Relatos ancestrales (1 de 5) 

 

La Creación

 

I

 

“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre. Ella era agua y agua por todas partes y ella era río, laguna, quebrada y mar y así ella estaba en todas partes. Así, primero sólo estaba La Madre. Se llamaba Gaulchováng [1].

La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era alúna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria. Así la Madre existió sólo en alúna, en el mundo más abajo, en la última profundidad, sola.

Entonces cuando existió así la Madre, se formaron arriba las tierras, los mundos, hasta arriba donde está hoy nuestro mundo. Eran nueve mundos y se formaron así: primero estaba la Madre y el agua y la noche. No había amanecido aún. La Madre se llamaba entonces Se-ne-nuláng; también existía un Padre que se llamaba Katakéne-ne-nuláng. Ellos tenían un hijo que se llamaba Búnkua-sé. Pero ellos no eran gente, ni nada, ni cosa alguna. Ellos eran alúna. Eran espíritu y pensamiento. Eso fue el primer puesto y el primer estante [2].

Entonces se formó otro mundo más arriba; el segundo mundo. Entonces existía un Padre que era tigre. Pero no era tigre como animal, sino era tigre en alúna.

Entonces se formó otro mundo más arriba, el tercer mundo. Ya empezó a haber gente. Pero no tenían huesos, ni fuerza. Eran como gusanos y lombrices. Nacieron de la Madre.

Entonces se formó el cuarto mundo. Su Madre se llamaba Sáyagaueya-yumang y había otra Madre que se llamaba Disi-se-yun-taná y había un Padre que se llamaba Sai-taná. Este Padre fue el primero que sabía ya cómo iba a ser la gente de nuestro mundo y fue el primero que sabía que iban a tener cuerpo, piernas, brazos y cabezas. Con él estaba la Madre Auine-nuláng.

Entonces se formó otro mundo y en este mundo estaba la Madre Enkuáne-ne-nuláng. Entonces no había casas todavía pero ahora se formó la primera casa, no con palos ni bejucos y paja, sino en alúna, en el espíritu, no más. Entonces ya existía Kashindúkua, Noána-sé y Námaku. Entonces ya había gente pero aún le faltaban las orejas, los ojos y las narices. Sólo tenían pies. Entonces la Madre mandó que hablaran. Fue la primera vez que gente habló pero como no tenían lenguaje todavía, iban y decían: sai-sai-sai, (“noche-noche-noche”). Ya había cinco mundos.

Entonces se formó el sexto mundo, el sexto puesto. Su Madre era Bunkuáne-ne-nuláng; su Padre era Sai-chaká. Ellos ya iban formando un cuerpo entero con brazos, pies y cabeza. Entonces empezó a nacer los Dueños del Mundo. Eran primero dos: el Búnkua-sé Azul y el Búnkua-sé Negro. Sé dividió el mundo en dos partes, en dos lados: el Azul y el Negro, y en cada uno había nueve Búnkua-sé. Los del Lado Izquierdo eran todos azules y los del Lado Derecho eran todos negros.

Entonces se formó e séptimo mundo y su Madre era Ahún-yiká. Entonces el cuerpo aún no tenía sangre pero ahora empezó a formarse sangre. Nacieron más gusanos, sin huesos y sin fuerza. Ya vivió todo lo que iba a vivir luego en nuestro mundo.

Entonces se formó el octavo mundo y su Madre se llamaba Ken-yajé. Su Padre era Ahuínakatana. Entonces nacieron los Padres y dueños del Mundo. Eran treinta seis Padres y Dueños del Mundo; eran cuatro veces nueve Padres y Dueños del Mundo. Así nacieron: Seihukúkui, Seyánkua, Sintána, Kimáku, Kuncha-vitauéya, Aldauhuíku, Akíndue, Jantána y Duesángui. Ellos fueron los primeros nueve Padres del Mundo. Pero cuando se formó este mundo, lo que iba a vivir luego, no estaba aún completo. Pero ya casi. Entonces había aún agua en todos partes. Aún no había amanecido.

Entonces se formó el noveno mundo. Había entonces nueve Búnkua-sé Blancos. Entonces los Padres del Mundo encontraron un árbol grande y en el cielo sobre el mar, sobre el agua, hicieron una casa grande. La hicieron de madera y de paja y de bejuco, bien hecha, grande y fuerte, como una cansamaría grande. A esta casa la llamaban Alnáua [3]. Pero no había tierra aún. Aún no había amanecido.

 

II

 

“Así fue todo eso. Así fue como nació Sintána y Sintána nació así la Madre se arrancó un pelo de debajo de su cuerpo [4] y lo untó con la sangre de su mes. Así formó al primer hombre. Soplando le dio vida. Cuatro veces formó al hombre. Pero el primer hombre estaba sin huesos, el segundo sin cuerpo, el tercero sin fuerza. Pero el cuarto hombre era un hombre como son hoy los hombres”.

Así fue todo eso. Así nació. Primero nació el dedo grande de su pie, luego su pie, luego su pantorrilla, luego su rodilla, luego su muslo, luego el tronco, los brazos y por fin la cabeza. Pero no tenía lengua aún y no podía hablar. Entonces la Madre le formó la lengua. Así nació el primer hombre. La Madre lo bautizó y lo llamó Sintána.

En medio del mar había una casa pequeña. Se llamaba Nyídulúma “Espuma de Agua” [5]. En esta casa nació Sintána. Sintána nació en el mar. Nació en la Casa de Espuma, en la oscuridad, en el agua. Tenía miedo nacer. No había tierra aún, ni gente, ni animales, ni plantas, ni comida. No había sol ni luna. Todo estaba oscuro.

Cuando nació Sintána la madre no tenía marido era un bastón de madera y con éste ella se hacía la cosa [6]. Un día la Madre resultó gorda [7] y nueve meses después parió nueve hijos. Así nacieron los Padres y Dueños del Mundo, de la Madre. Así nacieron Sintána, Seihukúkui, Seyánkua, Kímaku, Kunchavitauéya, Aldauhuíku, Jantána y Duesángui [8].

La Madre parecía entonces como un hombre. Tenía barba y bigote y llevaba mochilas y poporo, como los hombres. Ella ordenó a sus hijos a hacer oficios de mujer como traer agua, cocinar y lavar ropa. Eso no estaba bien. Así los hijos no la respetaban. Se burlaban de ella. Pero un día, la Madre entregó sus poporos y sus mochilas a sus hijos y también bigote y barba. Se puso a traer agua ella misma, a cocinar y a lavar ropa. Así estaba bien. Así sus hijos la respetaban.

Entonces aún no había mujeres. Los hijos de la madre no tenían mujeres y cada uno estaba casado con una cosa: el uno con la olla, el otro con el telar, el otro con la piedra de moler. Ellos no sabían que era mujer. Molían tierra [9] y pensaban que era mujer.

Entonces después de nueve meses, la Madre parió otra vez. Así fue todo eso. Sintána cogió el palito de su poporo y puso en el ombligo de la Madre un pelo, una uña de ella y una piedra chiquita, llamada Kággaba-kuítsi y empujando con el palito de poporo los hizo entrar en el cuerpo de la Madre. Así la Madre parió nueve hijas. Así nacieron Nabobá, Séi-nake, Hul-dáke, Shivaldungáxa, Nunkalyi, Nábia, Lumíntia, Hélbyel-dake y Kalbexa. Así la Madre tuvo nueve hijas, las nueve tierras. Así nació la Tierra Blanca, la Tierra Roja, la Tierra Amarilla, la Tierra Azul, la Tierra Arenosa, la Tierra Quemada, la Tierra como Ceniza, la Tierra Rocosa y la Tierra Negra.

Cuando nacieron los padres del mundo, ellos empezaron a sacar la tierra. Empujaron el mar más allá e hicieron zanjas para secar el piso y canoas para navegar por el agua. La Madre bebió la mitas del mar. Montañas se formaban de la tierra y el agua se retiró.

Cuando los Padres del Mudo hicieron la casa en el cielo, se reunieron y bailaron y cantaron y decidieron hacer la tierra. Sintána dijo a la Madre: “Madre, dame mujer; dame una de tus hijas como mujer”. Entonces la Madre le dio la Tierra Blanca era como ceniza y no servía. Entonces Sintána pidió otra vez y la Madre le dio la Tierra Quemada. Pero ésta tampoco servía y era seca y dura. Entonces Sintána pidió otra tierra y la Madre le dio la Tierra Azul. Pero esta tierra era como almidón tampoco servía. Sintána pidió otra vez y la Madre le dio la Tierra Arenosa, pero ella era como la orilla del mar y no servía tampoco. Entonces Sintána pidió de nuevo otra tierra y la Madre le dio la Tierra Amarilla. Pero ésta tierra era como barro para hacer ollas y tampoco servía. Sintána dijo: “Madre, dame buenas tierras, dame una de tus hijas”. Pero la Madre dijo: “no tengo más hijas”. Pero no era verdad. Detrás de siete puertas, en el último cuarto de siete cuartos, estaba la Tierra Negra encerrada [10]. Era la mejor, la más bonita, era buena tierra de siembra. Seyánkua se puso a bailar para que le dieran otra tierra nueva; Sintána pidió otra tierra nueva. Pero la Madre dijo: “No tengo más hijas”.

Entonces los nueve Padres del Mundo se pusieron a adivinar y vieron que la Madre tenía todavía la Tierra Negra encerrada detrás de siete puertas. También adivinaron que Sintána podía sacarla. Entonces los Padres se pararon en las cuatro esquinas del mundo, en su casa en el cielo, y Sintána se paró en la mitad y empezó a bailar. Los Kúrcha tocaron trompeta. Entonces Sintána empezó a cantar. “inda-u-o, ahora voy a tener aquí mi cansamaría”. Así cantó. Cuando canto así la Tierra Negra se levantó cuando oyó el canto. Sintána cantó para llamarla: “Ahía-hé-hé-hé”. Cuando Sintána cantó así, La Tierra Negra salió. Sintána la cogió, se fueron.

Cuando la Madre se dio cuenta de que se fue la Tierra Negra, se fue a quejarse donde Jalyintána. Jalyintána mandó su Cabo [11] para perseguir a los dos. El Cabo era el lagarto. Subió a una loma y se puso las manos en las caderas y cantó: “heye-hé-hé-hé”. Pero Sintána y la Tierra Negra ya están lejos.+

Así Sintána se fue con Sei-nake, la hija más joven de la Madre. En todas partes donde pisaba ella, se formaba tierra negra. Pero la misma Madre denunció a su hijo pero también tenía lástima de él. Así la Madre dio a Sintána un mapa de la tierra para que no se perdiera. Cada vez cuando venía el Cabo de Jalyintána por un camino, Sintána iba por otro camino. Así la Madre lo denunció pero al mismo tiempo lo defendió. Se fue donde Búnkua-sé y dijo: “¿Qué hago para que no cojan a mi hijo?” entonces Búnkua-sé dio a Sintána otro mapa más grande para que no se perdiera. Pero el Cabo de Jalyintána iba buscando en todas partes y por fin casi cogió a Sintána. Entonces Sejánkua fue corriendo y metió a Sintána en su poporo y se lo puso en la mochila. Entonces vino el Cabo y dijo: “tú has visto a Sintána”; “No lo vi”, dijo Sejánkua. “¿No lo tienes allí en tu mochila?”, preguntó el Cabo. “No, no lo tengo”, contestó Sejánkua. Entonces Jalyintána se puso adivinar y adivinó que Sejánkua lo tenía en su poporo. Búnkua-sé supo de esto y fue a avisar a Sejánkua y dijo: “Sácalo de tu poporo y ponlo en la mitad de tu pecho, en tu corazón”. Así hizo Sejánkua y así salvaron de nuevo a Sintána.

Entonces Kuncha-vitauéya se fue también y dijo que iba a buscar a Sintána. Así todos los Padres trabajaron y lucharon para salvar a Sintána y a la Tierra Negra. Fue una lucha muy grande. Otra vez los Padres encontraron al Cabo de Jalyintána y éste pregunto por Sintána. “Por allá lo vimos” dijeron los Padres. El Cabo se fue pero no encontró nada. Entonces también Kashindúkua, Noána-sé y Gaul-jabéin dijeron que iban a buscar a Sintána. En estos tiempos la tierra no estaba dura aún y era como barro y se movía donde uno pisaba. Ellos hicieron todo eso para endurecer la tierra.

Ya iban muchos buscando a Sintána y Sei-nake. Seihukúkui iba adelante y cantó pero no tenía lenguaje aún, cantó en otra lengua. Sejánkua iba atrás y en medio iba Sintána. Kuncha-vitauéya iba solo, tocando corneta. Así iban hasta que llegaron al Fin del Mundo. Kuncha-vitauéya hizo una canoa y todos se embarcaron. Entonces vino el Cabo de Jalyintána y preguntó: “¿Es éste Sintána?” pero los otros dijeron: “No, éste no es”. Por fin salieron y entonces la canoa se volvió el Padre de las enfermedades. Por eso cuando uno está enfermo, uno se siente como mareado en canoa. Entonces, cuando los Padres salieron de nuevo a la tierra dijeron: “¿Cómo vamos a llamar este lugar?” y lo llamaron Sangaradó. Y todos dijeron: “Eso será el Padre de las Enfermedades”. Entonces se fueron de nuevo. Kuncha-vitauéya cogió su corneta azul y se fue tocando. Por fin los padres llegaron con Sintána a donde estaba la Mare. La saludaron. “¿Adónde está mi hijo?” preguntaba la Madre. “Aquí está”, dijeron. Sintána dijo: “Madre, tuve mucho miedo. Casi me cogieron y casi me perdí”. Entonces dijo la madre: “No te afanes, mi hijo. Siempre te voy a salvar. Nunca tengas miedo”. Los demás estaban parados con los brazos cruzados y oyeron todo. Entonces Sintána empezó a llorar. Fue la primera vez que la gente lloro.

“Se preguntan dónde fue todo eso, dígales que fue debajo de este cielo. Si preguntaban por qué cantaron, dígales que fue para que nuestros hermanos tuvieran buenas tierras. Si preguntan cómo fue todo eso, dígales que fue para que todos seamos hermanos y para que cada uno haga lo que le dé la gana”.

 

III

 

“Cuando nacieron así todos los Padres del Mundo, nació como última una mujer. Se llamaba Se-káiji. Era la primera mujer del mundo. Ella se hacía la cosa [12] y parió una hija que se llamaba Nabobá. Ella era una mala. Cuando había creciendo ella estuvo gorda y parió culebras y gusanos que se volvieron lagunas. Nabobá es la Madre de las lagunas del Páramo. Así Sintána sabía que ella era mala”.

Entonces Sintána cogió unas piedras chiquitas (kaggaba-kuítsi) y cuando Nabobá estaba dormida, puso las piedras en el ombligo de la mujer y con el palito de poporos se las hizo entrar en el cuerpo. Cundo Nabobá sé despertó se sintió encinta. La barriga le dolió mucho. Se iba sobando la barriga por el dolor tan fuerte y pensó: “¿Qué he comido ya para estar así?”. Después de siete meses la barriga la había crecido mucho. Después de nueve meses Sintána ya sabía que iba a partir pronto. Entonces Sintána fue donde estaba Nabobá y le quitó el sentido y la dejo privada. Así parió una niña. Sintána cogió la niña y la puso enseguida en un baúl chiquito de madera y que enterró en el centro de la cansamaría. Cuando Nabobá se despertó buscó su niña. Con su lengua larga se iba lamiendo la cosa [13] y pensó: “¿Qué sería de mi niña?”. Entonces le salió bósa y Nabobá la comió [14].

“Desde entonces ya rindió [15]. Sintána con las piedritas hizo que Nabobá pariera niñas y niñas y así nacieron las primeras mujeres. La primera que nació se llamaba Haba Auitsáma. Cuando Auitsáma tuvo por primera vez el mes [16] y cuando Kímaku ya recibió su poporo [17], Sintána hizo que ellos se casaran. Al mismo tiempo Auitsáma se casó también con Hátei Saldáuí, el quinto Máma Bueno y luego ella tuvo una hija que se llamaba Aldauitsáma. De este matrimonio de Kímaku y Auitsáma viene el Kurcha-Túxe”.

 

IV

 

“Entonces, cuando los Padres del Mundo vivían así, nacieron los diez Mámas buenos y los diez Mámas Malos”. Cada uno nació junto con sus vasallos y así tenían grandes ejércitos y

Napíta luchó contra Kuncha-vitauéya.

Kurcáui contra Sáugelda.

Hibíxa contra Djibúndjija.

Kabéxa contra Kuishbángui Táshi.

Saldáui contra Jalyintána.

Shivoláta contra Jantána.

Huldakáxe contra Kassaúgi.

Matúna contra Sangaraména.

Sachí contra Monsauí.

Nurlíta contra Sekuishbúchi [18].

 

V

 

“Así fue como se formó el mundo. Como nació Sintána; como consiguió la Tierra Negra y como nacieron los Buenos y los Malos Mámas”. Pero no había comida todavía. Sólo había gente, hombres y mujeres. Entonces Nyíueldue tomó una mujer y un hombre y con ellos hizo comida. Tomó la mujer y de su anilla hizo la yuca, de su muslo el ñame, de sus brazos otra clase de ñame, de sus manos otra clase de yuca, de sus riñones la batata, de sus intestinos los frijoles, de su talón la papa, del dedo de su pie la malanga, de sus ojos el árbol totumo, de su saliva el algodón, de su pelo la coca, de sus senos la totuma, de su cabeza el ñame de cabeza y de su vagina una fruta que ya no hay. Entonces tomó al hombre y de él hizo el maíz. De sus tejáua [19] hizo el ñame de bejuco. Entonces cogió los corazones de ambos y de ellos hizo gente. Así Nyíueldue hizo la comida y todos comieron y sembraron las semillas.

Entonces, como todavía no había agua dulce en la tierra, la Madre mandó bajar a Satuviá hizo las lagunas en el Páramo y de las lagunas hizo nacer ríos que bajaban al mar. Así había agua para beber. Entonces la Madre mandó a Jalyintána para que se hiciera cargo del mar. Entonces la Madre mandó a Kassaúgi a la tierra y Kassaúgi hizo todos los árboles.

Entonces vino Auitsáma, la Madre de las Culebras. Ella vivía en el monte y se iba a todas las lagunas y allá dejaba culebras que nacían de su cuerpo. Así nacieron diez y ocho clases de culebras. Pero un Mama recogió las culebras y las puso en una olla grande y las puso en el fogón para matarlas. Todas murieron, pero cuatro culebras se fueron y de ellas vienen todas las culebras que hay. Por eso hay cuatro pares de las culebras: Aldauhuíku, Aldu-kúkui, Aldáui-kúkui y Shiváldo-kukui.

 

 


 

[1] Sobre el nombre de la primera Madre difieren los informadores. El nombre más usado es el de Gaulchováng pero también se menciona frecuentemente el nombre de Kasúmma. Una versión dice: “La primera madre se llamaba Se-yubáng o Hába Se (Madre Pene). Su marido era Nimatái-yubáng. Tenían dos hijas: Té-yubáng y Malká-yubang. Nabobá vino después, cuando ya habían llegado los civilizados; después del amanecer. Su hija era Uldugihué. Hába Nabobá (o Nabubá) es la madre de la Madre de la Vagina”. “Ella enseñó a los hombres a cohabitar”. Otro nombre de la Madre es Seibaxedeguaká.

[2] La palabra “estante” la emplean los Cogí en un sentido de “fase” dentro de una suc esión.

[3] Cf. Alúna.

[4] Pelo púbico

[5] También llamada Arhuínese

[6] Masturbación

[7] Embarazada

[8] Cf. Infra, Jantána

[9] Mastubación

[10] Nació de siete meses

[11] Hánkua-kúkui

[12] Masturbación

[13] Vagina

[14] Placenta

[15] La palabra rendir la emplean para expresar alta fertilidad

[16] Menstruación

[17] Recibir el poporo significa la iniciación

[18] Cf. Infra. Los nombres de estos Mámas figuran en varios de los mitos

[19] Testículo

 

*Los kogi son un pueblo amerindio de Colombia.

*Versión de Gerardo Reichel-Dolmatoff. Bogotá: Procultura 1985.


 

Ver próximos relatos:

(2) La creación. Mito Uitoto

(3) El árbol de piedra y agua. Mito Kofán

(4) La formación de los peces. Mito Bakú

(5) El viaje al más allá. Mito Wayúu

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