Imagen destacada: Fotografía de Charles Bukowski

 

[Selección de nueve poemas del libro Madrigales de la pensión de Charles Bukowski. Esta primera publicación (de tres) contiene la presentación del libro por el autor y tres poemas]*

 


 

Por Charles Bukowski*

 

Para Pedro (años de Nueva York y Costa Oeste…), Paqui (desde
Madrid, siempre fiel)y Antonio (aquellas cartas al joven en
Nueva Orleans que empezaba a descubrir los placeres y las
trampas del mundo), siempre en el corazón

 

 

Con cierta frecuencia me hacen esta pregunta: “¿Por qué cuestan tanto sus libros agotados?”. Bueno, cuestan tanto porque los libreros tienen que pagar mucho a los coleccionistas para conseguírselos a ustedes.

“Quiero leer sus primeros poemas pero…”

Ni siquiera yo poseo algunos de mis primeros libros. La mayoría de ellos fueron robados por gentes con las que me reunía a beber. Cuando me iba al cuarto de baño, ellos se ocupaban de llevar a cabo esa acción enmerdante, lo cual acababa reafirmando mi opinión general sobre la humanidad. Y a la vez hacía que bebiera cada vez con menos gente.

Al comienzo hacía esfuerzos por reemplazar esos libros: y lo lograba, pero como no dejaban de robármelos acabé decidiendo no reemplazarlos. De modo que terminé bebiendo cada vez mas solo.

Sea como fuere, lo que sigue es lo que consideramos los mejores primeros poemas. Algunos forman parte de los primeros libros; otros no salieron publicados en forma de libro, sino en oscuras revistas de hace ya mucho tiempo.

Los primeros poemas son más líricos que los que hoy podría escribir. Me gustan esos poemas, aunque discrepó con algunos que afirman: “La obra primera de Bukowski era mucho mejor.” Algunos han llegado a tales conclusiones en reseñas de revistas crítica, otros en tertulias y círculos de cotilleo.

Ahora, a la vista de lo que tiene delante, el lector puede emitir su propio juicio.

En la poesía que hago ahora, voy a los asuntos de forma más directa, aterrizo en ellos y los dejo ahí. No creo que mi antiguo método sea inferior o superior al de hoy. Sencillamente, son métodos distintos.

Sin embargo, al releer estos poemas, queda una cierta predilección por aquellos tiempos. De vuelta a la fábrica o del almacén, bastante cansado, me parecía que poca utilidad podría sacársele ya a la noche, excepto comer, dormir y regresar después de aquel trabajo manual. Pero ahí estaba la máquina de escribir, esperándome, en aquellas habitaciones destartaladas con persianas rotas y alfombras gastadas, el aseo y el váter al final del pasillo, y una sensación en el aire de que, antes que yo, por allí habían pasado muchos perdedores. Unas veces, la máquina de escribir estaba allí, pero no el trabajo, ni la comida, ni el dinero para el alquiler. Otras, la máquina de escribir estaba en la tienda de empeño. Había ocasiones en que lo único que tenía era un banco en el parque. Pero, en los mejores momentos siempre podía contar con la habitacioncita, la máquina de escribir y la botella. El sonido de las teclas, sin parar, y gritos: “¡EH, CORTA YA, POR EL AMOR DE DIOS! ¿AQUÍ SOMOS TRABAJADORES Y TENEMOS QUE LEVANTARNOS POR LA MAÑANA!”, acompañados de escobazos que venían del piso de arriba, y entonces, yo me apresuraba dando los últimos toques a las últimas líneas que había escrito.

No era Hamsun (1), que comía de sus propias carnes para poder continuar escribiendo, pero tenía una gran cantidad de trabajo por hacer. Enviaba los poemas tal como habían sido escritos en una primera sentada, sin cambios en los versos o en las palabras. Nunca los revisaba ni volvía a escribirlos a máquina dos veces. Para eliminar un error, sencillamente escribía encima de la línea de este modo: #########, y continuaba con el verso. Una revista llegó a publicar un grupo de poemas con todos los ######### intactos.

El caso es que ante ustedes tienen muchos de los poemas de aquellos tiempos locos y maravillosos, de aquellas horas lejanas. Mareado, jugábamos a las cartas en una habitación llena de humo y vapores varios. Espero que estos poemas les aprovechen. Y si no es así, bueno, pues ########.

Charles Bukowski 52, San Pedro, 10-31-87

 

 


 

 

Poema por mi 43 cumpleaños

 

Acabar solo

en una habitación que es como una tumba,

sin cigarrillos,

o vino,

tan sólo una bombilla

y una oronda barriga,

el pelo cano

y contento por tener

una habitación

 

… por la mañana

ahí están llenos

haciendo dinero:

jueces, carpinteros,

fontaneros, doctores,

vendedores de periódicos, policías,

barberos, lavadores de coches,

dentistas, floristas,

camareras, cocineros,

conductores de taxis…

 

y uno se da vuelta

hacia el lado izquierdo

para que le dé el sol

en la espalda

y quitárselo

de los ojos.

 


 

 

La simpleza de las cosas en Vietnam

 

Hombre herido de bala por la espalda mientras

agarra la túnica de un sacerdote joven

que parece una mujer,

y aquí nosotros:

brillo de luna

pulcramente enguantados

motocicletas por todos los lados, abejas dormidas

bocas de mangueras oxidadas,

el clima importuno,

y se nos estremecen los huesos

piel muerta allí,

y el soldado cae muerto,

otro soldado muerto,

la túnica negra de un joven cura

que parece una mujer

está ahora hermosamente roja,

y los tanques

empiezan a pasar.

 

 


 

 

Los domingos matan más que los hombres

 

Debido a las condiciones del fin de semana, y aunque hay
demasiado smog, hay un gran atasco
y es peor que un barco desarbolado en la tormenta
no puedes ir a ningún sitio
y si lo haces, todos se quedan mirando por la cristalera
o esperando a que les den de cenar y por muy mala que sea
(la cena, no la cristalera de la ventana)
se pasarán más tiempo hablando de ella
que comiéndola,
y por eso mi mujer se libró de mí:
me comportaba como un patán y no sabía cuándo había
que sonreír
o más bien (peor aún) el caso es que sonreí,
pero no lo hice, y una tarde,
con gente saltando de cabeza en la piscina
jugando a las cartas
y viendo cómicos en TV pulcramente afeitados
en camisas blancas almidonadas y finas corbatas
que hacían chistes sobre lo que el mundo les había hecho,
simulé tener dolor de cabeza
y me dieron el dormitorio de la joven
(tenía alrededor de 17)
y diablos, me colé bajo sus sábanas
y simulé estar dormido
pero todo el mundo sabía que yo era un tramposo
arrinconado
-intenté todo tipo de trucos-
intenté pensar en Wilde tras las rejas,
pero Wilde estaba muerto;
intenté pensar en Hem disparando a un león
o andando por las calles de París
borracho como una cuba con sus compañeros de juerga,
las putas postradas de placer ante sus hermosas rodillas,
pero todo lo que logré que revolverme debajo de sus
jóvenes sábanas,
y desde lo alto de la cabecera, al girarme en mi tormenta
de nervios.
varias figuras cayeron sobre mí-
elefantes, perros de cristal con miradas seductoras,
un niño y una niña que portaban un cubo de agua,
pero nada compuesto por Bach o dirigido por Ormandy,
y finalmente abandoné el empeño, me fui al váter
e intenté mear (sabía que estaría estreñido
por una semana) y después salí,
y mi mujer, lectora de Platón y de e. e. cummings
vino corriendo y dijo, ¡oooh, deberías haber visto
a Boo Boo en la piscina! Hizo unas fintas de espalda y de lado
¡y fue lo más divertido que
JAMÁS hayas visto!

Creo que fue no mucho despúes que el hombre vino
a nuestro departamento en el tercer piso
a eso de las siete de la mañana
y me entregó una petición judicial de divorcio,
y me dirigí de vuelta a la cama con ella y dije,
no te preocupes, está bien,
y empezó a llorar llorar llorar,
lo siento, lo siento, lo siento,
y dije, por favor para,
acuérdate de tu corazón

pero aquella mañana cuando ella se fue
alrededor de las 8 en punto tenía el mismo aspecto
de siempre, incluso quizá mejor.
ni me molesté en aeitarme;
llamé al trabajo y dije que estaba enfermo y bajé
al bar de la esquina.

 

 

 

 


 

Madrigales de la pensión. Charles Bukowski (2 de 3)

 


 

 

 

bukowski-writing

Acerce del autor: Henry Charles Bukowski, nacido como Heinrich Karl Bukowski, fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania. A menudo fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat, debido a sus similitudes de estilo y actitud.Wikipedia

 

Madrigales de la pensión

 


 

*Selección de poemas tomada, bajo autorización, de la publicación Libros y Lecturas, No 34, coordinada por  Óscar Jairo González Hernández. Profesor de la Facultad de Comunicación, en Comunicación y Lenguajes Audiovisuales de la Universidad de Medellín.

 

 

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