Lectura del poeta Ali Al Hazmi en el 26º Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Video por Desorbita

Ali Al Hazmi nació en Damd, sur de Arabia Saudita, en 1970. Obtuvo licenciatura en lengua y literatura árabe de la facultad de lengua árabe de la universidad de Om Alkora, 1992. Empezó a publicar sus primeros poemas en revistas y periódicos locales e internacionales como El día séptimo (París), Creación (El Cairo), Nazoa (Amman) y El Nuevo texto. Ha participado en numerosos recitales de poesía dentro y fuera de Arabia Saudita y en numerosos encuentros y festivales de poesía árabe.

Ha publicado los libros de poesía: Portal del cuerpo, 1993; La pérdida, 2000; La gacela bebe su imagen, 2004; Seguro al borde, 2009; Antología poética (CD), 2010; y Árbol de la Ausencia, 2016. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y español.(http://www.festivaldepoesiademedellin.org)


 

Tres poemas de Ali Al Hazim

 

 

Llévame a mi cuerpo

 

 

Una mujer dijo al viajero:

llévame al mar,

allí nací sobre la pasión de las olas,

el viento me llevaba en un viaje

de cuyo recuerdo no queda más que la nostalgia

que prolifera en el desierto de mi alma,

mi necesidad de una mínima suerte,

ya no me salva con más paciencia

para revolver las brasas de mi larga espera.

 

Dice el joven a la amante que esconde sus dedos

debajo de los botones de su chaqueta:

deja mi deseo en tu mar,

flota ligeramente sobre la hoja del agua,

el mar no desaprovecha la oportunidad

de huir con un arco de ternura

que habíamos tejido juntos en noches alegres.

 

Abrázame largamente

para mecer nuestro ardor en la espera de la esperanza,

deja apagada mi vela en mi ausencia

ilumina la oscuridad de esta noche

con el anhelo de los amantes,

él sabía que llovería de nuevo

en sus manos… y no había esperado.

 

Tengo miedo del mar…

Como yo, ¿tienes miedo del mar?

Y el mar es la flauta de la naturaleza,

el llano de la existencia.

 

Le temo al mar, de una orilla

que se desgasta debajo de sus pies

en todas las estaciones.

Nos cansaremos, te lo dije ayer:

Llévame a mi cuerpo… para descansar.

Nos cansaremos, si llueve en las costas

su sed anhelante y silenciosa,

nos cansaremos si la distancia nos atrapa

con sus vallas metálicas de aburrimiento,

cuando el sueño estaría más lejos

de un racimo de uvas en la mano.

 

Marineros preguntan por el mar.

Cómo pueden regresar a su sal,

tantos años,

¿les queda en sus aguas

más que el brillo de las algas y la amargura del cansancio?

 

Tierras lejanas que resquebrajan sus búsquedas

con las paletas rotas de sus deseos

ya no miran los incendios en las pupilas

cada vez que les preguntan sobre el viento:

¿Por qué razón dirigían sus timones hacia la angustia?

 

Pierden los que se dirigen hacia el mar

todas las perlas enteras de sus almas,

al abandonar los soles de sus regocijos

en los párpados de sus queridos…

El dominio de la sal se hace cruel

al pájaro frívolo del alma

cuando supera la costa

respondiendo a la bandada de seguridad

que asoma ligeramente sobre el cuerpo del agua.

 

De Seguro al borde,

Traducción de Abeer Abd El Hafez

 

*

 

La seda se casa consigo misma

 

 

En la noche de un otoño,

ungidos con jazmines, higos y canciones,

borran los recuerdos

las flores secas de las palabras

en el patio de la casa…

meciendo las sutiles plumas de la pasión.

 

Los años saturados de muchas mujeres,

que prendían fuegos en tu noche serena,

ya te abandonaron.

No miraron atrás para saludar de nuevo

al eco en tu lejanía.

Aquí estás solo sin alternativas,

huyes donde el sueño

con párpados hinchados del vacío.

No más dedos blancos

que acarician tu cabello cálido

por el desborde de su deseo de mármol,

nada de racimos de un labio

cuyo jugo es la pasión,

cuyas viñas en los vasos,

nada de doncellas

cuyos cuerpos se arrogan

de suma pasión en tu lecho.

Volverás a tu angustia como los vencidos

que perdieron la edad, el amor, y los amigos.

 

La muchacha con que te encontraste

en la primavera de tu pasión,

del esplendor de cuyas corolas

brotó una flor en tus manos,

te quería más que su alma,

te quería sin pensar en la negritud de tu piel,

en el desengaño de tus ojos

cuando contempla el silencio desde muy lejos,

te eligió de numerosos muchachos

que la cortejaron en muchas noches… y no lo advertiste.

 

Acaso el afecto no había tenido

un rito singular en aquellos tiempos.

El encuentro de los dos amantes

fue como el viento perfumado

por un deseo que abraza el eco.

Quienes te querían en estos tiempos

bastaban para ahogar tus ojos

en una neblina de pura pasión

tú… no te lo advertiste.

 

No eras fascinante

para atraparla de una sola mirada

no eras ingenioso en improvisar

un diálogo de amor frívolo

para cautivar a su oveja extraviada.

No tenías una gran imaginación

para enriquecer las manos del área

con su compañía,

sin embargo, ella siempre te quería

sin clara raíz de preguntas de cercanos,

de su mismo secreto se cayó adrede

en tus redes, sin advertirse.

 

La muchacha con adornos exagerados

te encontró a la orilla del río,

adornó su cuerpo con cadenas de plata,

para abrazarte,

embelleció sus trenzas con cintas rojas

que sirven al amor más que nada.

No podía revelar con rapidez,

algunas chifladas ilusiones,

cuando grabó letras de tu nombre

al lado de su ombligo

en una belleza abundante.

 

La muchacha que no comparte el sueño con sus hermanos

pasa la noche pensando en ti,

y en un caballo blanco

que se acercará de ramo de su balconcillo,

en una tarde cercana,

ni tú has venido,

ni ha asomado una sombra ciega de este caballo.

 

La muchacha que bailaba,

con una madera inclinada

en tu ausencia,

permanecía cantando tu noche.

Un paño alegre de melodías,

no se percató de vasos de vino

contemplando un labio

en cuyo seno proliferan fases de sed.

 

La muchacha que fracasa la noche

en entender su deseo,

en abrazar la seda de su almohada,

se derramaron las fuentes de su angustia,

en corales que asoman donde estás,

y no te diste cuenta

 

Cada vez que lanza la flecha de su afán

hacia la neblina de un sueño anhelado,

no afligió más que el extraño de las pupilas,

en la fractura de los espejos.

 

Tú percibías que el tiempo pasaba,

y ya no eres lo que fuiste

en la primavera de la edad.

En su presencia hoy,

no podrás subir a la cima,

para alcanzar la muwashaha* de su pasión en la tarde,

ya no puedes combatir el caballo de su feminidad,

lo perderás, sin duda alguna, al umbral de la noche,

cuando se desborda el horizonte de los ojos,

contemplas el flujo de su calor y sigues con sed.

 

Sabías lo que hacía la edad

en un cuerpo agotado de seducciones

y el aburrimiento imposible.

 

La muchacha a la que ya no

debes un nuevo perdón…

Te quería más que su alma,

te quería a ti,

y tú, eres quien no se recuerda

del fuego de su biografía

más que esta ligera ceniza

 

 

* Poema andalusí.

 

De Seguro al borde,

Traducción de Abeer Abd El Hafez

 

·

 

Mi voz me guiaba para alcanzarte

 

 

El viaje de las palomas a tu ausencia,

no bastaba para restaurar el espacio entre nosotros,

es suficiente para tocar mi cuadro en tu lejanía,

un ocaso alegre para contemplar,

en el espacio del universo en tus ojos.

¿Cuál es el sentido de tu vida en la nada?

que heredaba del rocío árboles,

árboles que arrastran las venas de tu sueño

en las manos de la arena?

¿Cuál es el sentido de recorrer la tierra

sin establecer las fronteras del alma,

nutriéndose de las neblinas del alba sonámbula

sobre hojas de palmeras que cantan?

 

Estoy caminando hacia tu ausencia,

el recuerdo florece en los umbrales,

me seduce grabando mi nombre y tu nombre,

en el ala del viento,

en el labio del espejismo,

para recuperar preguntas del espacio,

que asoman en el encanto del horizonte.

 

Estoy caminando hacia tu ausencia,

tu voz me guiaba para alcanzarte,

huellas de la muwashaha de la angustia,

que le cansaron.

No me esperaba fuera de las palabras,

para protegerme de mi pasión

en corales que asoman donde estás,

y no te diste cuenta

de una cúpula anhelante,

que abusa de abrazar a la ausencia.

 

Tú y yo, una semejanza en un sentido

y su antónimo lejano,

apenas nos reúne una confusión,

de renunciar al anhelo del eco.

Intentaba escuchar tu voz,

cuando salía de la capa de su orgullo,

cuando se extendía de un ramo

preguntando sobre la pradera

de nuestro fin en la vía del cielo.

¿Eres tú quien se cayó por inadvertencia en mi órbita?

Sin que yo cuidara el cambio del horario,

entre el nacimiento de la súplica

y la muerte de mis delicias.

 

¿Viviría yo contigo de nuevo mientras estés en el pasado?

Narrando a la gacela algunos alegres recuerdos,

sin huellas de tu presencia en mi sangre.

 

¿Qué es lo que queda de la plata del pasado lejano?

Si prestamos sus pulsos,

para pasear en el resto del cuento,

sin pensar en la salvación del alma de su vanidad.

 

¿Qué quedaría de ti y de mí?

De los tesoros de la primera pasión,

si no encontramos y hallamos más que el espacio.

 

De Seguro al borde,

Traducción de Abeer Abd El Hafez

 


 

*Poemas tomado de Festival Internacional de Poesía de Medellín

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