Hérib Campos Cervera (Paraguay, 1908 – 1953). Es la figura más importante, dentro de su país, en la superación de las maneras pertinaces del modernismo y en la apertura hacia la poesía nueva, que ya desde 1920 se abría paso firme en el resto de Hispanoamérica. Aunque asociado al superrealismo por convicción teórica y por el tono y libertad de sus imágenes, Campos Cervera fue al mismo tiempo un artista consciente de la forma, esto es, de la composición del poema y el poder de las palabras. Temática y emocionalmente su lirismo puede afiliarse en la corriente poético-existencialista que nace de la aguda convicción del triunfo de la nada sobre el ser, y, en consecuencia, de la angustia del hombre  ante la muerte irreparable […] Hugo Rodríguez Alcalá, ha acertado al caracterizar el tono más sostenido de su obra: “Es un paisaje gris, sombrío y desolado el de esta poesía llena de angustia y desamparo”, observando su morosa insistencia “sobre los elementos a que se reducen los seres y las cosas tras la destrucción y la muerte: la cal, la sal, la ceniza” […] Tomado del libro: Antología de la poesía Hispanoamericana contemporánea.

 

 


 

 

Hombre frente al mar

 

Es como yo: lo siento con mi angustria y mi sangre,

Hermoso de tristeza, va al encuentro del mar,

para que el Sol y el Viento le oreen de agonía.

Paz en la frente quieta; el corazón, en ruinas;

quiere vivir aún para morir más tiempo.

 

Es como yo: lo veo con mis ojos perdidos;

también busca el amparo de la noche marina;

también lleva la rota parábola de un vuelo

sobre su anciano corazón.

 

Va, como yo, vestido de soledad nocturna.

Tendidas las dos manos hacia el rumor oceánico,

está pidiendo al tiempo del mar que lo libere

de ese golpe de olas sin tregua que sacude

su anciano corazón, Heno de sombras.

 

Es como yo: lo siento como si fuera mía

su estampa, modelada por el furor eterno

de su mar interior.

 

Hermoso de tristeza,

está tratando —en vano— de no quemar la arena

con el ácido amargo de sus lágrimas.

 

Es como yo: lo siento como sí fuera mío,

su anciano corazón, lleno de sombras…

 

 

***

 

 

Hombre secreto

 

Hay un grito de muros hostiles y sin término;

 

hay un lamento ciego de músicas perdidas;

hay un cansado abismo de ventanas abiertas

hacia un cielo de pájaros;

hay un reloj sonámbulo

que desteje sin pausa sus horas amarillas,

llamando a penitencia y confesión.

 

Todo cae a lo largo de la sangre y el duelo:

mueren las mariposas y los gritos se van.

 

¡Y yo, de pie y mirando la mañana de abril!

¡Mirando cómo crece la construcción del tiempo:

sintiendo que a empujones

me voy hacía el cariño de la sal marinera,

donde en los doce tímpanos del caracol celeste

gotean eternamente los caldos de la sed!

 

¡Dios mío! -Si no quiero otra cosa

que aquello que ya tuve y he dejado,

esas cuatro paredes desnudas y absolutas;

esa manera inmensa de estar solo, royendo

la madera de mi propio silencio

o labrando los clavos de mi cruz.

 

¡Ay, Dios mío!

 

Estoy caído en álgidos agujeros de brumas.

Estoy como un ladrón que se roba a sí mismo;

sin lágrimas; sin nada que signifique nada;

muriendo de la muerte que no tengo;

desenterrando larvas, maderas y palabras

y papeles vencidos;

cayendo de la altura de mi nombre,

como una destrozada bandera que no tiene soldados;

muerto de estar viviendo de día y en otoño,

esta desmemoriada cosecha de naufragios.

 

Y sé que al fin de cuentas se me trasluce el pecho,

hasta verse el jadeo de los huesos, mordidos

por los agrios metales de frías herramientas.

Sé que toda la arena que levanta mi mano

se vuelve, de puntillas, irremisiblemente,

a las bodegas últimas

donde yacen los vinos inservibles

y se engendran las heces del vinagre final.

 

¡Cuánto mejor sería no haber llegado a tanto!

No haber subido nunca por el aire de Abril,

o haber adivinado que este llevar los ojos

como una piedra helada fuera lo irremediable

para un hombre tan triste como yo!

 

Dios mío: ¡si creyeras que blasfemo,

ponme una mano tuya sobre un hombro

y déjame que caiga de este amor sin sosiego,

hacia el aire de pájaros y la pared desnuda

de mi desamparada soledad!

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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