(Cuba, Camaguaey 1902 – La Habana 1989). En tres direcciones, y en todas ellas con innegable maestría se ha movido la obra de Nicolás Guillén: la de la poesía negra (que él prefiere llamar “mulata”), la de la poesía social y la neopopularista de raíz folklórica, limpia ya de un definido color racial. (Tomado del libro: Antología de la poesía hispanoamericana contemporanea)

 

Cuatro poemas de Nicolás Guillén

 

Llegada

 

¡Aquí estamos!

La palabra nos viene húmeda de los bosques,

y un sol enérgico nos amanece entre las venas.

El puño es fuerte, y tiene el remo.

 

En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes,

y el grito se nos sale como una gota de oro virgen.

Nuestro pie,

duro y ancho,

aplasta el polvo en los caminos abandonados

y estrechos para nuestras filas.

Sabemos donde nacen las aguas,

y las amamos porque empujaron nuestras canoas bajo los cielos rojos.

Nuestro canto

es como un músculo bajo la piel del alma,

nuestro sencillo canto.

 

Tenemos el humo en la mañana,

y el fuego sobre la noche,

y el cuchillo, como un duro pedazo de luna,

apto para las pieles bárbaras;

traemos los caimanes en el fango,

y el arco que dispara nuestras ansias,

y el cinturón del trópico,

y el espíritu limpio.

 

¡Eh, compañeros, aquí estamos!

La ciudad nos espera con sus palacios, tenues

como panales de abejas silvestres;

sus calles están secas como los ríos cuando no llueve en la montaña,

y sus casas nos miran con sus ojos pávidos de las ventanas.

Los hombres antiguos nos darán leche y miel,

y nos coronarán de hojas verdes.

 

¡Eh, compañeros, aquí estamos!

Bajo el sol,

nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos de los vencidos,

y en la noche, mientras los astros ardan en la punta de nuestras llamas,

nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros.

 

*

 

No sé por qué piensas tú…

 

No sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo,

si somos la misma cosa

yo,

tú.

 

Tú eres pobre, lo soy yo;

soy de abajo, lo eres tú;

¿de dónde has sacado tú,

soldado, que te odio yo?

 

Me duele que a veces tú

te olvides de quién soy yo;

caramba, si yo soy tú,

lo mismo que tú eres yo.

 

Pero no por eso yo

he de malquererte, tú;

si somos la misma cosa,

yo,

tú,

no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo.

 

Ya nos veremos yo y tú,

juntos en la misma calle,

hombro con hombro, tú y yo,

sin odios ni yo ni tú,

pero sabiendo tú y yo,

a dónde vamos yo y tú…

¡no sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo!

 

*

 

Son número 6

 

Yoruba soy, lloro en yoruba

lucumí.

Como soy un yoruba de Cuba,

quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba,

que suba el alegre llanto yoruba

que sale de mí.

 

Yoruba soy,

cantando voy,

llorando estoy,

y cuando no soy yoruba,

soy congo, mandinga, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que empieza así:

 

Adivinanza

de la esperanza:

lo mío es tuyo,

lo tuyo es mío;

toda la sangre

formando un río.

 

La ceiba ceiba con su penacho;

el padre padre con su muchacho;

la jicotea en su carapacho.

¡Que rompa el son caliente,

y que lo baile la gente,

pecho con pecho,

vaso con vaso

y agua con agua con aguardiente!

Yoruba soy, soy lucumí,

mandinga, congo, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que sigue así:

 

Estamos juntos desde muy lejos,

jóvenes, viejos,

negros y blancos, todo mezclado;

uno mandando y otro mandado,

todo mezclado;

San Berenito y otro mandado

todo mezclado;

negros y blancos desde muy lejos,

todo mezclado;

Santa María y uno mandado,

todo mezclado;

todo mezclado, Santa María,

San Berenito, todo mezclado,

todo mezclado, San Berenito,

San Berenito, Santa María,

Santa María, San Berenito,

¡todo mezclado!

 

Yoruba soy, soy lucumí,

mandinga, congo, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:

 

Salga el mulato,

suelte el zapato,

díganle al blanco que no se va…

 

De aquí no hay nadie que se separe;

mire y no pare,

oiga y no pare,

beba y no pare,

coma y no pare,

viva y no pare,

¡que el son de todos no va a parar!

 

*

 

Iba yo por un camino

 

ba yo por un camino cuando con la muerte di.

 

-¡Amigo!- gritó la muerte,

Pero no le respondí,

Pero no le respondí;

Miré no más a la Muerte,

Pero no le respondí.

 

Llevaba yo un lirio blanco,

Cuando con la Muerte di.

Me pidió el lirio la muerte,

Pero no le respondí,

Pero no le respondí;

Miré no más a la Muerte,

Pero no le respondí.

 

Ay, Muerte,

Si otra vez volviera a verte,

Iba a platicar contigo como un amigo;

Mi lirio, sobre tu pecho,

Como un amigo;

Mi beso, sobre tu mano,

Como un amigo;

Yo, detenido y sonriente,

Como un amigo.

 


 

Acerca del autor: Nicolás Cristóbal Guillén Batista fue un poeta, periodista y activista político cubano. Guillén reivindica la cultura negra dentro de los procesos de mestizaje y transculturación, en lo que denominó el … Wikipedia

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