País: Colombia
Año: 2016
Dirección y guion: Juan Sebastián Mesa
Actores: María Angélica Puerta, María Camila Castrillón, Diego Pérez Ceferino, Esteban Alcaraz Ruiz y Luis Felipe Alzate.
Duración: 84 min.


 

Por Favián Ortiz Reyes

Los protagonistas de esta película comparten, además de sus familias incompletas, el anonimato y la supervivencia en una ciudad que devora a sus propios hijos. La Mona, cuya madre, como tantos colombianos, vive en el exterior y envía unas divisas que no reemplazan su cariño, vive con su tía, una fanática religiosa, y su prima, una delatora que hace méritos de santurrona; Camilo, ‘la Rataʼ, ayuda a la economía doméstica con su trabajo y la repartición de tamales en la moto que fue de su padre; ‘el Mechasʼ, su mejor amigo, de quien se sabe poco pero está listo para “las que sea”, trabaja a su lado a diario; ‘el Pipaʼ, tatuador y vocalista de una banda es el promotor de un viaje por Suramérica por tiempo indeterminado a punta de trabajo y aguante, y ‘Manuʼ, la única de clase media, que asiste a la universidad, tiene un papá autoritario y una madre tan parecida a ella, que de seguro será su motivación para alejarse de la estabilidad que proporciona el “hogar”.


Los nadie representa la historia de un grupo de muchachos que pueden vivir en cualquier barrio populoso y marginal de cualquier ciudad principal colombiana. Ellos, así como cualquier persona tomaron una decisión de vida que no contempla el futuro como posibilidad; este es inmediato, está en el día a día en las calles y no es la delincuencia. Es el rebusque mediante malabares y actos circenses cuya duración la determina en paso del rojo al verde en un semáforo. A ellos, el fracaso y pésimo ejemplo de los adultos cercanos les sugirieron otro camino, así como a sus “parceros”.

 
La vida misma es supervivencia, para algunos está determinada por su nivel de pobreza o riqueza, por la lotería de vida que les cupo en suerte. Otros, como “los nadie” no se resignan, prefieren otro rol, menos pasivo, predecible, diferente al del crimen, el trabajo convencional o el estudio (bien porque les fue negado o porque no se deciden por él). Nada para ellos está definido, el futuro no es claro, cada día es otra escaramuza y el punk el himno de cada ofensiva.

 
Sus vidas son puro movimiento: en las calles como lugares de trabajo, aun sin la aprobación de sus familias; en el hecho de esquivar los peligros que cohabitan en los empinados recovecos de los barrios, o los límites invisibles trazados por pandillas y sus mandatos sobre los horarios que como señores del terror imponen a sus habitantes, y en la ocupación diaria de sus propias rutinas, que aunque alternativas también repetitivas. Ese movimiento de búsqueda, igualmente es la posibilidad de escape del espacio de la ciudad: un viaje para reconocer y participar de otras culturas, la meta de ese grupo de jóvenes.

 
Esta película relata una de tantas historias que no interesan a Colombia, vidas tan indiferentes, a pesar de tenerlas al alcance de la vista, que somos insensibles a ellas, así como hacia el sufrimiento de quienes viven y han visto la violencia como una sombra durante cada día de su existencia. La película quizá no sea taquillera, por lo mismo que no es una comedia ramplona de esas que convoca a la familia y goza del mercadeo sin límite de sus distribuidores; sin embargo, es una historia sencilla sobre aquellos que reman contra la corriente, de quienes no pretenden ser ejemplo de éxito, porque este ha demostrado ser tan huidizo en estos días que es difícil creer en él.

 

damasogardel@gmail.com

 


 

 

*Reseña publicada en el periódico Le Monde Diplomatique, edición Colombia.


 

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