Por Allan Enrique Bolivar Lobato · Fuente: Desde Abajo

 

Entre las brumas de los años refulgen recuerdos, historias, vidas y obras de grandes intérpretes musicales que a pesar de su grandeza, han sido casi olvidados por la juventud. En los escaparates de los coleccionistas la pátina de los años sigue barnizando “long plays” con hermosos ritmos caribeños que en menos de medio siglo han sido relegados a la categoría de “música tradicional”, convirtiéndose en música de museo, para “enmarcar, por fuera de la memoria y de la vida cotidiana. Pero la música sigue contando, esperando decirse a humanos de la contemporaneidad que siguen escuchando el presente sin siquiera preguntarse por lo valioso e inconmensurable del “pasado”.


 

Descubrí a Barroso cuando escuché por casualidad, en una amplia colección de música que almaceno en mi computadora, una de sus canciones grabadas con la Orquesta Sensación[1]. Cantaba con su espléndida voz: “tenemos que conservar, nuestra forma original, no se dejen engañar porque para bailar no hay como mí son, mi son, mi son, mi son, mi son cubano […]”. Estaba escuchando la voz del prominente y singular cantante habanero quien a todo pulmón reivindicaba la necesidad de mantener la forma original del Son cubano, matriz originaria de géneros musicales como el mambo y el “cha cha cha”.

Cualquier escrito que pretenda exaltar una de las voces más importantes de la música cubana, fracasaría en el intento de codificar en epítetos la potencia y sonoridad de la entonación del gran maestro del Son, justamente nombrado Sonero Mayor por la crítica musical de su país. “El Caruso cubano” nació el 21 de septiembre del año 1905 en la Calle Concordia #75 en La Habana. Vino dotado de un gran talento y al mismo tiempo pobre, teniendo que ganarse la vida en los primeros años de su juventud trabajando como chófer de alquiler, estibador en los muelles y pintor de brocha gorda.

Barroso ascendió junto al Son, género que por los años 20’s y 30’s no había sido depurado del carácter marginal impuesto por la élite de la sociedad cubana racista y excluyente que reproducía en sus salones de baile, en sus clubes, la música de cámara del lejano continente europeo. Como una paradoja del destino, esta música “elegante”, culta, se entremezclaría con la música de los negros, con los tambores y la percusión africana dedicada a los dioses yoruba para formar el Son.

El 1925 la vida sonrío a Abelardo. Como por ardid del destino tuvo que transportar a músicos del Sexteto Habanero[2] a quienes mostró su voz. Quedaron impresionados. El 17 de septiembre del mismo año fue incorporado al sexteto y meses después grabó con esta agrupación sus primeras canciones, entre ellas “La Loma de Belén”.

Así empezó su trasegar por algunas de las agrupaciones insignes del Son: en el año de 1926 se incorporó al Sexteto Boloña[3] y viajó a Nueva York para grabar bajo el sello Brunswick algunas canciones entre las que se encontraba “Échele candela”. En el año de 1927 el cantante regresó al Sexteto Habanero, que se convirtió ese mismo año en el Septeto Habanero por el arribo del trompetista Enrique Hernández, quien poco tiempo después sería reemplazado por el magnífico trompetista Felix Chapottin.

El año de 1927 también grabó por primera vez con el Sexteto Nacional rebautizado con el nombre de Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro[4], la famosa agrupación estandarte del Son. Una de las canciones de aquellos años grabada con la agrupación de Piñeiro y que contaba con su voz de improvisador fue “Mamá Ines” bajo el sello de la disquera Columbia.

El son florecía por aquellos años y la voz de Barroso parecía transitar por el sendero del éxito. Sin embargo los tiempos venideros no serían muy fáciles, durante los años treinta algunas de las agrupaciones que contaron con su voz fueron: La Orquesta Lopez –Barroso que fundó junto al famoso Orestes López, el Septeto Pinín fundado por él en 1935, en 1939 con la Orquesta Maravillas del Siglo. En los años cuarenta actuó en cabarets y en el año de 1948 cantó en la banda de Música de la Policía Nacional. Barroso llevaba una carrera musical modesta: era uno de los talentos musicales reconocidos de la época, pero su triunfo no podía equipararse con el de figuras prominentes como Benny Moré y Arsenio Rodríguez.

Su suerte cambió radicalmente en el año de 1954 cuando por recomendación de Benny Moré[5] fue invitado a la Orquesta Sensación donde cantó hasta 1969, tres años antes de su muerte. En esta orquesta, precursora de la Charanga, alcanzó la fama y el renombre internacional.

El Barroso de aquel período es el cantante maduro que conquistó mi atención con el registro de su voz, con su afinación, con la creatividad en la interpretación de un puñado de canciones impecablemente ejecutadas por el gran sonero. Entre ellas se encuentra: “El huerfanito”, estrenada pocos días después de la muerte de su padre, “El guajiro de Cunagua” en la que llega un guajiro a La Habana a gozar, “Tiene sabor” donde se escuchan los tiernos cantares que brotan de un bohío.

Otras de sus canciones entrañables grabadas con la Orquesta Sensación son: “El amor de mi bohío”, majestuosa interpretación donde se escucha a un guajiro que ofrenda a las flores el canto que hace a su montuna; “Como el arrullo de palma” en la que el sonido de las palmas movidas por el viento, el lírico rumor del río apacible, el trinar del sinsonte en la espesura, son la metáfora del amor que siente un campesino por su amante; “La mulata rumbera”, en la que el mulato rumbero del barrio Jesús María prende con su baile un solar en La Habana; “Lágrimas negras” una de las grandes canciones del son magistralmente interpretada por Barroso; “El panquelero” en la que se escucha como goza la gente con los pregones de un vendedor callejero de panques.

Este es Abelardo Barroso uno de los grandes de la música cubana a quien Papaito y otros tantos cantantes han rendido con sus voces un merecido homenaje. En los albores de su vida su voz se quebró y murió, quizás más de tristeza que de enfermedad. Lo único que reclamó este estupendo cantante a su pueblo fue no ser olvidado en la posteridad, y sin duda no fue olvidado pues hoy sigue sonando la hermosa voz que convirtió a este sonero en inmortal.

 


 

[1] Orquesta Sensación: https://www.ecured.cu/Orquesta_Sensaci%C3%B3n

[2] Sexteto Habanero: https://www.ecured.cu/Sexteto_Habanero

[3] Sexteto Boloña: http://el-anacronico.blogspot.com.co/2012/03/sexteto-bolona.html

[4] Septeto Nacional: https://www.ecured.cu/Septeto_Nacional

[5] Benny Moré: https://www.ecured.cu/Benny_Mor%C3%A9

 


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