio de la identificación e imitación. Pertenece a la huída de la realidad una conducta conciente que pude ser encontrada más en épocas en las que el individuo está integro que en nuestra época, en la que las debilidades del yo, la autoconciencia debilitada, requiere de muletas para su afirmación. No importa si esta hipótesis está confirmada o no, en todo caso ella puede proporcionar estímulos provechosos para la investigación de los esquemas de identificación e imitación que ofrecen la literatura de masas al lector. Seguramente se llegaría al resultado que, en oposición a las obras anteriores, la novela contemporánea revela un entretejido de acciones mucho más fuerte y veloz, mientras la reflexión y las descripciones son cada vez menores.

Sería muy interesante, por ejemplo, comparar las novelas históricas populares con las de las generaciones anteriores. Tal vez descubriríamos que las obras anteriores intentan ofrecer una pintura panorámica de la época, en la que el lector puede sentarse sosegadamente y cerca de los héroes históricos, en medio del cual se le amplia el panorama. Hoy, por el contrario, se disuelve la pintura en un complejo de figuras, situaciones y acciones, que le impide al lector el placer de sentarse imperceptiblemente al lado del héroe, que servía como medida y como norma para los otros personajes evocados por el escritor. La presión de la vida moderna cuyo producto es un yo profundamente debilitado que está expuesto a nuevas presiones, hace necesario el renunciar a la identificación con sólo un personaje o con los procesos psíquicos interiores o con ideas y valores teóricos.

De esta manera va en disminución la situación clásica de la lectura en la que el lector compartía la soledad -que algunas elecciones o el destino podían imponerle- con la soledad y particularidad de la obra de arte, una e irrepetible. En su lugar, entra la experiencia colectiva de una actividad bien organizada que resulta de la adaptación y el provecho de los trucos necesarios para la automanipulación. Cada día otras investigaciones proporcionan nuevo material (35), pero la profundización de la investigación sistemática- sociológica no está elaborada.

 

La conducta del escritor

Se debe diferenciar entre lo que el lector busca en las obras literarias y lo que, además, transmiten sin que el lector sea conciente de ello. El caso de Knut Hamsun es un ejemplo de un problema de esa clase.

Si y en qué grado las opiniones y conductas de los hombres son influidas por el escapismo de los obras literarias, depende no sólo de su contenido manifiesto, sino también de sus implicaciones ocultas. El deslindar las implicaciones, del contenido formulado, es ciertamente una tarea para la que no está elaborado ningún método. Pero desearíamos indicar que hay un laboratorio social sumamente barato que no hace necesario entrevistar personas con grandes gastos de tiempo y de dinero. Todo autor ejerce una influencia más o menos conciente (usualmente), buscando transmitir unos determinados “mensajes”, que refleja su propia personalidad y sus problemas. Para determinar su punto de partida, valdría la pena revivirlo a él y a sus personajes, por decirlo así, con ayuda de la respiración artificial y subsumir los problemas y experimentos psicológicos que correspondan al estado de la investigación más reciente. Por ejemplo, podríamos con ayuda de un cuestionario estandarizado examinar una selección representativa de obras de literatura de masas y determinar la concepción de los autores, sus opiniones sobre la naturaleza del hombre, sobre las tensiones entre los grupos sociales, sobre las catástrofes históricas y naturales, sobre la sexualidad, sobre la oposición entre masas y grandes hombres, etc. Así podríamos contar las respuestas y ganaríamos, de esta forma, una medida cuantitativa y cualitativa con la que podríamos determinar la posición del escritor en la sociedad. Incluso podríamos atrevernos a pronosticar sobre su conducta como persona y la clase de obras que hasta ahora no ha escrito. Si ampliamos suficientemente nuestra selección, se nos permitiría saber algo sobre cómo se ven a sí mismos estos representantes de los medios masivos y sobre la posible influencia de este autoimagen oculta en el lector.

Un experimento de laboratorio de esta clase podría ser complementado, analizando la estructura de carácter de los personajes principales de su material literario. Las más recientes investigaciones de psicología social nos han proporcionado unos síndromes estructurales evidentes que pudieron ser obtenidos a partir de reacciones frente a procedimientos-entrevistas ideológicos y proyectivos. Con su ayuda podemos diagnosticar con un alto grado de probabilidad, si una persona, por su tipo, es autoritaria o no. Estas comprobaciones tienen para nosotros una significación inapreciable para pronosticar la conducta política, moral y emocional (del autor). Simples descripciones inducen frecuentemente a errores y pueden ser corregidas por medio de estos nuevos métodos.

 

Herencia cultural

En la investigación del contenido social (explícito y no explícito) de la literatura de masas merecen determinados fenómenos marginales una mayor consideración de la que hasta ahora ha tenido. Pensamos aquí, especialmente, en los Comics (37) y también en otros productos, en los cuales adultos y adolescentes encuentran por igual una diversión. Un análisis de contenido exhaustivo de este material deberá conducir a un gran número de valiosas hipótesis sobre la significación persistente de ideas, valores y sentimientos que proceden de situaciones que son hoy completamente superadas.

Para ello se debería investigar no sólo los motivos inconfundiblemente arcaicos e infantiles en el mundo fantástico infra y sobrehumano de los seriados, sino también todos los materiales en los cuales, bajo el pretexto de placeres y sufrimientos cotidianos, son visibles valores que están vinculados con los estadios de evolución anteriores de la sociedad moderna y especialmente con el estilo de vida más tranquilo del siglo 19. Si se compara, pues, este material con el contenido ideológico y material de la literatura tradicional, burguesa, se podría poner aún más en claro cómo el lector moderno se mueve de aquí para allá entre la necesidad de aprender los mecanismo de tensión y conformismo, y los sueños diurnos de un estilo de vida más feliz, a pesar de ser inalcanzable o históricamente ya no ser posible. Si se determinan contenidos propios para adultos y contenidos propios para adolescentes y se comparan unos con otros, se podrían desarrollar presumiblemente hipótesis que abrirían el camino a investigaciones sistemáticas de tendencias y rechazos en diferentes niveles de conciencia y en capas psicológicas que descansan más profundamente.

El papel de la situación social

En la descripción del ámbito temático para el análisis teórico, ya demostramos que hay tres diversos grupos de determinantes sociales para el éxito de las obras literarias. A dos de ellos queremos regresar aquí, para aclarar más precisamente qué investigaciones serían necesarias en este contexto.

En primer lugar, se trata del problema de si diferentes fases de los ciclos económicos y políticos influyen diferenciadamente en las obras literarias. La tarea de la investigación exigiría una transformación de las investigaciones funcionales de contenido. Teniendo a la mano una selección representativa de obras literarias de diferentes períodos de depresión y de coyunturas favorables, de tiempos de paz y de guerra, sería de elaborar un inventario completo que debería delimitarse ciertamente no sólo a un contado número de temas, sino que tendría ante todo que observar los modelos de conducta emocional, desde los cuales pueda aceptarse con gran seguridad que en ellos se reflejan especialmente claro las experiencias específicas de satisfacción y frustación del lector. Es posible aventurar la hipótesis, por ejemplo, que en el empleo del “Happy end”, es decir, en una conclusión satisfactoria, se pueden comprobar diferencias específicas. En el punto más agudo de una crisis económica, posiblemente identificaciones escapistas -con agradables sueños diurno llenos de felicidad transparente- debieron dominar el escenario literario. Hoy, por el contrario, la solución pseudotrágica, que deja abierto los problemas insolubles, no es tan extraña, pues el relativo bienestar admite experiencias literarias que nos adhiere más a la realidad e incluso nos proporcionan una determina mirada sobre nuestras carencias psicológicas y culturales.

Aún otras relaciones tendrían que ser entresacadas y analizadas, antes que se pueda decir qué formas de contenido y cuáles motivos, en cada caso, son preferidos en las diferentes situaciones sociales en general. Una investigación que, a partir de los últimos 45 años, compare las dos coyunturas de postguerra con las dos crisis de preguerra, nos podría conducir de hecho a un punto desde el cual podríamos preveer hacia el futuro qué temas y qué contenidos se preferirán en la literatura. Las consecuencias que el educador y escritor pudieran sacar de ello, son tan evidentes que no requieren de una discusión más detallada.

En el campo de las determinaciones técnicas valdría la pena investigar y determinar la capacidad de lectura del hombre promedio, en qué forma ella se ha modificado a través de la experiencia con la radio, el cine y la televisión. Sabemos bastante sobre las incapacidades de lectura patológicas, pero proporcionalmente sabemos muy poco sobre la selectividad cultural en la lectura (38). En forma similar sería muy interesante investigar qué se lee y qué se recuerda y qué se lee a la carrera o no se lee de ninguna forma. Un conocimiento más preciso de en qué medida el lector es capaz o incapaz de interpretar el contenido, podría conducir hacia un ahorro de tiempo al escritor; por el contrario, los sociólogos ganarían un material que podría confirmar los resultados del análisis de contenido.

La reelaboración teórica de las tareas de la investigación está afectada de todas las carencias que tienen siempre las promesas incumplidas. Pero confiamos en que en el experto de las investigaciones en la comunicación se despierte el interés en los resultados y las tareas inquietantes de una rama investigativa vecina y se abra su visión hacia las posibles contribuciones a sus campos de investigación.

Quisiera concluir con una experiencia personal. Cuando el sociólogo analiza en seminarios o en cátedras las obras literarias, se tropezará con dos reacciones en dos sentidos: los estudiantes muestran, al principio, un vivo interés por las nuevas experiencias científicas, pero después de un tiempo, empiezan algunos de ellos a protestar contra la “disección” analítica de la obra estética. Los estudiantes exigen vivamente una conducción en un campo para ellos oscuro, pues no les ha quedado completamente claro qué es lo verdaderamente bueno o lo menos bueno. Esperan obtener una “fórmula infalible” que les alumbre de una vez para siempre un campo indeterminado y gigantesco, que se ubica en cualquier parte entre la cultura y el simple esparcimiento. Los estudiantes no saben que ya en él se manifiesta a su deseo el estadio de desarrollo propio sobre el cual se encuentra la interpretación sociológica de la literatura.

 

 

 

 

*Artículo publicado el en el suplemento Cuerpo de Letras Nº1, del periódico Desde Abajo, el 21 de julio del 2011

 


 

Leer también 

Leo Löwenthal integrante de la Escuela de Fráncfort

 


Notas.
(1) Este trabajo apareció por primera vez bajo el título “The Sociology of Literature” en “Communications in Modern Society” , ed. por Wilbur Schramm, Urbana, TII. 1948. Aquí se traduce de su versión alemana “Aufgaben der Literatursociologie” (págs. 328- 349) del libro “Literatur und Massenkultur”. Editorial Suhrkamp, 1ra. ed. Fráncfort, 1990.
(2) Es sintomático que no haya (en Estados Unidos) hasta ahora ninguna bibliografía actualizada y global de la sociología del arte y la literatura. Las fuentes más valiosas se publicaron hace casi 10 años. Véase “General Bibliography” en “Language and Literature in Society” por Huhg Dalziel, Duncan, Chicago, 1953. Pág. 143- 214.
(3) La investigación más penetrante de este aspecto es la “Theorie des Romans” de Georg Lukacs, (2 ed.) Neuwied, 1962. Temáticamente también se expuso el problema en “The Philosophy of Literary Form” (Batan Rouge, Lousiana, 1941) de Kenneth
(4) Para la este campo se pueden encontrar veliosas indicaciones en “Literature and Society” de Albert Guérard, Bastan, 1935.
(5) Según mi opinión la obra de Eric Bentley, “The Playwright as Thinker”, Nueva York (1946), es un exitoso intento de traducir los presupuestos privados en presupuestos sociales e interpretarlos como elementos sociológicamente relevantes.
(6) A diferencia de la redacción original en “Literatur und Gesellschaft” (Berlín- Neuwied, 1964) fue omitido en este pasaje el ejemplo de Shakespeare. Una exposición completa se encuentra en el capítulo “Shakespeare”, Tomo II de los escritos (del autor).
(7) Véase Leo Lowentbal, “Literature and Image of Man”, Boston, 1957, Capítulo VII. (Originalmente bajo el título “Knut Hamsun. Zur Geschichte der autoritärien Ideologie” en la “Zeitschrift für Sozialforschung”, Año VI , 1937. Págs. 295 – 345).
(8) K. Hamsun, “Die Erzalungen”. Tomo II,
letzte Freude. Samtliche Romane und Deutsche Buchgemeinschaft, Berlín, Darmstadt, Viena, 1959. Pág. 661.
(9) Véase Kant, “Kritik der Urteilskraft”, Edición Reclam. pág. 140.
(10) “Die letzte Freude”. Pág. 661.
(11) Véase, por ejemplo, “Pan”, en op. cit., Tomo I. Pág. 880. “Levanto una rama seca y la sostengo en mi mano y la veo, mientras estoy sentado y pienso en mis cosas; la rama está casi podrida, su pobre corteza me produce una gran impresión, una compasión ronda por mi corazón. Cuando me levanto y me voy, no tiro la rama muy lejos, sino la dejo caer y permanezco parado y descubro su agradecimiento; al final, la veo por última vez con los ojos aguados, antes de que abandone el lugar”.
(12) “Nach Jahr und Tag” , obra citada.
(13) “Der Ring schlielSt sich” op. cit., Tomo V, Pág. 516.
(14) “Segen der Erde”r op. cit., Tomo I. Pág. 961. Véase también “Rosa”, op. cit. Tomo II: “¿Para qué está sentado aquí? ¡Oh, joven! dijo él y dejó su palma de la mano en alto. ¿Para qué estoy sentado? Me siento aquí y me adapto a mi existencia. Muy bien, eso hago”.
(15) “Pan”, op. cit. Tomo I. Pág. 961.
(16) “Die letzte Freude” , op. cit. pág. 691.
(17) “Das letzte Kapitel” , op. cit. Tomo V. pág. 107- 108.
(18) “Segen der Erde” , op. cit. Pág. 1053.
(19) “Das letzte Kapitel” , op. cit.
(20) “Nach Jahr und Tag” , op. cit.
(21) Compárese con: “Ve y roba una bolsa con dinero y objetos de plata en el pueblo y esconde la bolsa en las montañas que en las tardes de otoño una llama azul puede flotar sobre el lugar. Pero no me vengas con tres pares de guantes de boxeo y una tajada de tocino” (“Die letzte Freude”, Pág. 645).
(22) “Kinder ihrer Zeit” , op. cit. Tomo II. Pág. 71.
(23) “Mysterien”, op. cit. Tomo I. Pág. 222.
(24) “Die Frauen am Brunnen” , op. cit. Tomo III. Pág. 583.
(25) Véase el trabajo pionero de Douglas Waples, Bernard Berelson y Franklyn R. Bradshaw: “What Reading Does to People”, Chicago, 1940.
(26) Véase Paul F. Lazarsfeld, “Radio and the printing Page”, Nueva York, 1940.
(27) La contribución “Art and Mass Culture” de Max Horkheimer, publicada en “Studies in Philosophy and Social Science”, Tomo IX” 1941 (en alemán “Neue Kunst und Massenkultur” en “Internationale Revue Umschau”, Año III,1948, Pág. 445 Y siguientes) da los fundamentos teóricos para la investigación de los cambios de la técnica moderna y sus consecuencias sociales en el campo del arte. Las investigaciones del autor en este campo de la sociología de la literatura han sido incitadas, en buena medida, por esa contribución.
(28) Para el campo de la música, Adorno, y para el campo del cine, Walter Benjamin, han puesto de manifiesto magistralmente la influencia del desarrollo técnico sobre la producción y reproducción en el arte fílmico y musical. Compárese, por ejemplo, el artículo de Adorno “On popular Music” en “Studies in Philosophy and Social Science”, Tomo IX, Nr. 1 (1941) Y el artículo de Benjamin “L’oevre d’art a l’époche de sa reproduction mécanisée” en “Zeitschrift fúr Sozialforschung”, Tomo V, Nr.1 (1936) – Ahora en alemán, “Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit”, en W. Benjamin, “Schriften”, Tomo I, Fráncfort, 1955. Pág. 366 Y siguientes. Información valiosa sobre los efectos mutuos entre el cine y la producción literaria se encuentran en S. Kracauer, “From Caligari to Hitler Psychological History of German Film”, Princeton, N.J.1947.
(29) Compárese Leo Lówenthal, “Die Auffassung Dostojewkijs im Vorkriegsdeutschland”, Cap. IV de la primera parte del tomo I. (30) Hermann Conradi, “Dostojewski”, en “Die Gesellschaft”, Tomo 6. (1889)pág. 528.
(31) L. Brehm. “Dostojewskijs “Damonen”” en “Der Deutsche”, Tomo 5. (1906), Pág. 346.
(32) C. Busse, “Geschichte der Weltliteratur”, Tomo II, Bielefeld y Leipzig, 1913. Pág. 346.
(33) Los libros y artículos sobre Dostowiski que han aparecido desde la última guerra en Estados Unidos, ofrecen una buena ocasión para compararlos con la experiencia europea. Tengo la impresión que muchas de estas publicaciones muestran una atmósfera llena de confusiones y frustraciones en las que el sociólogo reconoce rasgos de necesidad y perturbaciones interiores, que estuvieron caracterizando la experiencia europea con Dostowiski durante las generaciones anteriores.
(34) Estoy agradecido com Ralph H. Ojemann de la Universidad Estatal de Iowa, quien me indicó el notable trabajo de doctorado que bajo su dirección escribió Evelyn Peters, “A Study of the Types of Behavior toward Children approved in Fiction Materials”, 1946.
(35) Véase, por ejemplo, Frank Luther Mott, “Golden Multitudes”, Nueva York, 1947; Alice Payne Hackett, “Fifty Years of Best Sellers”, Nueva York, 1945; Edward H.O’Neil, “The History of American Biography”, Philadelphia, 1935.
(36) Véase, por ejemplo, Th. Adorno, entre otros, “The Authoritarian personality” , Nueva York, 1950.
(37) Véase, sin embargo, Coulton Waug, “The Comics”, Nueva York, 1947. Compárese con el capítulo I, nota 5.
(38) Compárese con Rudolf Flesch, “The Art of Plain Talk”, Nueva York, 1946.

 

 

Anuncios