Foto por Dominic Bracco II (editada)

 

Relatos ancestrales (2 de 5)

 

La creación*

Era la nada, no había cosa alguna. Allí el Padre palpaba lo imaginario, lo misterioso. No había nada. ¿Qué cosa habría? Naainuema[1], el Padre, en estado de trance, se concentró, buscaba dentro de sí mismo.

¿Qué cosa habría? No había árboles. Rodeado de la nada, el Padre la controló con ayuda de un hilo soñado y de su aliento. En todas partes reinaba el vacío. El Padre examinaba el fondo de ese vacío, pero no había nada. Recitó la oración de la nada, mas todo era vacío.

Ahora el Padre buscaba aquello que es nuestra vida, el comienzo de nuestra historia, pero sólo había un vacío. Intentaba palpar el fondo de la nada, atarlo con ayuda del hilo soñado, pero todo era vacío. En su estado de trance obtuvo las substancias mágicas arebaiki[2] e izeiki[3], con las cuales sujetó el fondo a la nada.

Tomó posesión de la nada, para luego sentarse en aquel plano, que es nuestra tierra, e intentar extenderlo.

Una vez controlada la nada, creó el agua: transformó en agua la saliva de su boca. Luego se sentó en esta parte del universo, que es nuestra tierra, para crear el cielo: tomó una parte de esa tierra y con ella formó el cielo azul y las nubes blancas.

Al pie del cielo, Rafuema[4], el Padre, buscaba y buscaba dentro de sí mismo, y entonces creó la historia de nuestra existencia y los preceptos para nuestra vida sobre la tierra.

A partir de ese momento surgieron la gran selva, muchos árboles y la inmensa tierra. Nacieron los árboles y la palma de cananguche[5] para que nosotros tuviéramos qué beber. Gracias a la saliva del Padre dieron fruto. Todos los árboles y bejucos nacieron en ese instante.

Él mismo creó al grillo. Creó al mico churuco que se alimentaría de las frutas en los árboles, al mico maicero que rompe los frutos silvestres y también al tapir que los recoge del suelo. Creó a los cerdillos y a la guara y al borugo para que comiera las frutas de la selva. Él mismo creó al tintín y a todos los animales.

Del fondo llegó el armadillo a la superficie de la tierra. También creó al armadillo chaquira. Él mismo creó a todos los animales, al lobo de agua que come pescado y a la nutria.

Creó al venado colorado y al venado chonta. Creó a todos los animales. Creó al oso palmero y también envió a la tierra al oso hormiguero amarillo.

Arriba en el aire creó al águila que se come alos micos churucos. Él mismo creó a los pajaritos. Creó al tucán, al loro coronado y a la guacamaya; creó a todas las aves, a la gallineta de monte, al paujil negro y al paujil colorado, al tente y a las chilangas, al chulo y al gavilán pollero.

Él mismo creó al pájaro carpintero y a todos los demás pájaros; al pájaro jokomekai y a la grulla, al chulo, a la golondrina y al patilico, a todos él los creó; al loro churuquero y al loro comejenera, al pájaro jiriko y a la guacamaya azul, al pájaro kuikuyo, a la paloma y a la torcaza, al Zuma y al tuyagi.

Él mismo creó a todas las aves, al gavilán pollero y al martín pescador que sabe comer pescado, al pato acuático y a la garza del monte, al pato y a todas las demás aves, al murciélago y al colibrí, al yivuizi y al jirima, al polluelo y al azulejo.

Él mismo creó, en su saliva, a la rana y al sapo.

La avispa cortó nuestra cola, la cola que la gente en un principio llevaba. Todos teníamos cola. Le cortó la cola a la rana y también a nosotros, que así nos convertimos en seres humanos. Finalmente se cansó de tanto cortar y a partir de ese momento los hombres que aún tenían cola se transformaron en micos churucos.

 


 

[1] ‘El que es la nada’.

[2] Substancia pegajosa.

[3] Izeiki es ‘como humo de tabaco o como un copito de algodón’.

[4] ‘El que enseña las buenas costumbres’, ‘dueño de la palabra’. En los mitos es frecuente que un personaje cambie de nombre de acuerdo con sus diferentes fundones. (N. del T.)

[5] De las frutas de la palma de cananguche se prepara una especie de chicha. Esta es la única bebida hecha por los indígenas; no es fermentada.

 

*Versión de Konrad Theodor Preuss, en Religión y mitología de los uitotos. segunda parte. Bogotá. Universidad Nacional, 1994.


 

Ver relatos anteriores:

(1) La Creación. Mito Kogi

(3) El árbol de piedra y agua. Mito Kofán

(4) La formación de los peces. Mito Bakú

(5) El viaje al más allá. Mito Wayúu

Anuncios