por Desorbita

Vernos tras el pasado en la desnudes cruenta de la historia. Ver que éste pasado sombrío se refleja a lo largo del tiempo hasta nuestros días, como si el implacable destino nos condujese al exterminio. Ver esto, vernos, es tan repulsivo como necesario.

“Los mecanismos de control y represión del poder, la usurpación del cuerpo y de la vida”, han marcado nuestra historia. Aprender a liberarse de ellos es cuestión de desacato, de desobediencia, en sí, de aprender a rebelarse a través de la creación.

Éste es el mensaje que nos trajo la propuesta El territorio del poder. Con la lectura dramatizada de textos basados en la obra de Michel Foucault, la magistral interpretación del piano, arreglos musicales y proyección de cine, se dio paso a ésta multiforme y lucida función en la ciudad de Medellín.

Teatro, música y cine son “elementos que se van entretejiendo en tiempo real”, afirma el músico Fernando Tarrés, quien en compañía del reconocido actor Leonardo Sbaraglia y la pianista Marcela Roggeri son los responsables de ésta obra presentada en el Teatro Pablo Tobón Uribe, en el marco del Hay Festival.

“Los textos invitan justamente a pensar sobre la idea de todos los mecanismos del poder sobre el cuerpo humano[…], y como estos no se limitan a las esferas de la política, economía y religión; Sino que invaden todo: tiñen las pequeñas actitudes cotidianas y modifica nuestras vidas continuamente”. Por su parte, concluye Tarrés, “a pesar de ser una obra que ahonda sobre aspectos oscuros del hombre, yo lo siento como un canto esperanzado, donde el individuo que esta en el centro del escenario, sigue creyendo en el hombre, y sigue apelando a la búsqueda, dentro nuestro, de un espacio, para una vida más humana”.

Este “vestigio de esperanza” en el ser humano, el anhelo para librarse de la opresión del poder, sólo será posible con la desobediencia. Porque “las personas libres son aquellas que aprenden a revelarse”, son aquellas que están, ante todo, en una búsqueda y creación continua.

 

 

Video: Un fragmento de una escena en donde Sbaraglia encarna al psiquiatra que inventó, en Italia en 1939, el tratamiento por electroshock. Después de haberlo ensayado con animales, el turno es ahora para los humanos.

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