Imagen destacada: Fragmento de la obra Colombiarios de la artista plástica Adriana Gómez 

 

 

Del campo a la mayor fosa común urbana

Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento* · Especial para El Magazín de El Espectador

 

Salí de la ciudad al campo y no como es habitual del campo a la ciudad con lo que de hecho me convertí en un desplazado al revés pero no por haber salido de nalgas sino porque adquirí al instante la figura de desplazado y de contra-desplazado después cuando en realidad mi único propósito era recuperar la libertad esa que me habían confiscado en la ciudad la misma en que resultaba ya imposible vivir perdón qué digo sobrevivir y por eso había vuelto a mi casita de campo a la que denominé con el nombre de mi hijita de mi bella hija Valentina con el fin de encerrarme primero a terminar de escribir mis libros también dedicados a mi otro hijo el gran Santiago y luego intentar publicarlos con el anhelo de empezar a recuperarme económicamente para poder llevar una vida digna como todos deseamos en cuanto seres humanos pero no tardé en darme cuenta que estaba no sólo fijándome en el horizonte ese punto que se nos corre a medida que avanzamos hacia él sino que al tiempo me planteaba una de las más inalcanzables utopías si consideramos la calidad de país que tenemos en el que no se respeta la vida humana mejor dicho en el que no se respeta porque como dijo Mayolo seis meses antes de morir Colombia es un país de muertos y en el que la vida es un hecho excepcional aunque más excepcional quizás sea seguir con vida mientras se escribe una historia en la que la mayoría no reparará en lo más mínimo quizás porque lo más mínimo es el sueldo entonces no hay lugar para maricadas para quejas para lamentos sólo para seguir peleando así nada se resuelva pronto ni a mediano plazo ni tal vez nunca pero no importa porque mientras haya vida hay esperanza decía Esperanza delante de todos sus muertos y su marido mientras tanto apenas pensaba en cómo se deshacía de la Esperanza para ir a echarse un polvito por ahí con cualquier otra campesina a la que ya le había puesto el ojo mientras las autoridades empezaban a realizar las exhaustivas investigaciones de siempre para saber por qué en ese día de elecciones habían aparecido tantos cadáveres en la cabecera del municipio vallecaucano que quedaba como por fuera del país de lo lejos que estaba aunque no era que estuviera lejos sino que dada la desidia del gobierno todo parecía no quedar en ninguna parte todo parecía un simple no man’s land un territorio de nadie en el que nadie era el rey porque nadie no es nadie así alguna vez hubiera tenido el atrevimiento de firmar un grafiti en el que afirmaba que nadie es perfecto y lo firmaba él mismo es decir nadie pero a nadie le importaba esto porque al fin y al cabo nadie es nadie y al mismo tiempo es todos de manera que no hay por qué preocuparse con estos detalles semánticos sino más bien poner de nuevo la atención en lo fundamental es decir lo que no hacen los medios jamás ocupados como están no en divulgar noticias sino en encubrirlas para que todo el mundo pueda seguir tranquilo pensando en que estamos en el segundo país más feliz de la tierra y ahora para colmos en el primero así digan que este es el tercer mundo y que ahora vamos para el primero por los caprichos del presidente de turno de presentarnos a la OTAN/OCDE para darle contentillo al pueblo y hacerle creer que estamos en un país poderoso económicamente mientras lo que sucede es que cada día estamos más mal y como prueba de ello bastaría pensar en esos catorce mil niños que han muerto en La Guajira por falta de agua y de comida pero a través de los medios nos dicen que no hay que alarmarse porque lo que nos tiene jodidos no es la injusticia ni el despilfarro ni la corrupción sino el fenómeno del niño cuando la verdad es que el problema es el fenómeno de los niños grandes políticos pero también de los pequeños que mueren en Chocó lo mismo que los indios en Cauca o Putumayo y a nadie le importa que la verdadera razón estribe en el desvío del río Ranchería por cuenta del Gobierno y los políticos y sus socios los paracos así como tampoco importa a nadie que el IVA haya subido al diecinueve por ciento porque entretanto la desgracia mediática es que nuestra reina fue miss universo por tres minutos y luego el negro ese que fue puesto a propósito para que dijera que se había equivocado agregara que qué pena la reina es la de Filipinas ese país tropical asiático que no se sabe si ha tenido más desgracias naturales que desgraciados y naturales hijos de la chingada que lo han gobernado casi peor que los políticos a Colombia así que nada ha pasado ciudadanos a guardar compostura y nada de tirarle tomates ni huevos ni limones al negrito que fue puesto a propósito en vez de un blanquito para así confirmar que los de su color son brutos y estúpidos y casi seres humanos cuando para nadie es un secreto que la peor peste es la alta suciedad blanca la misma que ha armado todas las guerras desde un solo país ese en el que muchos aún tienen la pretensión infundada de poder realizar su sueño pero donde como se ve en ese bello filme titulado Nebraska el campo está tan muerto como si se tratara de cualquier Colombia país que ya no necesita descertificación porque mientras tanto sus políticos lo han convertido en un desierto y al mismo tiempo en un campo abonado para la locomotora energético-minera y para los muertos que brotan silvestres de la tierra en cada remoción de escombros como en La Escombrera de Medellín lugar donde está el siniestro record Guinness de la mayor fosa común urbana de la historia de Colombia.


Ver cuentos anteriores:

(1) La desaparición…

(2) El juego del olvido

 


 

lucar

Acerca del autor: Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fábrica de Sueños: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estéreo y U. N. Radio (1990-2004). Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo desde 1984. Colaborador de El Magazín de El Espectador. Colaborador de diversos medios internacionales: Agulha Revista de Cultura, Brasil; Argenpress, Argentina; Fronterad, España; Aurora Boreal, Dinamarca, Milinviernos, Colombia. Corresponsal en Colombia de la Revista Matérika, de Costa Rica. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), editado por la U. Los Libertadores. Espera la publicación de sus libros Ocho minutos y otros cuentos, El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fábrica de Sueños (Ensayos sobre Cine), Músicos del Brasil, La larga primavera de la anarquía – Vida y muerte de Valentina (Novela), La sociedad del control soberano y la biotanatopolítica del imperialismo estadounidense, en coautoría con Luís Eustáquio Soares. Hoy, traductor y coautor, con LES, de ensayos para el portal Rebelión.  E-mail: lucasmusar@yahoo.com


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